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Berlinale 65. Knight of Cups

Terrence Malick, ganador del Oso de Oro en 1999 por su largometraje La delgada línea roja, regresa a la Berlinale para presentar la octava película de su carrera, Knight of cups.

 

por Luis Vaca

 

A lo largo de la carrera cinematográfica de Malick, que iniciara en 1973 con Badlands, hemos sido testigos de los diversos cambios en su estilo. Terrence Malick no respeta los convencionalismos del cine comercial norteamericano, Knight of Cups es una prueba de ello. La película abre con una magnífica secuencia que nos muestra una sesión fotográfica: blanco y negro, altos contrastes, una chica hermosa con poca ropa se pavonea sobre unos zapatos altos, al tiempo que juega con un antifaz, evocando el estilo de Helmut Newton. La sucesión de imágenes refleja la ambivalencia entre el mudo plástico y exóticamente decadente de Hollywood y nos confronta con el deseo y la fascinación por ese universo.

Entonces aparece Rick, el protagonista de la película interpretado por Christian Bale, quien en una peregrinación existencial, nos llevará desde las extravagantes fiestas de Hollywood, hasta los barrios marginales de los de Los Ángeles. La voz fuera de cuadro realiza un soliloquio que algunas veces parece no tener rumbo, como su personaje. Los diálogos entre personajes son mínimos. No tenemos más detalles sobre la vida de Rick, que todo el tiempo camina con la vista perdida como si estuviera drogado, sin importar el lugar o la situación.

El desdramatizado protagonista, que padece una severa angustia, tiene a su vez distintas mujeres, interpretadas por la más exquisita selección de belleza y talento hollywoodense: Imogen Poots, Freida Pinto, Teresa Palmer, Cate Blanchett, Natalie Portman, Isabel Lucas, etc. En general, Rick sufre por las mujeres. Por no tener un sentido claro de su futuro con cada una de ellas, que se complementan en todos los sentidos posibles. Y no es poca cosa, imagínense por un segundo la difícil situación de Rick, teniendo que elegir solamente a una de esas bellezas.  

Los capítulos en los que se separa cada parte de la película llevan los nombres de distintos arcanos del tarot: "La sacerdotisa", "La torre", "Juicio", "Muerte"… Cada mujer en la vida de Rick representa una carta. Sin duda existe un subtexto, en donde cada arcano simboliza las cualidades, virtudes o azares de cada mujer que entra en la vida de Rick. De allí el nombre de la película: “Caballero de Copas” (Knight of cups), una carta del tarot que representa la llegada de un nuevo y mejor amor. No sería extraño encontrar algunas reseñas que profundicen sobre la simbología de las cartas del tarot y le atribuyan al octavo largometraje de Malick un carácter místico.

Al buscar más información sobre la carta, me encontré con una definición que podría servir como sinopsis alternativa de la película:

 

El Caballero de copas, a pesar de ser una carta de emociones improductivas, se le suele asociar con situaciones no deseadas. Pretende salir de ellas, de ese aburrimiento que produce vivir en la inacción. El caballo de copas puede simbolizar un viaje, normalmente atravesando el mar. Una persona de gran fantasía, quizás exacerbada. Alguien con una personalidad joven y viva.

 

He resaltado “emociones improductivas”, ya que las reacciones y sentimientos de Rick son infructuosos, no hay un desarrollo dramático claro. El mar, como en otras películas de Malick, tiene una presencia muy importante, y se ha convertido en un elemento simbólico recurrente en sus últimos trabajos. Para cerrar el comentario esotérico, vale la pena mencionar que en los arcanos tradicionales del tarot, la muerte es el único personaje que va a caballo.

Sería injusto hablar de Knight of cups sin mencionar al responsable de la cinematografía, Emmanuel Lubezki. Una vez más podemos disfrutar de un trabajo con un balance perfecto entre destreza técnica y belleza. Las secuencias con personajes femeninos, en donde hacen “carreritas” sobre la arena o bailan sobre las puntas de los pies son cada vez mejores. En To The Wonder (2012) Olga Kurylenko corría por la playa o bailaba en el interior de su casa con gráciles movimientos, en esta ocasión lo hace Natalie Portman, que no aparece hasta muy avanzada la película.

La fotografía de Lubezki encuentra el complemento perfecto en el trabajo de edición, a cargo del equipo de A.J. Edwards. La yuxtaposición de planos mediante montaje representa un juego de opuestos: por un lado, la arquitectura y los paisajes urbanos con formas verticales se confrontan con las formas horizontales. Lo que parecen simples transiciones van cobrando un sentido discursivo conforme avanza la película. Algo similar sucede con los planos que pasan de fiestas exóticas a los barrios pobres. De personalidades excéntricas y luminosas que disfrutan lujos y riquezas al sórdido interior de un hospital en donde un paciente negro, deforme y deteriorado es atendido de manera amable por Nancy, la esposa de Rick interpretada por Cate Blanchett.

En este juego de planos e imágenes es posible encontrar algunos guiños a la teoría del montaje cinematográfico de Eisenstein, pues más allá de una simple sucesión de imágenes que cuenten una historia, encontramos que los planos interactúan a través del montaje para crear un discurso. Por momentos repetitiva y confusa, podemos decir que con Knight of Cups, Malick se consolida como un cineasta auténtico, capaz provocar gran fascinación o un contundente rechazo.

 

17.02.15



Luis Vaca


@luisv1
Escribe que escribe. Colaborador en la Semana de Cine Alemán en México, Cultura Colectiva y entre otras cosas maneja el sitio lavacamulticolorby.blogspot.mx.....ver perfil
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