siguenos
Todo buen cuento inicia con Érase una vez...

 

por Rebeca Fortul Rebull

 

Cuando las estrellas del cine se juntan con un derroche de efectos especiales, con música de John Williams y con un montón de personajes salidos de la mente imaginativa de un director como George Lucas también se puede empezar un buen cuento, un cuento que muchísimas personas se crean.

Yo fui una de esas personas que conocieron la historia de Star Wars en estricto orden cronológico, es decir, la primera película de esta saga que vi en el cine fue Episodio I - La amenaza fantasma. Las razones de mi atraso en el conocimiento de un fenómeno como éste son sencillas, yo no había nacido cuando se exhibió ninguna de las películas de la primera trilogía, no obstante sé muy bien que este aspecto podrá parecer insuficiente, pues adeptos a dicha obra épica espacial hay de todas las edades, incluyendo por supuesto gente más joven que yo, pero apelo a un voto de confianza; en mi época de juventud no estaba de moda ser un nerd asumido, la oleada de geeks clonados de The Big Bang Theory no había permeado mi ambiente y entonces sólo había de dos: o pasabas por un ser normal al quien la saga lo tenía sin cuidado o formabas parte del selecto grupo de aficionados que coleccionaba cuanta figurilla de los personajes se te atravesaba y de paso justificabas tu falta de relaciones amorosas con “los Jedis no pueden generar apego a nada ni a nadie”, ¡je! (¿ni a su colección de chacharitas?)

La cosa es que yo vi el Episodio I en pantalla grande a una edad en la que aún podías pasar por niño y con ello adopté cierta libertad para pregonar que me había gustado mucho. Tan grande fue el impacto que causó en mí y en mis amigos que hasta propusimos hacer una versión casera de la película, la íbamos a actuar con disfraces hechos con papel aluminio ante la cámara del compañero con ínfulas de director, y aunque surgieron dificultades como que muchas de las actrices éramos niñas y sólo había una Reina Amidala, pronto se solucionaron bajo la premisa de que en pleno Siglo XX las niñas también podíamos actuar como caballeros Jedi.

Yo era Obi-Wan Kenobi, obviamente, pues mi matrimonio con Ewan McGregor, desde su aparición en Trainspotting (Boyle, 1996), me otorgaba tal derecho. Al final nunca hicimos nuestra versión de la película y ahora que lo pienso es lamentable, porque una compañera de diminutas proporciones creo que hubiera hecho a un magnífico Yoda, pero bueno, hasta ahí quedó nuestro intento de incursionar en el cine. Si refiero esta anécdota no es por simple nostalgia adolescente, sino porque de alguna manera ese impacto que nos causó a varios niños de los 90 el descubrimiento de la vida en galaxias muy muy lejanas debió ser muy parecido al que marcó a generaciones de 10 o 15 años atrás.

Por extrañas razones que no logro explicarme Episodio II - El ataque de los clones y el Episodio III - La venganza de los sith, pasó sin pena ni gloria en mi memoria, ambas películas las vi en el cine también y a pesar de que el Episodio I me había impactado, las otras dos películas no lograron dejarme más que la idea de que el joven Anakin Skywalker estaba muy guapo y que si él me invitaba al lado oscuro, yo de ninguna manera iba a negarme, aunque me hubieran enseñado desde niña que no debía andar por lo oscurito con nadie (¡qué moral más limitante!).

Hasta ese momento yo no podía considerarme una fanática de Star Wars, primero porque ya había crecido y como dije anteriormente, no era muy respetable ser fan de algo así y en segundo lugar había algo falso en asumirme como tal, sobre todo porque nunca falta el aguafiestas clavado que tacha de apócrifo al fan que no conoce a fondo la triste historia de Lord Darth Vader y de la lucha que sostiene con su hijo y de todas esas cosas que pasaban en la primera trilogía. Entonces ¿tenía que ver esas películas viejitas para entenderlo y encima eran 3 también? ¡Uy, no! eso parecía requerir de mucho estudio y yo francamente estaba más preocupada por otras cosas. Así pasé años sin ver la primera trilogía.

Todo llega a su tiempo dicen por ahí los seres iluminados y tienen razón, hace apenas algunas semanas, en el furor que ha desatado el próximo estreno del Episodio VII, en la programación de la tele se dieron a la tarea de ilustrar a todos aquellos ignorantes que no habíamos visto las primeras 3 películas y fue hasta entonces que, sin mejores planes para el día entero, decidí ver, sin altas expectativas —y sin ningún fan gruñón que me estuviera explicando nada de la historia— lo que sucedía después de que Anakin se quedara sin esposa, sin brazo, sin piernas y sin esa guapura de juventud que era lo único que yo recordaba. Sólo ahora lo puedo decir ¡me lo perdí por tanto tiempo!, disfruté mucho cada una de las películas, entendí los chistes del beso incestuoso entre Leia y Luke, la fanfarronería de Han Solo, entendí que R2-D2 es realmente el héroe de todas las películas y hasta le agarré más cariño a Chewbacca que al distraído de Jar Jar Binks, además claro, de sorprenderme con la revelación del “Luke, yo soy tu padre”, (bueno, eso lo sabía porque Los Simpson me echaron a perder el final, pero igual fue bueno verlo en la escena real).

¿Realmente una historia que se trate de guerras puede resultar tan atractiva para tanta gente? Sí. Y aquí habría que preguntarnos de dónde surge esa necesidad de ver caer al otro, ¿por qué los libros de Historia o los encabezados de los periódicos no causan tanto furor entonces? Sencillo, la idea de la ficción nos hace descansar en el lecho de “pero si es sólo una película”, por lo que ver al Imperio caer, resurgir y volver a caer nos provoca una reacción catártica. Luchamos con espadas láser y combatimos una dictadura, combatimos nuestros propios temores. Curioso es que tantas galaxias alejadas y los personajes padezcan de los mismos males que la raza humana, incluso los clones, los droides, los seres extrañísimos como Jabba The Hutt que encarna la glotonería y la sed de venganza, la cobardía de C-3PO, la hipocresía del Senador Palpatine o el temor del propio Darth Vader. Miento, no es verdad que sea curioso, porque al fin y al cabo su creador es un ser humano, no importa cuán grande sea su imaginación para crear personajes, los problemas y vicios de estos siguen siendo profundamente humanos.

Aquí haré la aclaración, porque sé que muchos fanáticos empedernidos ya tendrán las réplicas a todo lo que digo, es más, tendrán hasta los datos históricos en los que se basó la saga y las referencias bíblicas, amén del lenguaje “aurebesh” que veo hasta google puede traducir. Mi reflexión no se interna tanto en estos temas, porque admitiré que durante mucho tiempo no me interesó ver las películas debido a que muchos de mis conocidos sí son fans (de esos que llegan a tener tatuajes referentes a la saga o chingos de monitos de colección), lo que me inhibió un poco fue que pensé que se trataba de alguna cosa extrasesuda de continuidad complejísima y cuyo disfrute dependía de un amplio conocimiento de la estrategia militar. Esa es mi mayor crítica, fueron sus fans los que me alejaron de las películas, pero cuando inicié por el camino autodidacta comprendí que son realmente divertidas, nunca había visto tantas manos cortadas en una misma historia (gajes del oficio de la espada láser), y aunque la trama se repetía en cada película (un grupo de Jedis salvando al Universo, ya sea en la selva con ositos alushe, en el espacio con naves que no llegaban a la velocidad luz, con mujeres cuyo uso de la pistola ya lo hubiera querido Billy The Kid para un día de fiesta, con ejércitos integrados por diversas razas en contra de la opresión, con la escena reiterada tantas veces en el cine del bueno-bueno contra el malo-malo) están hechas con tal precisión en el ritmo que aunque el espectador ya sepa cómo va a terminar, se las avienta como si fuera él parte de la misma conspiración.

Dejaré aparte la obviedad de disfrutar del montón de personajes chiquitos, grandotes, peludos, de metal, con peinados extravagantes, con ropas llamativas, etc., también dejaré de lado las líneas que han hecho historia, pues no encuentro manera de escribirlas sin parecer muy cursi, pero sí quisiera exponer la parte “espiritual” (aunque eso suene igualmente cursi) de la película, y es el sentido de formarse como Jedi, o sea, ser algo así como un D’artagnan mezclado con Neo (The Matrix, 1999) y al mismo tiempo tener la serenidad de Buda ¡Caray si no tendría éxito un personaje así! A pesar de no haber pasado la clase de hipérbaton con Yoda y de que no se posea el dominio de mover cosas con la mente, no puede alegarse que en un principio los espectadores quisieran parecerse un poco a los héroes de la galaxia. Habrá quien también quiera ser un Sith, es cierto, y justamente a esto se debe el éxito de la trama, al mostrar con batallas escandalosas el yin y el yang, el lado oscuro contra el lado luminoso, el poder y la humildad. Todo ello se refiere al mundo tal y como lo conocemos, así es que ¿qué mayor publicidad requiere una historia que habla de uno mismo? A veces se pierde y a veces se gana y cuando esto lo vemos reflejado en la pantalla grande y vemos que a pesar de todo puede haber una siguiente parte, lo normal es que las salas se llenen por completo.

Sin más reparo confesaré que espero con emoción Episodio VII – El despertar de la fuerza, en donde sospecho habrá una batalla épica entre los buenos y los malos, algo me dice que así será, pero también la espero por ver si aún funciona el Halcón Milenario, la espero para ver si Han Solo y Leia aguantaron, como las parejas de antes, una vida juntos, quiero ver si Luke inauguró su escuela de niños Jedi y por supuesto quiero ver quién se pasó al lado oscuro, porque si no hay nadie, entonces ya no tiene sentido una guerra.

Yoda en algún momento le dijo a Luke, cuando éste buscaba a un gran guerrero, “la guerra no engrandece a nadie”, bien, vamos a preguntarle a George Lucas si eso es cierto. 

 

26.11.15

Rebeca Fortul Rebull


Entusiasta de las letras, ferviente creyente del arte y su poder reivindicativo. Seguidora de la realidad a través de la ficción. Directora de sus errores, guionista de sus monólogos y espectadora de la tragedia humana. Ser humano de tiempo completo.....ver perfil
Comentarios:
07.12.15
Juan Solo dice:
:)
comentarios.
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