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Foro 32. Pájaro Azul
por Jorge Luis Tercero Alvizo
@GiorgioDammit

La poderosa fuerza expresiva de un azul monocromático enmarca, a momentos llena de agitaciones oníricas, unos lejanos paisajes africanos llenos de meditaciones. Estamos hablando del más reciente largometraje del director belga Gust Van Den Berghe, Blue Bird, filme donde la trama se funde bajo el azul de los recuerdos.

Van Den Berghe (bailarín de profesión y también de la imagen cinematográfica) cineasta que no quería ser cineasta, frenético buscador de la visión perfecta y de la poesía, regresa al cine internacional con Blue Bird; su segundo largometraje después de Little Baby Jesus of Flandr (2010).

Esta nueva cinta, libre adaptación de L’oiseau Blue del premio Nobel belga Maurice Maeterlinck, fue ambientada en el Togo (África) y nos relata la aventura de dos hermanos, Batiokadié y Tené; al mismo tiempo que nos muestra la historia de su padre, un carpintero que carga un ataúd en su moto para una entrega. Los dos niños, hermano y hermana, tras perder un simbólico pájaro azul, se enfrascarán en su búsqueda por toda una jornada. Al mismo tiempo el padre transporta un ataúd para un difunto, pero de camino en su misión, aquel féretro se convierte en el emblema de otro viaje, un viaje al mundo de los espíritus. Tanto el carpintero como sus hijos, en este recorrido iniciático, en este eterno retorno, circularán a través de un orbe donde la vida, la muerte y el sueño cohabitan libremente. Recorrerán un mundo poblado de fantasmas y alegorías; se reencontrarán con sus abuelos fallecidos; conocerán al amo de los placeres, a los niños no nacidos y al rey del tiempo, entre otros misteriosos personajes. Hasta aquí la reseña de los hechos.

Estamos frente a una película que intenta ser rebuscada y enternecedora a la par pero que tal vez no consigue más que una (o una y media de sus intenciones); un filme que quisiera elevarse hacia la expresión metafísica de un Tarkovski o descender hacia las profundas ensoñaciones poéticas de un Buñuel. Pero que por desgracia, a momentos, cae en los juegos banales y preciosistas de un Apichatpong Weerasethakul o de un... Reygadas. Con un ritmo pausado y melancólico, tal vez una las mejores secuencias es aquella en la que aparece el personaje llamado "El Rey del Tiempo". La plasticidad de dicha parte del filme fue construida con un cuidado envidiable. En ésta admiramos cómo un montón de niños con sombreritos bastante sugestivos inundan la pantalla durante unos minutos, como fantasmas que aparecen súbitamente para dejar un mensaje misterioso: Niños con gorros que asemejan condones del seguro marchan (estilo secuencia de The Wall de Alan Parker), conducidos por el megáfono de este Cronos. ¿El mensaje de esta secuencia? Aún seguimos debatiéndonos al respecto pero está muy bien hecha. Muy chingona.

Van Den Berghe ya nos había adelantado algo sobre su fascinación por generar imágenes random, supuestamente llenas de poesía; imágenes y secuencias que según él, digan algo por sí mismas, aparte de ser segmentos en la estructura de una película. A momentos parece que lo logra, pero en otras ocasiones abusa del recurso. Recordemos que cuando se trata de tiempos muertos, no todos somos Jim Jarmusch.

La banda sonora, elaborada por el compositor independiente Alexander Zhikarev, ha sido uno de los dispositivomás acertados en esta película; es parte esencial de esas atmósferas oníricas-contemplativas que el director buscaba construir. Esta música del filme a momentos recuerda mucho al trabajo de la banda islandesa Sigur Rós.

El hecho de que la trama del texto de Maurice Maeterlinck fuera situada en África, en lugar de algún escenario europeo y sin reproducir los típicos clichés sobre el continente negro, es otro de los aciertos más llamativos del filme. Aquí apreciamos cómo visualmente se revela un poco de la belleza africana pero acompañada de música experimental que nada tiene que ver con los sonidos locales; un juego audio-visual bastante destacable y refrescante.

Y ahora, sobre el misterio de ese pájaro azul tan prometido en la cinta quisiera agregar un dato final. En una función de Cineteca el director nos contaba una anécdota: “Cuando fui a África en verano efectivamente encontré un pájaro de plumaje azul; cuando volví en noviembre para filmar la película el pájaro ya se había ido. Es un ave que sólo se encuentra en verano…”. Y es que efectivamente el pájaro azul no aparece en la película, lo cual perturbó a muchos en la sala; se trataba de una paloma que con ayuda del filtro monocromático y de la imaginación del espectador (que en algunos casos estaba tan averiada como la copia de Blue-Ray que nos proyectaron ese día) se torna azul. La magia del cine ataca de nuevo.

Así, a pesar de que la película se nutre de tan poderosos y expresivos elementos, estos no llegan a consolidarse en un todo completamente armónico; aparte del pájaro azul, algo más por ahí queda volando en el aire sin conseguir remontar. Tal vez ese exceso de intuición al filmar, tal vez el preciosismo exacerbadoo quizás el que Van Den Berghe aún no defina cinematograficamente qué es lo que realmente le quiere comunicar al espectador, más allá de una concatenación de atmósferas super introspectivas. Sin embargo es un director joven y todavía puede dar muchas sorpresas, habrá que esperar. Asi es como Blue Bird se queda como una exquisita travesía visual, a instantes una crítica social de bajo impacto dirigida desde la fantasía y un intento de conexión hacia nuestros recuerdos más puros. Otras veces será una danza llena de sensibilidad pero sobre todo, una íntima evocación de la infancia.

12.06.2012

Jorge Luis Tercero Alvizo


@GiorgioDammit
En ocasiones simplemente Giorgio o George, es un sirviente de la palabra (online) que escribe sobre variadas cosas y temas, aunque a veces nada tiene sentido y todo se condensa en un insensato diálogo interno. En el centro....ver perfil
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