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Berlinale 69. Revolución en la hora de Bolsonaro

Marighella no vio venir a Bolsonaro. Según el director, Wagner Moura, la película sobre el guerrillero brasileño Carlos Marighella comenzó a filmarse durante el periodo de Michel Temer, tras el impeachment de Dilma Roussef, y por lo tanto no se vincula directamente con ninguno de los gobiernos de Brasil de la última década: “Esta película no responde a Bolsonaro. [...] Por supuesto, esta película es uno de los primeros productos culturales de esta nueva era y está abiertamente en contra de lo que representa Bolsonaro”, afirma Moura en Berlín. La película tuvo su premier internacional en la Berlinale, donde participó en el Concurso, pero fuera de competencia, y con ello emprendió el incierto camino de su publicidad.

Todavía no se sabe cuándo y cómo será el lanzamiento en Brasil, pero la historia sobre la vida y pasión del guerrillero Marighella ya vislumbra una recepción polémica (y no sólo por parte de la derecha brasileña, afirma Moura). La situación política tras la elección de Jair Bolsonaro nos deja el regusto de un inquietante dèja vu: la tortura, la opresión, el uso estatal de la violencia contra los disidentes, los ataques fascistoides vuelven a tener presencia discursiva en un momento histórico que se parece, y no poco, a los discursos tras el golpe de Estado de 1964 y la implantación de la dictadura de Getúlio Vargas. En Berlín la película recibe mucha atención por la hora histórica que se vive y por la naturaleza crítica de la Berlinale.

Tras una prolífica carrera como actor, ésta es la primera película que Wagner Moura dirige. Además de haberse inspirado en la biografía sobre Marighella de Mário Magalhães, Marighella, o guerrilhero que incendiou o mundo (2012), Moura apunta hacia la atracción que ejercen los levantamientos populares:  “Desde siempre, no sólo he estado fascinado por Marighella, sino también por las historias de resistencia en Brasil. Estoy fascinado por los mâles, una rebelión negra en mi tierra, Bahía. Los canudos. Demostraciones populares de ira contra el Estado o las dictaduras, contra los regímenes antidemocráticos. Especialmente en el periodo de la dictadura, porque era cercano a mí, temporalmente.” La suya es una obra que se inserta en la tradición de obras sobre los revolucionarios latinoamericanos, de Zapata y Sandino a Castro y el Che Guevara. Está basada en hechos históricos, a través de una documentación, pero Moura asegura: “No quería hacer un documental. Ya hay varios sobre Marighella. Quería una película de ficción”.

La película se centra en los últimos meses de la vida de Carlos Marighella y recorren los atentados terroristas revolucionarios y las movilizaciones urbanas en Sao Paulo, que concluyeron con el asesinato del revolucionario brasileño. Sus 155 minutos de duración se experimentan con velocidad: la cámara se mueve frenéticamente, las actuaciones son intensas, vehementes, y la acción se acompaña con una selección eufórica de música brasileña. Seu Jorge, el protagonista, nos ofrece quizás lo más logrado de la película: una representación sólida de un personaje que la historia oficial de Brasil había tratado con desdén. Considerado por algunos como “terrorista”, por otros como un “revolucionario” casi mesiánico, Marighella recibe por parte de Moura una mirada más bien simpática. Esto irrita e irritará a algunas personas en Brasil, en particular al presidente.

Las virtudes o los defectos de la película no son lo que está en el centro de la discusión: lo que importa más es la tensión que se genera entre la aparición de esta película biográfica y la circunstancia política brasileña. Aunque ubicada en los años sesenta, el devenir de la política brasileña otorga a la película actualidades que hace algunos meses eran imprevistas. “Es un cambio de semántica”, señala Moura, en referencia a lo que hoy significan las palabras dictadura o golpe de Estado. Racismo, fascismo y odio a la diferencia surgen como ideologías que logran su justificación pública y amenazan de muerte la disidencia. Bruno Gagliasso, que representa el papel de Lúcio, el verdugo de la dictadura en el caso Marighella en la película, señala que hacer esta obra era importante para el futuro: “Mi hija es negra y ha pasado por eso [el racismo] en Brasil”. 

Marighella no vio venir a Bolsonaro, pero Bolsonaro ya repudió la película públicamente. Los tiempos y los fascismos se parecen, pero la información hoy circula de otros modos. Hay nuevas maneras de dar batalla.

Rodrigo García Bonillas


Ensayista. Vive en Berlín, donde estudia un doctorado en Filología. Adicto a la cultura rusa, se dedica a investigar la literatura de viaje a la Unión Soviética. Es autor del libro Gótica del búho (Siglo XXI, 2018) y colaborador en diversas publicaciones periódicas. Ha sido becario de la Fundación para las Letr....ver perfil
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