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The World´s End

El mundo termina siempre entre unas buenas chelas.

por @GregorioLywer

 

Regresan el gordo y el flaco de la comedia de los nuevos tiempos (Simon Pegg y Nick Frost) a la pantalla grande con la nueva cinta de Edgar Wright, Una noche en el fin del mundo (The World’s End, 2013).

Después de haber probado el género zombi con Shaun of the Dead (2004), el thriller de acción (y detectivesco) con Hot Fuzz (2007) y las adaptaciones de comics con Scott Pilgrim vs the World (2010), ahora el ñoñazo de Wright nos llevará a presenciar el fin del mundo de la mano de sus inseparables y deliciosos musos, Pegg y Frost.

La trama gira en torno a un grupo de amigos que se conocen desde la infancia: Steven (Paddy Cosidine), Oliver (Martin Freeman), Andy (Frost) y Peter (Eddie Marsan), encabezados por el inmaduro, soez y alcohólico Gary King (Pegg). La película habla de gente normal como muchos de nosotros: cinéfilos, adictos a la contracultura, fans de los comics, melómanos empedernidos y soñadores, que en comparación con algunos de nuestros compañeros y conocidos “exitosos”, aparecemos como insulsos seres infantiloides atorados en la pubertad. Justo eso le sucederá al protagonista, Gary, al reencontrarse con sus amigos triunfadores en el pueblo donde todos ellos crecieron.

Los viejos camaradas de parrandas han madurado, han envejecido, han progresado y han conformado sus propias familias; todos excepto Gary, quien sigue siendo el mismo Peter Pan de siempre. En su reencuentro, que pintaba para no ser la gran parranda épica que todos esperaban, el antiguo líder de borracheras propone hacer el recorrido de la “Mina dorada”, una excursión etílica a lo largo del pueblo o lo que significa beber en todas las cantinas locales -doce para ser extactos- hasta llegar a la última y más popular, cuyo nombre es precisamente “El fin del mundo”. De manera cursiosa, el fin del mundo llegará cuando este grupo de demenciales borrachos descubra que los tiempos han cambiado y que algo maligno amenaza a la raza humana desde profundidades cósmicas. Sólo su alcoholismo desenfrenado y su lado más holgazán podrá salvar al planeta de una desgracia sin precedentes.

Algo que uno termina amando de esta película es el cómo Edgar Wright revoluciona la idea de heroísmo en una cinta de ciencia ficción. Con un estilo de comedia que por ratos recuerda mucho a los Monty Phyton, la película narra la lucha entre los nuevos tiempos y los viejos tiempos, entre lo que fue ser joven en los 90 contra lo que es ser joven en plena era digital; la lucha de la nueva tecnología contra la tecnología análoga. La película está llena de referencias de ese tipo, con muy buen timing cómico. En el fondo es la misma fórmula que ya habíamos visto en las predecesoras donde aparece el antes mencionado dúo dinámico, aunque esta cinta tiene un toque nostálgico que a muchos habrá de llegarnos. Sobre todo a aquellos que nos tocó todavía un poco de la época del cassette y del VHS y que vivimos la transición a lo digital.

La humanidad no está basada en el éxito de sus triunfadores sino en la gloriosa senda de sus perdedores, es algo que The World's End nos deja muy claro. Siempre podremos salvar al mundo mientras agarremos una mega pedota con los amigos o quizás no, quizás todo suceda dentro de nuestras delirantes cabezas de borrachos pero con salvar los recuerdos bastará. Una oda a la holgazanería como reafirmación lúdica; porque aquí se habla de la otra mediocridad, no la que el sistema juzga como no productiva sino la parranda, última emancipación necesaria del hombre pacífico que lo único que desea es divertirse. El cine de Wright, Pegg y Frost vuelve a cumplir su misión catártica, vuelve a inspirarnos una sensación de empatía con el lado jocoso de la humanidad. Porque si no es así (si no se nos permite la amistad sincera y un poco de diversión), más allá de estas ruinas del progreso fallido entre las que vivimos, ¿qué más nos queda?

 

11.10.13



Gregorio Lywer


@GregorioLywer
Nació en la Nada de un barrio proletario cualquiera, hacia la Nada se dirige. Soy un lector de abismos y un soñador de vacíos fuera de servicio. Vivo en el delirio perpetuo, entre las sombras del caos citadino y las ris....ver perfil
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