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La vida después

por Julio César Durán

 

Una pérdida familiar. Tras el momento de tensión y  cambio de una figura de autoridad —en este caso el de un patriarca—, la familia conformada por los pequeños Samuel y Rodrigo, al lado de su madre (María Renée Prudencio), tiene que vérselas con un proceso de descomposición que será todo un caos contenido. La madre queda desolada, se le ha cortado un elemento vital, una sociedad queda sin guías; Samuel y Rodrigo, por su parte, son los receptores de la ausencia y cada uno vive y desarrolla el duelo de manera particular.

El hijo menor (Americo Hollander) lidia de manera más natural, aunque también de forma más evasiva que su madre (quien se regodea en el dolor) y que su hermano mayor, Rodrigo (Rodrigo Azuela), el cual lleno de miedo se avienta de lleno al muro de contención emocional para estallarse y también para nunca olvidar que la vida es dura y no más, tanto que no soporta las evasiones de los otros miembros de su familia.

Parece que la pérdida del abuelo en esta cuna sin padre (dentro de una sociedad en la que el concepto de familia se abre cada vez más y más), dentro del norteño estado de Sonora, es una apuesta artística que quiere preguntarse por las consecuencias de los actos y las vicisitudes del día a día. ¿Qué pasa después de..? ¿Cuál es la vida después? ¿Qué hay tras la ausencia y la ida?

En estilo road movie, La vida después (2013), película del joven egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), David Pablos, parte de las mencionadas reflexiones para poner sobre la mesa otra ausencia. La madre, ya con sus vástagos llegando a la mayoría de edad, no soporta más la enfermedad (parece que emocional) y huye de la casa ante la sorpresa de los jóvenes. Ante esto los hermanos emprenderán, obviamente en medio de conflictos, la búsqueda, puebleando hasta llegar a Cananea. Siguiendo rastros difusos, perdiendo cosas en el camino, tratando de entenderse y entender los giros que la vida tendrá para ellos, el filme camina con ellos.

La vida después es una bien manufacturada película del joven cine mexicano, ese que cada vez más se muestra maduro en cuanto a la técnica fílmica. Justamente ahí es donde, a pesar de todo, pudiera radicar la parte débil del filme: se nota mucha forma, más que contenido. El cine mexicano ha entrado en una madurez creativa y formal, al menos el que parece pretender el desarrollo de una industria y nuevas formas de contarse y hacerse. El cine hecho en México (y de manera excelente lo ha demostrado el CCC) tiene una calidad bastante considerable, no es posible ponerle peros a su producción ni a sus logros formales, es el caso del filme de David Pablos.

No obstante, en muchas ocasiones es complicado encontrar lo que hay bajo esa fina   forma. La película de David Pablos no es en ningún momento una mala pieza de séptimo arte, sin embargo llega a experimentarse con ciertas dudas. La dirección de actores está muy bien realizada, todos los personajes, desde los Samuel y Rodrigo en versión infantil, hasta los incidentales, están bien delineados, se muestran verosímiles y crean empatía. El curso que va siguiendo el guión también está bien armado, sin más. La fotografía es preciosa, y aunque a momentos cae en el cliché de regodearse en el polvo a contraluz por las ventanas, es una labor digna de notar con una bien elegida paleta de colores. La cámara está bien emplazada en su lugar y el cuadro apretado que asfixia cuando tiene que hacerlo. De igual manera el diseño de producción es bastante disfrutable.

Con todos estos logros artísticos, La vida después me aparece como una gran película a la que le hace falta mucho qué decir. El resultado final transmite un viaje, a ratos vacío, causado por las pérdidas que los personajes sufren sin irse más allá, al menos sin llegar hasta donde la manera de filmar propone; se siente como si el argumento pudiera haberse explotado más.

El primer filme de Pablos es una muestra bastante buena de las capacidades de nuestra producción joven y de las escuelas mexicanas de cine, así como del estado de salud de la cinematografía nacional, la cual sigue explorando en búsqueda de sí misma, al igual que los protagonistas de ésta obra.

 

13.04.14



Julio César Durán


@Jools_Duran
Filósofo, esteta, investigador e intento de cineasta. Después de estudiar filosofía y cine, y vagar de manera "ilegal" por el mundo, decide regresar a México-Tenochtitlan (su ciudad natal), para ofrecer sus servicios en las....ver perfil
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