siguenos
Melancolía ovina

por Miriam Lomas

 

Las ovejas son uno de los animales domésticos más antiguos de la humanidad. Mouton (bórrego, en francés) también es un joven tímido con una interacción social extraña. Los ovinos son considerados criaturas inofensivas y hasta estúpidas. Mouton es gentil y abstraído, amante del rock pesado y del orden. Se ríe de la nada, contagia a los que lo rodean con su ingenuidad.

El debut fílmico del dúo francés Marianne Pistone y Gilles Deroo, nos muestra el duelo tras la pérdida de la infancia y la vida. Oveja (Francia, 2013) distingue dos secciones: la primera es una descripción sensorial del mundo de Mouton (David Merabet) y la segunda representa la pérdida del sentido temporal y espacial a partir de la ausencia del protagonista.

Joven espera afuera de la oficina donde la decisión de separarlo de su madre se lleva a cabo. Sólo observamos su figura por la ventana. La mamá no es apta para cuidarlo, es alcohólica. La decisión está tomada. Un énfasis en el exterior y el interior se dramatiza con el uso del sonido. Lo que existe afuera es borroso, distorsionado y lejano.

Oveja se viste. La cámara testigo lo acecha desde afuera del cuarto mientras él dispone su ropa en la cama. Oveja cocina. Sus manos son artesanas de los platillos que sirven en el restaurante. Cada ingrediente es ordenado con minuciosidad, tal como un arquitecto hace los trazos de su obra. No observamos exteriores, la cámara lo espía. Oveja ama. Sentado alado de una radiante y joven mujer, comienza a tocarla poco a poco para luego arrancar el vuelo con los besos. Los dos son tímidos, genuinos y avanzan a velocidad torpe. Risas nerviosas que invaden su sexualidad mientras descubren el nuevo mundo de la piel desnuda.

A lo largo de la primer parte, los rostros de los personajes no son encuadrados, en cambio retratan sus espaldas como si la cámara fuera un personaje que está constantemente observando sin ser visto. Incluso, en algunas ocasiones, es un juez de angular picada que espera el momento correcto para atacar.

La oveja agrupada en rebaño adquiere el significado del grupo, obediente y dócil se somete al poder de un superior. Mouton se deja escupir en la cara por sus amigos como rito de iniciación. Cada uno se acerca a él y le escupe, el joven ovino parece disfrutarlo y ríe, todos ríen.

Perros que buscan su próximo alimento, perros que encuentran a Mouton. Está cerca el festival de Santa Ana. El protagonista se alista para ir a la fiesta, de nuevo dispone su ropa en la cama. Crea un conjunto que da la impresión de haberse esfumado. Lo único que queda son sus pedazos de tela sobre el colchón.

Después de la peregrinación al muelle, festejo de la patrona del lugar, todos bailan, se besan y tocan. Es un mundo totalmente extraño lleno de botargas, alcohol, música y desenfreno. Esta es una de las secuencias más largas de la película. Rompe con la linealidad lógica porque dará lugar a la nueva sección del filme.

Los borregos son también símbolo de ingenuidad y desamparo frente a los enemigos. Las horas pasan en la fiesta de Santa Ana. La luz del sol se extingue así como el ánimo de las personas que antes bailaban. Cae la noche, Mouton parado en un extremo del puente, momentáneamente, un hombre toma una sierra y lo hiere. Lo corta como una fiera que muerde el costado de su presa. Mouton está en el piso, convulsiona, sus pies se mueven. Perdió el brazo.

En la segunda parte del largometraje existe una discontinuidad explicada por los directores como retrato de la pérdida de lo familiar, lo conocido y seguro que implica la niñez. En este nuevo mundo no son claras las sensaciones ni la narrativa. Al contrario, los personajes vistos repentinamente en la primer parte, cuentan un poco de lo que son en esta sección.

Es importante resaltar que existe un vacío en la lógica de lo ilógico de esta segunda sección. La pérdida espacio-temporal (aspectos sumamente simbólicos y artísticos) no logran ser introducidos con total unidad. Dicho objetivo se ve distorsionado por la semejanza a recomenzar la historia, pero con nuevos personajes de forma individualizante.

Hasta la última parte es cuando entendemos que aún existe unidad y esta se encuentra en la melancolía del adolescente que extraña a Mouton. Su fumar nostálgico da comienzo con la sensación común de los habitantes. Aún recuerdan a esa oveja bienintencionada, amable y noble. Hablan del que ya no está, porque a pesar de que el lugar es el mismo y las personas siguen ahí, Mouton dejó un hueco. El ritmo de vida ha cambiado.

A lo largo de 100 minutos, rodados en formato 16mm, revivimos un recuerdo; nostalgia y anhelo de lo perdido comenzando por el brazo del ovino y continuando con la pérdida de su presencia. Ganadora en el 2013 como mejor ópera prima en el Festival de Cine de Locarno y también ganadora del premio especial del jurado, Oveja enmarca la melancolía de lo que nunca volverá a ser o simplemente nunca fue. Lleva al espectador de un lugar y personajes conocidos, tanto táctil, visual y sonoramente, hasta un mundo hostil, descontrolado y extraño. Es ese Edén perdido que el recuerdo mantiene con anhelo, pero nunca vuelve a la realidad. La pérdida de la infancia, de una extremidad, de la inocencia y de la oveja.

 

09.03.14

Miriam Lomas


@miriworld

Ser abstruso que busca sentido con lo que aprende. Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la FCPyS de la UNAM. Amante de la Filosofía y la Fotografía, de las palabras y el silencio.

....ver perfil
Comentarios:
comentarios.
Comentar:
Nombre*

Email

Website

*