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Manifiesto, la teoría como madre conservadora

por Luis Vaca

 

En 2016 acudí al museo Hamburger Bahnhof de Berlín para visitar la instalación Manifiesto (2015) de Julian Rosefeldt, un nombre reconocido en la escena artística berlinesa por sus fotografías y piezas de videoarte. Para dar vida al ambicioso proyecto, Rosefeldt contó con el apoyo de la Nationalgalerie de Berlín, la Asociación de museos estatales de Berlín, el Centro Australiano de la Imagen en Movimiento de Melbourne y otras reconocidas galerías y museos de distintos países que no dudaron en sumarse al proyecto. El resultado fue un éxito; el museo recibió miles de visitas y los elogios de la quisquillosa prensa local no tardaron en llegar.

El montaje de Manifesto que se presentó en el Hamburger Bahnhof contaba con trece pantallas distribuidas lo largo de la sala. Al ingresar, nos encontramos en el centro del recorrido, en donde se muestra la introducción: la imagen de una llama ardiendo mientras la voz fuera de cuadro de Cate Blanchet repite parte del manifiesto dadaísta. Las palabras de Tristan Tzara revelan la intención irreverente que subyace en la propuesta del Rosefeldt, que se apropia de las palabras de Tzara: “Yo escribo un manifiesto porque no tengo nada que decir”.

En su primera intervención, Cate Blachet nos deslumbra con una sorprendente personificación en donde da vida a un famélico vagabundo que alterna entre líneas dadaístas y situacionistas. Para esta escena usaron como locación un antiguo centro de espionaje Nazi conocido como Teufelsberg, oculto entre los bosques del barrio berlinés de Grunewald, recientemente adquirido por David Lynch.

En Manifesto el juego de imágenes y sonidos forman un mundo paralelo al de los textos. El ritmo del montaje es equilibrado, se vale tanto de atmósferas de arquitectura brutalista como de impresionantes paisajes verdes, cáusticos basureros o coreografías futuristas como la que presenta el ballet del Friedrichstadt-Palast.

En cierto punto de la instalación, el eco de los manifiestos se mezclan entre sí y confunden al espectador: Marinetti, Malevich, Breton, Oldenburg, Sturtevant, Jarmusch, Piper. Los textos incluidos en el recorrido revelan su sorprendente poder teatral y literario. La vitalidad y la furia que dieron origen a dichos manifiestos artísticos quedan inscritos en la capacidad performativa de las proclamaciones que Rosefeldt ha condensado en su collage.

Para mi sorpresa, a mitad del camino me encuentro con fragmentos del manifiesto estridentista y del manifiesto creacionista. Las vanguardias latinoamericanas incluidas en la obra de Rosefeldt son representadas por una extravagante cantante de punk que repite con sensual entonación y cadenciosamente las palabras de Maples Arce: “Chopin to the electric chair”.

Conforme me acerco a la parte final, aparece el video que retoma las ideas del arte Pop, representado por una madre protestante que da gracias por los alimentos en el comedor en compañía de sus hijos. Rosefeldt, con el estilo mordaz y sarcástico que mantiene a lo largo de Manifesto, contrasta la visión del arte pop en el último clip de la serie, en donde una profesora enseña a los niños de primaria ideas como: “Nada es original”, “tú puedes robar de donde quieras”, dichas ideas, tomadas de cineastas como Vinterberg, Herzog, Jarmusch y Von Trier, parecen acercarse más a las afinidades de Rosefeldt, que da vida a una pieza que reflexiona sobre la visión y la función que tiene el arte visto desde sí mismo.

 

29.11.17

Luis Vaca


@luisv1
Escribe que escribe. Colaborador en la Semana de Cine Alemán en México, Cultura Colectiva y entre otras cosas maneja el sitio lavacamulticolorby.blogspot.mx.....ver perfil
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