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La maldición de Thelma

por Julio César Durán

 

Una nueva incursión nórdica en los tópicos de brujas y hechiceros lleva el thriller psicológico y el horror corporal a un mismo punto. La estudiante universitaria que da título a la película rescata la vieja pugna de las inquisiciones europeas a través del choque entre la sexy vida mundana y el cristianismo tradicional, lo que desata sucesos sobrenaturales y descubre poco a poco la fuerza que habita en el interior de la chica.

Tras su reciente filme de producción internacional (Más fuerte que las bombas, Noruega-Francia-Dinamarca, 2015), el cineasta de origen danés Joachim Trier vuelve a su tierra natal para componer una película oscura sobre la juventud y la llegada a la madurez en la vida de una estudiante de biología con fuertes inclinaciones religiosas, quien, lejos de casa, se encuentra perdida en medio de un mundo nuevo, lejano a las tradicionales maneras de su hogar en la provincia de Dinamarca.

En un tono que toma distancia de filmes de terror puro, y más cercano al suspenso que incluye elementos sobrenaturales, La maldición de Thelma (Thelma, Noruega, 2017) nos lleva a un campus universitario donde la joven confronta su educación y vida cristiana con múltiples estímulos, desde la información científica de sus clases y la cotidianidad mundana de sus compañeros, a una libertad sexual que no conocía con anterioridad.

Joachim Trier y su escritor de cabecera, el guionista y también realizador, Eskil Vogt, forman una película fina, interesante y a ratos densa que recupera las viejas supersticiones asociadas con la epilepsia (y otros trastornos o condiciones mentales) para apropiarse de tópicos corrientes como el crecimiento, las condiciones de las mujeres jóvenes en la época contemporánea, y, como cereza del pastel, la brujería. Todo esto para llevarlo hacia una pieza autoral que muestra el choque de la tradición cristiana con el conocimiento científico.

El filme es un sobrio cuento de brujas que permite al espectador ser juez y parte de un mundo sensual pero oscuro. Las rupturas que padece Thelma, su apertura y despertar homosexual, o sus nuevos conocimientos seculares –todos como representación del pecado– van a llevarla a recuperar (y sufrir) una habilidad telequinética muy poderosa que parecía perdida desde su infancia.

La maldición de Thelma conduce esta historia de prejuicios y miedos hacia el reflejo fílmico de la hechicería y el tratamiento de las supersticiones; incluso se convierte en una gran representante del súbgenero del horror corporal. Trier trabaja con su equipo acostumbrado además de Vogt, el compositor Ola Fløttum y el cinefotógrafo Jakob Ihre, para dar como resultado una de las películas de género más sofisticadas que el cine nórdico ha producido desde Déjame entrar (Tomas Alfredson, 2008).

*Texto publicado originalmente por Cineteca Nacional en marzo de 2018 y reeditado para F.I.L.M.E.

 

2.04.18

Julio César Durán


@Jools_Duran
Filósofo, esteta, investigador e intento de cineasta. Después de estudiar filosofía y cine, y vagar de manera "ilegal" por el mundo, decide regresar a México-Tenochtitlan (su ciudad natal), para ofrecer sus servicios en las....ver perfil
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