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Sede butaca. El cine de los tráilers

El cine de los tráilers

 

por Praxedis Razo

Fue el escritor fantasma Pedro F. Miret quien lo dijo. Luego los Mad men lo consagraron: La publicidad es el octavo arte. Lo podemos constatar, cada vez más decantado y más seguido, en las miniproducciones que sobre el futbol y las bebidas alcoholizantes lanzan en You tube a ritmo de una por semana: p. ej. la de hoy, sobre el etiqueta azul de Johnnie Walker, un cortometraje llamado The gentleman’s Wager, protagonizado por Jude Law, Giancarlo Giannini y la gloriosa coreografía del café de Bande á part (Godard, 1964).

La manera de publicitar “una película” comenzó en el corazón de la industria. Se dice que en 1913, para promocionar The pleasure sekeers, un musical de Broadway, al final de varias películas (por eso el nombre de “remolque”) que pasaban en el circuito neoyorquino se lanzó una ráfaga de fotos still con secuencias tras bambalinas de la obra, con resultados positivos para la taquilla. Muy pronto surgió la maquinaria que estaba a la altura de la marea cinematográfica que alteraba la economía estadounidense: en 1920 nace la National Secreen Service (NSS), que producía y distribuía los avances de películas industriales con respecto al perfil del cine, o la hora en que pasaban la función. Así como surgió, se atascó. Tuvo que llegar Orson Welles para fabricar una verdadera obra maestra del adelanto publicitario para su obra maestra El ciudadano Kane (1941), y Alfred Hitchcock con sus desconcertantes adelantos, que le sirvieron como un ensayo de  sus continuas introducciones televisivas.

El asunto creció hasta que llegaron los estudiantes de las academias y quisieron tomarlo todo. Joe Dante le fabricaba los tráilers a Fellini para su distribución en Norteamérica; John Cassavetes, con su caos, comenzó a fabricar antes que tener acabada cualquier película, un tentativo tráiler para amigos inversionistas que le ayudaran a juntar dinero para llegar a buen fin; se puede inferir que los adelantos de las anómalas joyas de Roger Corman eran editados por los jóvenes Coppola y Scorsese, que trasnochaban en los fantásticos estudios del rey de la serie B.

Al final de esta cadena alimenticia están los otrora enfants terribles, la dupla no académica que dignificó lo impresentable en la tradición hollywoodesca: Tarantino/Rodríguez con sus tráilers falsos, presentados en su summa poética del grinhouse (Death proof/Planet terror, 2007), que al mexicano le costó cumplir con un penoso compromiso, su proyecto de Machete (2010 y su secuela de 2013), aunque a él parece no avergonzarlo traficar con mal cine.

Hoy, con el escaparate de internet, en cualquier presupuesto súperindustrial existe ya el apartado para el tráiler, con resultados escabrosos, pues todo un aparato de publicidad a cuentagotas te va cayendo encima hasta que te ves adentro de la sala de una película que luego ya se convierte en una experiencia déja vú. Será el caso de la necedad llamada 50 sombras de Grey (Taylor-Johnson, 2015), que sentará un molesto precedente, se verá.

A la semana de su “estreno”, ésta que concluye, el insulso video de 2 minutos acarreó 36 millones de vistas en internet, según encuestas de la muy violenta marca mercadóloga Zefr (responsable de la burda campaña de Old spice también en You tube). Lo que quiere decir que, a un ritmo exponencial ligero, para su estreno, el cursi y ya anticursi 14 de febrero de 2015, y tomando en cuenta que le resten 5 o 6 tráilers más a la campaña, el filme estará siendo sondeado por poco más de 500 millones de ojos sólo sentados en su computadora, lo que puede devenir en un asegurado taquillazo, una nueva fiesta patronal para los exhibidores.

Este anunciadísimo nuevo paradigma reafirma varias cosas, y entre las más urgentes de revisar están el poder del mundo de los gigabytes en su aleación con un producto de fácil consumo (un best seller pseudoerótico, pseudoporno, pseudoliterario) y probado previo éxito (más de 100 millones de ejemplares del libro vendidos en 20 idiomas). Aquí abordaré un breve análisis sobre lo tan visto y sonado en el tráiler, un poco para evidenciar la estrategia comercial unívoca frente al espectador/consumidor de imágenes-espejo que impulsa el ensimismamiento más grotesco de la comunidad: el del onanismo silencioso que aleja de la participación.

La pieza arranca con un eco pianístico borroso que presenta la obnubilación de una mujercita (cámara levemente por encima de ella, pero sobre su propio eje, anticipando la mirada del famoso Grey) que dice en off “Sólo era una cita para una entrevista”, mientras las ráfagas de 2 o 3 segundos nos recrean el mundo “sofisticado” pero vacío al que está a punto de acceder la mujercita reportera, escoltada por un maniquí rubio empoderadísimo, aunque sólo se trate de una secretaria monitor de teléfonos.

El eco llorón del piano, al abrirse el mundo del hombre, deslumbrante para ella (lo ve borroso), intimidatorio (el cuerpo policíaco de él abarca tres cuartos de la pantalla hacia el extremo derecho), se transfigura en una secca percusión que va anticipando el hit wonder de Beyoncé (otro calculado no riesgo) que estalla a todo en un típico lugar común, el elevador; hasta aquí van 57 segundos que no cuentan más que la premisa de cualquier telenovela clasista: la mujer trabajadora que resulta ser un jueguito apasionante para el depredador (que sin duda acabará depredado ¡por el amor verdadero!, una hora y media después).

Lo que sigue son 20 segunditos (un abismo) repartidos sólo en dos secuencias: las de ella con su familia, en una fiesta (cálidas, populosas, cámara amablemente estática); y las de él agarrando pierna en medio del desastre de la frase “A mí no me van las historias de amor”, corriendo escondido (imágenes gélidas, angulosas, cámara moviéndose firmemente); para coronar lo que va a ser (y no más) una de las historias de amor más edulcoradas y aburridas de la historia del cine con 5 segundos de un cuarto de doble chapa simultánea, la cámara de la tortura candente, que concluye con la periodista cegada, siendo sacrificada hacia su sublimación cristiana a través del cuerpo y del dinero del otro hombre gris, el buen Grey.

Esto 36 millones de veces visto ¡Este burdo e ignorante coitus interruptus atrajo tanto! ¿Qué nos espera? Las ordas contenidas de Twilight (2008-2012) se hicieron esposas y amantes domesticadas dispuestas a apostarlo todo por una literatura que no les ofrece en realidad nada, por un cine de teflón que estará marcando el paso de las damitas que esta vez invitarán al galán a darle una cucharada de sus miedos y detenciones; será su manera de enfrentarse a los súper héroes en serie que ya se confunden entre sí y con su propio videojuego en la casa del ratón Miguelito.

01.08.14

Praxedis Razo


Un no le aunque sin hay te voy ni otros textículos que valgan. Este hombre gato quiere escribir de cine sin parar, a sabiendas de que un día llegará a su fin... es lo que más le duele: no revisar todas las películas que querría. Y también es plomero de avanzada. Mayores informes y ofertas al 5522476333. ....ver perfil
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