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Knight of Cups

Caballero de Copas o de la bella nada malickiana

por Jeremy Ocelotl

 

Para comprender el más reciente trabajo de Terrence Malick, Knight of Cups (2015) –que pasó por la edición 65 de la Berlinale–, primero hay que instalarnos en su actual discurso, anclado más en las aguas del ensayo audiovisual que dentro de la narrativa clásica, de la cual se nutrió hasta filmes como La Delgada Línea Roja (1998). Así que quienes sean detractores de trabajos como El Árbol de la Vida (2011) o To the Wonder (2012), seguramente sufrirán con su más reciente largometraje.

Caballero de Copas, como ha sido titulada en español (referencia a la carta asignada al protagonista), puede resultar un trabajo frustrante dependiendo de cada espectador. En primera instancia porque el filme no tiene la más mínima intención de contar una historia, sino establecer un estado de ánimo, un sentir del personaje principal interpretado por Christian Bale, por lo que la sucesión de imágenes y audios pueden resultar apabullantes y confusos. En segundo lugar, como en sus dos largometrajes anteriores, los diálogos son escasos y se empalman con los monólogos internos de los personajes, los cuales dominan la mayor parte del audio; acompañando una sucesión de poéticas imágenes.

La película sigue a Rick, un guionista que vive en Los Ángeles, a través de diversas viñetas que llevan los nombres de distintas cartas del tarot representando a los personajes con los que va interactuando. Mayormente inconexas, las mismas van tejiendo una compleja composición audiovisual que se sitúa en una deslavada y más bien vacía ciudad estadounidense. Desde la relación con su padre y su hermano, pasando por las vivencias con bellas mujeres que han estado a su lado en distintas etapas de la vida, nada parece estar relacionado salvo por el hecho de formar parte de la existencia de Rick.

Knight of Cups de Terrence Malick ha sido calificada de repetitiva, sin propósito ulterior alguno más que el estético y, como su predecesora (To the Wonder), de una parodia de su propio estilo. No obstante la película es todo lo contrario. Primero hay que acotar que el Malick más reciente es el resultado de una orgánica y paulatina depuración de su propio estilo, pues si se observa su filmografía completa se pueden apreciar los mismos monólogos internos que ahora dominan su obra, así como su característica fotografía  naturalista, paisajista; además de las inquietudes de sus personajes por el propósito de su existencia.

El abandono de lo narrativo por parte de Malick ya se vaticinaba con El nuevo mundo (2005) y se vería realizado con El árbol de la vida, lo cual marcó una “ruptura” en su cine y en la acogida que tuvo por parte de la crítica. Pero si se creía que To the Wonder era la máxima expresión del depurado estilo malickiano, Knight of Cups es el más abstracto de sus trabajos hasta el momento y  sirve como síntesis de su polarizador cine.

En este caso no es la ambiciosa tesis de comprender el universo, o la búsqueda del amor como dador de sentido en la vida, Malick se sitúa en el polo opuesto, encontrando un trabajo nihilista, donde el protagonista parece haber aceptado ya el sinsentido de su propia existencia. Por supuesto esto no deja de lado su característico trabajo de fotografía, sino que se apoya en el mismo para ir forjando simbolismos deliberadamente vacuos y profundos al mismo tiempo. La puesta en imágenes es de una gran belleza, potenciada gracias a un lacónico número de elementos dentro del encuadre que realza la sensación de vacío que vive el personaje de Rick; así, un minimalista apartamento se vuelve un reflejo de la vaciedad que vive el protagonista, como también sirven de alegoría la caminata junto a su exesposa (brillante Cate Blanchett) entre foros de un estudio  o un set, donde no encontramos más que a estos dos seres.

Aquella nada, siempre presente dentro del cuadro, es a su vez desoladora y desesperanzadora, pero bella por su naturaleza efímera. Los planos de una playa, una hermosa Natalie Portman, o incluso un club de strippers neón, se vuelven hermosas por su naturaleza pasajera, generando un sentimiento en el espectador que apunta a que, a pesar del sinsentido que vive nuestro protagonista, es capaz aún de encontrar placer en las cosas y en sus propias experiencias, si bien nada es perenne. Amén de la naturaleza azarosa y finita en que se dan los encuentros con las hermosas mujeres que forman parte de su vida, como recordatorio de la falta de un destino o propósito en las vivencias y el día a día de Rick, no demeritan lo placentero que le resultan.

El filme, entonces, se revela mucho más complejo de lo que muchos críticos han visto pues, en esta ocasión, los monólogos internos solo insinúan la angustia que viven las personas en pantalla, (sin que necesiten ser tomados de manera literal), y se suman a los soberbios fotogramas de la cámara de Lubezki, produciendo una metáfora audiovisual.

Se trata de un trabajo que refrenda la belleza a sus imágenes a pesar de que, aparentemente, no cuenten con mayor propósito; éste se desdobla en capas como la que componen los nombres de las viñetas referidos a los arcanos, los cuales indican la existencia de un destino que puede ofrecer sentido a la vida, cuando el protagonista parece convencido de lo contrario.

Knight of Cups es entonces la inevitable reflexión/disertación malickiana sobre el desencanto del hombre sobre su propia existencia, que funciona como capítulo final a los cuestionamientos existenciales que comenzaron en El árbol de la vida. Si las imágenes parecen repetirse esto funciona más como una representación visual del regreso al despropósito de parte del protagonista quien, conforme avanza el filme, parece aceptar lo efímero del placer y la belleza, y deja de preocuparse por un destino, para aceptar esa última carta llamada libertad de manera serena. Todo esto en una película que nos habla de la belleza, lo efímero y el hermoso sinsentido de la vida.

 

4.09.16

Jeremy Ocelotl


Yo, como Cecilia en la Rosa Púrpura del Cairo, voy al cine y termino teniendo romances con los personajes. Comunicólogo por la UNAM, crítico matriculado en la escuela de la autodidaccia.....ver perfil
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