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Los Hámsters

por Iranyela López

versión 2.0 de nuestra nota original publicada el 9 de junio de 2014.

 

Los hámsters son cuadrúpedos muy solitarios y por tanto territoriales, prefieren pelear a muerte que compartir una sola jaula.  Los humanos por otro lado,  y específicamente los que son miembros de una familia que habita en un solo hogar, son bípedos fácilmente irritables, atacan con destreza a los más débiles, pero si topa una reacción un poco firme, huye al interior de un vehículo, un café, un gimnasio, una playa… Es decir, un lugar donde intentan pasar desapercibidos.

Los hámsters (Gilberto González Penilla, 2014) son una familia que, aunque filmada en Tijuana, bien pudiera localizarse en cualquier punto geográfico del globo. Rodolfo (Ángel Norzagaray) y Beatriz (Gisela Madrigal) son los progenitores de los imberbes Jessica (Monserrat Minor) y Juan (Hoze Meléndez). En esta película las mentiras reservadas son el croquis que configura la dirección del día, que es el tiempo que dura el relato bajo el esmerado sentido fotográfico de Juan Pablo Ramírez (Y volveré..., Edgar Nito, 2010, 35mm) que se apoya de objetivos nítidos y extremadamente luminosos.

Película acreedora de los premios a la Mejor Ópera Prima en el festival Distrital, y el de Prensa en el Festival Internacional de Guanajuato, ha formado parte de la programación del Rivera Maya Film Fest y de MICGénero 2014. Dirigida por Gilberto González Penilla (Sonreír, 2011, DVCAM) egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica y becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), la película compone su proyecto de tesis y –según afirmó en la presentación del día jueves 4 de junio en cine Tonalá  (dentro del festival de Distrital)– “la idea surge de una clase de guionismo en la que propuso a los miembros de una familia que desgastan su tiempo en sus respectivas habitaciones anodinos con el mismo programa de televisión, que en este caso es Big Brother, de este ejercicio es donde germina la metáfora del apartamiento y la incomunicación familiar”.

Rodolfo es un hombre cincuentero que se encuentra desempleado, sin embargo para mantener la apariencia con su familia, pasa las horas en una cafetería, especie de oficina artificial, en donde no hay nada más sorprendente que acumular puntos para ganar un café frío cubierto de crema batida y chispas de chocolate. Se le ve también, esperando el abrigo a bastante altura en la alumbrada y azulosa periferia de la ciudad.

A Beatriz  (Gisela Madrigal) la piel se le ha cubierto de pliegues por el peso de la edad. Epidermis que se envuelve y aferra a la superficie como si la piel vieja se adhiriera para protegerse del frio de la inercia. Piel que se desgarra sin permitir que salga el cuerpo, especie de abrigo que solo puede abrirse con  métodos artificiales pues ella  es incapaz de descubrirlos por sí misma. Busca entonces la ayuda de otro bípedo de la especia pero muchísimo más joven y fuerte, un instructor de gimnasio, que le hace realizar ciertos ejercicios para pelar o por lo menos maquillar los trazos del tiempo.  A ella también se le ve a solas en la misma noche que Rodolfo, quizá en otra orilla.

Volviendo a la metáfora… los hámsters tienen una costumbre muy peculiar, les gusta almacenar comida. Estos mofletudos roedores son verdaderos acaparadores. Cuando encuentran algo tratan de almacenar tanto como puedan pero a Jessica lo que en realidad le interesa es degustar secretamente de su relación hetero-homosexual es decir, con su novio y mejor amiga, articulando sus experiencias con  la captura  fragmentaria de sus dispositivos digitales.

El apareamiento entre hamsters-humanos resulta bastante sencillo, aún cuando se trate de  sujetos solitarios la intuición toma preponderancia en asuntos sexuales. En cuanto a la gestación de las crías es por lo regular la hembra quien procura el nido de un modo romántico y maternal. Busca, revuelve y reúne lo necesario para crear un lugar seguro y cálido para los bebés que espera. Contrario a su especie, Juan, nuestro macho hámster,  al descubrir que su novia está embarazada se pone previsor y sensible, soñando en convertirse en el gran padre, cuando en la realidad no pude resolver ni siquiera un problema matemático escolar con base en fórmulas.

Los hámsters es una película narrada de manera sencilla y cómica que estimula la introspección y nos recuerda la referencia que Morin le adjudica a Epstein: “La pantalla es ese lugar en el que el pensamiento actor y el pensamiento espectador se encuentran y adquieren el aspecto material de ser un acto”[1] es decir, la transmisión de un mensaje en la película que se incorpora en el pensamiento o los hábitos del espectador,  como dos corrientes, una ficticia y una real que se corresponden e identifican Es un acierto de Gilberto González Penilla buscar un cine ligero y palpable, puesto que la historia de esta familia  nos es cercana hay una proyección-identificación que se dispersa en la sala.

 

22.09.14

[1] Morin, Edgar. El cine o el hombre imaginario. Paidós Comunicación 127 Cine. Buenos Aires, 1972, 180

Iranyela López


@Iranyela
Meliflua, desorientada, cloroformizada con la polifonía de las palabras, el aullido del sonido y la hilaridad de los sentidos. Su andar se guía con el trazo cartográfico de sus retinas hacia un punto de fuga.....ver perfil
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