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Dólares de arena

Lo que el FICUNAM 05 nos dejó

 

por Iranyela López

 

En una toma cerrada al rostro de una leyenda de la bachata dominicana, Ramón Cordero, que nos canta la lastimera canción “La causa de mi muerte” con una acertado fondo con tonos morados que nos advierte de la nostalgia, comienza Dólares de arena, la cuarta pieza fílmica dirigida por Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas (Cochochi, 2009; Jean Gentil, 2010; Carmita, 2013) es una adaptación  del libro de Jean-Noël Pancrazi que difiere con la obra original al ser protagonizada por figuras femeninas. 

No sé si es casualidad que los “dólares de arena” (Dendraster excentricus), equidermos también conocidos como “galletas del mar”, tienen la capacidad de producir una pequeña larva exacta de sí mimo cuando el animal se siente amenazado. Noeli (Yaner Mojica) crea una copia de sí misma que se deja querer,  pero que es estático y rígido por dentro, confundiendo los sentimientos de sus depredadores europeos, y conservando para sí misma sus verdaderos sentimientos, como un fraccionamiento voluntario o involuntario de su sexualidad.

A lugar una digresión: curiosamente la palabra equidermos proviene de dos vocablos griegos, “echinos” (espina) y “derma” (piel). De tal modo, pudiéramos pensar que los amantes de Noeli sienten su piel, pero ella posee espinas que la hacen intangible a sus deseos. Ella está siempre consciente de que siempre se trata sólo un asunto de negocios e intereses.

La fotografía en manos de Israel Cárdenas y Jaime Guerra se mueve en formato de  pantalla amplia (cinemascope), construida mayormente de tomas cerradas y medias que fragmentan el cuerpo de sus personajes y nos generan mucha cercanía. Y, en las pocas tomas abiertas con un efecto visual que diluye la profundidad de campo en sus paisajes, se enfoca la nitidez de sus personajes. En una tintura empalidecida durante el día se aprovechan de destellos y aberraciones cromáticas y entintada (teñida y contrastante) en las tomas de la noche: poco tiempo después de los créditos de la película se subraya esta idea, con una bella escena a contraluz que y nos abre la mirada como un telón de teatro.

A diferencia de películas como Las amargas lágrimas de Petra von Kant  (Fassbinder, 1972) o la reciente Las Nubes de María (Assayas, 2014), Geraldine Chaplin se nos presenta como una sensible y paciente amante de su joven objeto del deseo, y lo mismo Noeli se deja escudriñar como si a través de su cuerpo explicara lo que lleva dentro. En las dos películas mencionadas vemos, contrariamente, relaciones frías y dominadas por las jóvenes.

En Dólares de arena, gracias a la sorprendente interpretación de la claroscura presencia de sus protagonistas, que conjugan la juventud y naturalidad de Noeli  con la madurez de la consagrada actriz Geraldine, que con sólo mirarnos nos muestra los estremecimientos y ansiedades en su relación con Noeli, se logra combinar belleza e intensidad a lo largo de la película.

Se trata de una película delicada y sensual cuyo discurso son las contradanzas contenidas en la gramática de las relaciones y la dependencia del amor. De la idealización de la persona amada como un fetiche salvaguarda, adaptado al deseo que llena el vacío de la soledad. 

En cuanto a la música, deambularemos por bares de Santo Domingo al compás desgarrado de la bachata entretejidos con los sonidos transparentes de la naturaleza, y aquí les mostramos algo con lo que se pueden deleitar sus oídos.

 

09.03.15



Iranyela López


@Iranyela
Meliflua, desorientada, cloroformizada con la polifonía de las palabras, el aullido del sonido y la hilaridad de los sentidos. Su andar se guía con el trazo cartográfico de sus retinas hacia un punto de fuga.....ver perfil
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