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Berlinale 69: -Berlinale Special-

A propósito y homenaje a la participación del director Gregory Nava como jurado para el Glashütte Original – Documentary Award (a darse a conocer también en la ceremonia de premiación del festival) se presentó en el marco de la sección Berlinale Special el largometraje de 1984 El Norte. Trayéndonos a cuenta una versión restaurada de la odisea migratoria de dos hermanos en su viaje desde Guatemala hacia Estados Unidos, el celebrado filme (antaño nominado al Oscar por mejor guión) puso frente al público berlinés temáticas, en el actual contexto, aun vigentes y esencialmente no lejanas, regresando a la memoria las actuaciones de Ernesto Gómez Cruz, Zaide Silvia Gutiérrez y David Villalpando. 

La sección presentó filmes de amplio espectro regional, entre documental y ficción. Por ejemplo, The boy who harnessed the wind de Chiwetel Ejiofor, filme de ficción basado en la novela autobiográfica de William Kamkwanka (disponible en Netflix). Esta epopeya infantil toma forma en Malaui, país del África Oriental, donde Wiliam (Chiwetel Ejiofor) se dedica a la búsqueda técnica y obsesiva -por la sed del cuerpo y de la mente-. En un momento feroz de crisis alimentaria debida a la implacable sequía africana, el niño protagonista emprenderá una heroica gesta autodidacta con el objetivo de lograr aprovechar los limitados recursos científicos de una biblioteca improvisada y pobre, visitada a escondidas por no poder pagar las colegiaturas y por ende ser excluido de las clases. Los pequeños logros de la rural ingeniería, la pepena y la necesidad de sacrificar los pocos recursos con que cuenta la familia conforman el meollo de la trama. Los problemas tan esenciales y básicos a los que se enfrentan los protagonistas contrastan con el manejo del filme, que presenta a veces un heroísmo de impronta hollywoodiana, que nos recuerda una suerte de forma invertida de The Pursuit of Happyness (Muccino 2006). En esta película no es el padre quien se ocupa del hijo sino viceversa. De los dos propuestas preferiríamos una África fantástica que otra fabulita neoyorkina. Un filme ideal para conocer un paisaje lejano y diferente y también para autoflajelarse por aquello de “saltarse” la clase para jugar con globos de agua.

La estrella de la sección, sin embargo, la encontramos en la película inaugural: Gully Boy de la directora Zoya Akthar, un excelente largometraje hindú. Que nos presenta la historia de Murad, un joven perteneciente a una familia pobre de Dhravi en Bombay, quién en el juego entre la rima y el rap encuentra la motivación para expresar y resistir su condición de vida precaria. El nuestro es un héroe ingenuo y sencillo, con virtudes y defectos -propios de todos- y quien en el camino hacia su realización y éxito, da muestra de lo complejo de la amistad y la dificultad de la congruencia en el -tercer mundo-, en el contexto de la exigencia de la rima, el ritmo y el reto a sí mismo a ritmo de rap. El filme no estaría tan logrado sin la soberbia actuación de Alia Bhatt encarnando a Safeena, pareja de Murad, personaje y actuación que se lleva muchas veces el rol protagónico, sensual y carismática orate femenina. Bhatt encarna a una mujer celosa empedernida, estratégica y brutal. El plot de Romeo y Julieta se actualiza con éxito en el filme, el cual, también y por fortuna, en una ejemplar secuencia, es acertadamente crítico e imparcialmente incomodo con el turismo humanitario; con un solo golpe se vuelve implacable con las buenas conciencias: knock out.

 

Alan Pérez-Medrano


Realiza estudios en Berlín con la firme intención de doctorarse con un proyecto que pretende alternar teorías ortodoxas rusas de corte cristiano y endecasílabos albureros en toscano antiguo. Entró al cine de la mano de Chavela Vargas y un pinche chango, calcula salir bien librado de ahí.....ver perfil
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