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Muestra 58. El juicio de Viviane Amsalem

Hombre pequeñito, hombre pequeñito,

suelta a tu canario que quiere volar.

Yo soy el canario, hombre pequeñito,

déjame saltar.

Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,

hombre pequeñito que jaula me das.

Digo pequeñito porque no me entiendes,

ni me entenderás.

Tampoco te entiendo, pero mientras tanto

ábreme la jaula que quiero escapar;

hombre pequeñito, te amé media hora.

No me pidas más.  

Alfonsina Storni

 

 

por Iranyela López

 

 

En una cortina de créditos sitiados en un fondo rojo, que atina con la temperatura y la psicología de la trama, se nos presenta El juicio de Viviane Amsalem (Gett, 2014), protagonizada por Ronit Elkabetz (La visita de la banda, 2007), dirigida por ella misma a lado de su hermano Shlomi, conformando la conclusión de la tercera parte de la trilogía sobre la emancipación femenina en Israel completada con To take a wife (2004) y Shiva (2008).

En este filme se deshebra un encierro mental, un sometimiento, un querer ser lógicos siendo viscerales, y el espectador es un testigo subordinado de la atmósfera de una religión que priva libertades y hace sumisa la felicidad femenina. Todo esto compaginado por una dinámica cámara que acentúa y se mueve como si se tratara de signos de puntuación que generan ritmos, en el fastidio y la espera, en los fuertes silencios de Viviana (Ronit Elkabetz), que debe ser cabal y paciente pese a la desesperación y el desequilibrio del avance y retroceso de un largo juicio cuya libertad pende de la decisión de su esposo Elisha (Shimon Abkarian), que muestra compostura, autoconfianza e inflexión.

El juicio es una acometida de ojos, dentro de un reducido espacio, que concuerda con las posibilidades de Viviane, dependiente de la decisión del “acusado” (si es que se tratase de un juicio occidental común), lo que estimula la cámara, un punto de vista subjetivo de la mirada de todos los personajes: expresiones del rostro, transformación de sus emociones y el tono pasivo-agresivo de su lenguaje oral (hebreo, árabe, y francés sin que esto se note).

La película pluraliza en la mirada penetrante y detenida de Viviane Amsalem el grito desesperado de la mujer como un acto de transgresión: en los límites de la desdicha por poseer su derecho natural de autonomía. Su juicio vierte un poco de la conciencia desalentadora que excede la comprensión humana, o mejor dicho el consonantismo la tiranía hacia la mujer como objeto de posesión, de territorio conquistado, sometida a toda clase de violencia emocional (o presión psicológica) de la arrogancia y santurronería de los hombres que le rodean (su porfiado esposo Elisha y el castrante suegro), y los hipotéticos rabinos que presiden el juicio, a los que se enfrenta su agnóstico abogado Carmel Ben-Tovim (Menashe Noy) quien vislumbra, y por tanto comprende, el coste de excluir la religión de su vida. Y del resto de los personajes que exteriorizan sus puntos de vista de la relación, como si la decisión de Viviane fuera insuficiente.

 

Nota bene

El acto de divorcio en Israel se rige por los requisitos legales articulados dentro del tratado de Guitin, y las leyes del Talmud (de los siglos IV y V), doctrina  y jurisprudencia en el moderno estado de Israel. Pero además de las cuestiones supuestamente legales, se incluyen narraciones de carácter menos legal denominadas aggadah: enseñanzas éticas, registros históricos y cuestiones médicas y científicas, que favorecen a los hombres, en la gran mayoría de los casos, quienes son los únicos que puede conceder el divorcio, mismo que tienen que entregar en un documento llamado gett escrito en arameo (que era la lengua vernácula en la época del Talmud). En él se declara brevemente que la mujer es ahora libre para casarse nuevamente. Hasta aquí todo parece asequible pero la realidad de la película es que las consideraciones de los rabinos-jueces son demasiado extravagantes, y al final dependen de la concesión del marido, dando lugar a un fenómeno denominado “mujeres ancladas” (agunot), una mujer que está legalmente casada con un hombre que no vive, pero no puede volver a casarse.

 

06.04.15

Iranyela López


@Iranyela
Meliflua, desorientada, cloroformizada con la polifonía de las palabras, el aullido del sonido y la hilaridad de los sentidos. Su andar se guía con el trazo cartográfico de sus retinas hacia un punto de fuga.....ver perfil
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