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12 Horas Para Sobrevivir

El fracaso de la distopía

por Enrique Ángel González Cuevas

 

Apenas un año después de que James Demonaco, escritor y director de La noche de la expiación (The Purge, 2013), nos dejara con un leve sabor a decepción en la boca con dicha película, el cineasta realiza una secuela y vuelve a hacernos lo mismo. No es que la película sea la misma gata revolcada, al contrario, se trata del mismo universo ficticio pero redimensionado y enriquecido en múltiples aspectos. La repetición está en esa incomoda sensación de que Demonaco tenía elementos para conseguir, si no una gran película, sí contarnos una buena historia, y nada más no lo hizo.

Primero que nada, 12 horas para sobrevivir (The Purge: Anarchy, 2014) tenía el mundo idóneo para desarrollar una gran narración, el argumento básico de la película: todo es legal por 12 horas cada año. Amén de sus implicaciones éticas, políticas y económicas, junto con la crítica al sistema norteamericano implícita ahí, dan un material con mucha tela para cortar. Sin embargo, todo ello queda desaprovechado en historias y situaciones francamente irrisorias (gente que ha vivido así muchos años y no está preparada para esa noche o se prepara pocas horas antes y por un desperfecto mecánico no puede llegar a su casa y ponerse a salvo, etcétera). Los protagonistas son, de alguna forma, unos viejos conocidos, pues son la sombra de la sombra de muchos otros que hemos visto y al mismo tiempo son la caricatura de un estereotipo inmortal, pero no llegan a ser entrañables porque no pasan de ser esa caricatura.

Existe otro grave problema: en una ciudad donde todo crimen es legal y pueden dejarse libres los impulsos más aberrantes, sólo llegan a verse un poco de sangre y un número desesperante de inofensivos disparos al aire. Una película cuyo tema es el libre ejercicio de la violencia sobre quien se deje –en tiempos donde ya vemos con un poco de nostalgia géneros como el tortureporn–, no encontrar siquiera un poquito del ya clásico y canónico gore, lo cual francamente decepciona. Y la decepción no proviene de que estemos esperando peras del olmo, The Purge: Anachy se apoya mucho, visualmente hablando, de la estética de las cintas de slasher, basta ver los trajes y máscaras de los personajes que persiguen a los protagonistas, para encontrar la clara herencia de Michael Myers y Jason Voorhees, pero sin una pisca de su nivel de violencia visual e imaginación a la hora de hacer lo suyo. Porque la violencia de ésta segunda “Purga” no es violencia, en la medida que sus consecuencias son eludidas: no se ven nunca miembros mutilados, las heridas de los protagonistas siempre son de poca monta, los cadáveres salen de cuadro inmediatamente y nunca son de niños, mujeres embarazadas, ancianos, es decir, objetivos accesibles. 

En conclusión, The Purge Anarchy no es mala, mala, lo que se dice mala, simplemente es mucho menos lograda de lo que pudo haber sido, quizá si Demonaco hubiera dejado a su propia creación tener vida propia, sin imponerle los moldes de las horribles películas de acción de los últimos años, ya que, bajo esos moldes, la película es lo único que cabía esperar en esta situación: una película pa’ una cruda dominguera.

 

31.07.14



Enrique Ángel González Cuevas


@chontourette
Ciudad de México, 1986. Maestrando en Filosofía y ginecólogo paranormalista. Es entusiasta de la obra de Arthur Schopenhauer, así como cuentista y fan de la cultura zombi.
Tiene el sindrome tourette y nunca pone de acuerdo a sus ello, yo y súp....ver perfil
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