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Rulfo y el cine I. Primera función

Este año nos impone una revisión a la cinefilia, particularmente efusiva, y la cinematografía directa e indirecta de uno de los escritores clave del imaginario mexicano, Juan Rulfo. En entregas, Elías Razo irá relatando algunos capítulos de la vida del jalisciense, pero también revisará las películas que lo acompañaron a él y a su obra con la pasión que lo caracteriza.

 

por Elías Razo Hidalgo

 

Todo pudo haber empezado hace 100 años, o un día después del centenario, o quizás no hubo ni su tiempo ni su espacio, todo esto puede ser.

–Mi mamá me decía: ‘cuídate mucho al caminar por la banqueta, cuídate de la luz del sol directa, vete por la sombrita, así llamas menos la atención en la calle; ¡cuídate mucho mi´jo!’; y seguí su consejo. Pero ¿por qué le cuento esto? No lo sé, la espera en la sala de cine siempre se me ha hecho eterna; ¡mire, ahí voy! Mi hermano Severiano, aunque mayor, siempre seguía mis pasos y no crea porque le infundiera seguridad, qué va, sino porque siempre siguió la querencia, ahí vamos a sentarnos, eso sí, yo siempre con mis buñuelos bien presentados, para embobarme con la película.”

Quien nos cuenta esto es un Juan Rulfo maduro, que tuvo la urgencia de morirse hace ya un buen tiempo para hacer remembranza de su vivencia con el cine, en el cine y para el cine y que enmarcará en sus recuerdos esas añoranzas fantasmales, muy propias de un ambiente rulfiano, propias de él.

–Si no mal recuerdo era un año después de los 400 años de la aparición de Guadalupe, tendría 15 años, veníamos de un descanso dominical del orfanato Luis Silva, en donde desde que cumplí 10 años nos internó mi mamá, bajo las órdenes de mi abuela Tiburcia, lo recuerdo bien, porque sería mi primera vez de mirar el espectáculo cinematográfico.

”Se habían recién inaugurado dos salas en Guadalajara: el Cine Teatro España y el Teatro Cine Colón, así los nombraba, y yo emocionado, pues había oído por los compañeros en el Silva que ellos ya habían ido a ver funciones de cine. Me contaban de El Coloso de Mármol y de El Cristo de oro, que las habían visto en viejos cines y pedimos permiso en la casa, pero qué nos iban a dejar, si eran películas antirreligiosas, mi abuela nos prohibió por cualquier motivo ir a ver esas películas, porque era donde Calles educaba contra la religión católica, y eso no puede ser en nuestra casa, porque Cristo Rey vería nuestros pecado y castigaría el mal.

”Pero ya había pasado la guerra cristera y habían permitido traer, quizás como marco del festejo de la Guadalupe la película The King of Kings, película muda, la cual con el riguroso permiso materno se convirtió en mi primer película, sentía que había crecido grandísimo, un gramófono amplificaba música sacra, que hacía más enorme las imágenes en pantalla, la gente rezaba, se hincaba, sufría con la proyección, me impactó para siempre, creo que la vi tres, cuatro veces, en definitiva: me conmovió.”

                ***

Rey de reyes, película norteamericana de 1927, dirigida por Cecil B. DeMille, narra parte de la vida de Jesús, en su peregrinar, su pasión y muerte, enmarcaba perfectamente en el pensamiento conservador y cristiano de la familia Pérez Rulfo Vizcaíno, permisible para ser vista, no una, sino las veces que quisiera el casi adolescente Juan.

La censura familiar le había impedido mirar la película El Coloso de Mármol (1929), dirigida por Maniuel R. Ojeda, cinta propagandística del Estado mexicano, en donde a manera del estilo soviético ensalzaba el recién establecido modelo de la Revolución mexicana, en donde el esfuerzo y la disciplina servían para fortalecer espiritual y corporalmente a la sociedad mexicana.

Juan Rulfo se ahorró el aburrimiento de ver esta cinta propagandística contra el fanatismo y entró de lleno al consumo de la exhibición cinematográfica hollywoodense del entretenimiento moderno del siglo XX, si bien es cierto que en México y en Guadalajara, se consumía el cine nacional y llegaban muestras de cine italiano, alemán y soviético, principalmente, desde finales de la década del 20. “Cinematográficamente hablando México era para los americanos”, señala Aurelio de los Reyes (80 años de cine en México, UNAM, 1977), y marcaría hasta la fecha el mercado natural de exhibición cinematográfica comercial.

–Como  ve, siempre obedecí a mi madre y no se diga a mi abuela Tiburcia; desde que asesinaron a mi padre sentí un frío desasosiego, no se diga cuando ya nunca vi a mi madre, sólo me pidieron en el orfanato que rezara por ella, que no la volvería a ver, nunca se me curó la nostalgia por guardarme en la soledad, mis tristezas o alegrías siempre las almacené en silencio, me determinó de esta manera la infancia, la orfandad.

”Por algo me impactó el cine, encontré el complemento perfecto de la literatura que leía en casa, en la biblioteca prestada del censor eclesiástico que durante la cristiada dejó al cuidado de mi abuela Tiburcia, biblioteca en donde había literatura inglesa, francesa, norteamericana, historia de México, y el cine se sumó y complementó mi fortaleza interna, me arropó y me convertí y visitante continuo de las salas de Guadalajara.”

Las sombras del cine ocultan todo, igualan a quienes acuden a ellas. Tal vez Juan Rulfo obedeció la voz materna y desde entonces se ocultó de los reflectores, para caminar en la fresca umbra que da la tranquilidad de nunca llamar la atención.

 

16.05.17

Elías Razo Hidalgo


Periodista de alma que se quedó sin periódico. Atlista aunque gane su equipo. Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras desde hace ya 35 años, hoy se divierte en el inframundo de los infomerciales. Miembro emérito del cineclub "José Revueltas" de Ciencias Políticas y Sociales, hoy paga tributo al escritor al....ver perfil
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