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BAFICI: El congreso

Directamente desde la pampa, la primera colaboración de nuestro corresponsal latinoamericanista que nos da signos de vida sobre la gozosa salud del festival Bafici.

por Axel García Ancira

 

El Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI) tuvo su noche de gala con un vibrante FILME que es, al mismo tiempo, un manifiesto a la necesidad de un cine independiente, fuera de los tentáculos de los estudios de cine. El Congreso, del israelita Ari Folman, es en muchos sentidos como una gran pieza de orquesta, que, sin embargo, comienza con el sonido titubeante de un solo instrumento: una cámara casi fija.

Así, los primeros planos nos sumergen en un letargo, parecido a la cuenta regresiva de la Europa ('87) de Lars Von Trier... una hipnosis que pareciera querer aproximarnos al cine en su mínima expresión, apenas un campo y contra campo  y un diálogo obscuro y agobiante. Aquí también nuestra memoria cinematográfica nos permite intuir que estamos ante un filme de heroína..., aunque confirmar este hecho nos llevará casi media película.  El congreso, en cambio, no tarda en develar sus dos conflictos principales: Robin Wright, la actriz de Forrest Gump, se interpreta a sí misma, en una especie de vida paralela, en donde su carrera es un fracaso por sus “aparentemente” malas decisiones para tomar oportunidades de trabajo.

Sin embargo, en este mundo paralelo (quizá no tan paralelo) el cine está en proceso de una transformación mayor incluso que la del color o la del sonido sincronizado: las películas serán hechas por actores clonados por una computadora. Hasta este punto, el planteamiento parece una ciencia ficción interesante, pero en un tema que no resalta por ser novedoso. Ya antes, Simone (Andrew Niccole, 2002)  planteó los dilemas morales de crear una actriz por computadora, y Holy Motors (Leos Carax, 2012) también expresa en alguna de sus mejores escenas el paso de la actuación humana, al escaneo de los movimientos humanos para  recrear vida en creaturas no humanas. Sin embargo, es en la oposición de Robin a ser clonada, en donde El congreso adquiere autonomía temática, y el filme se vuelve profundamente filosófico, e imperdible para cualquier estudioso de semiótica: ¿Qué es una actriz que es desprendida de su físico para ser manipulado por otros? Tema futurista, ciencia ficción... hasta que los motivos puestos sobre la mesa de negociación nos obligan a pensar en el propio mundo. Es Al, el representante de Robin, quien le recuerda que un actor es ya una pieza de ajedrez, que nuca ha tenido control de nada... Con todo, este pequeño problema no es más que el firme inicio de una película en donde toda la rigidez de un inicio cuasi naturalista, se desintegrará en la pantalla y ante nuestros ojos, cuando el filme avance 20 años al futuro, a un mundo en donde un importante congreso tendrá lugar, y al cual sólo se puede asistir convirtiéndose en una caricatura, con el ávatar de un dibujo animado. No obstante, esta vez el término ávatar parece sobrar, pues no parece ser una  representación, sino la propia existencia lo que está en esa ciudad de dibujo. Imposible, en este punto, no recordar a The Matrix, aunque también es justo retomar la última de los Wachoswki, Cloud Atlas, en la que coincide, sobre todo en una visión distópica futurista.  E incluso podemos pensar en ¿Quién engañó a Roger Rabit?, o en la estructura de El Mago de Oz. Hasta este punto es posible escribir una crítica que acompañe el relato, en adelante, lo mejor es dejarse llevar por el mundo de ensoñación de seres reales, pero dibujados , en donde los niveles de realidad se funde a menudo, para no dejarnos conocer con claridad qué es lo que ocurre y que es lo que es soñado, o hasta dónde lo que sentimos es producto de determinaciones creadas por el entorno construido para que sintamos las cosas de determinada manera. ¿ciencia ficción o metáforización de nuestro siglo XXI?

El congreso puede llegar a ser una película confusa, un flashazo, una fumada, pero solo en un nivel en el que no se comprendan las líneas marginales que son continuamente apuntadas por Folman en su filme, cuyo epílogo termina siendo una profunda reflexión sobre la ausencia como muerte, y de la reconstrucción del recuerdo como posibilidad de su superación. Pero más aún, El congreso es un filme sobre la sociedad de consumo y su relación con las posibilidades multiformes en que ellas aparecen. Así, el juego de verdades y realidad toma un nuevo sentido ante la pregunta de si es posible salir del reino de lo aparente; el viejo relato platónico es el gran transfondo de esta película polisémica, parecida a una visión de la vida de la humanidad en el momento antes de su suicidio. Ari Folman recrea toda la belleza en El Congreso de un jardín paradisiaco, sólo para preguntarnos a todos, ¿qué hay detrás de este mundo virtual que hemos creado?

Mise en abyme, juego de matrushkas, en un filme en donde los planos crean y recrean sitios para la claridad y el ocultamiento, en donde por momentos seguimos una historia alucinógena, en la cual, sin embargo, sí es posible distinguir entre todos los juegos de acciones del relato una búsqueda profunda que va más allá de los deseos y móviles de Robin,  quien busca continuar en su propia búsqueda por lo profundamente humano. 

Folman no está simplemente haciendo una mixtura, un posmoderno pastiche. Recrea las pupilas, mostrándonos nuestros más profundos deseos, al tiempo en que “sube la lupa” para permitirnos ver los niveles estructurales de nuestros sueños. Relato al fin y al cabo, pero que rompe con las propias fronteras, con la idea del tiempo, tal como lo conocemos, pues el tiempo que pasa no se corresponde con el del envejecimiento, así un año o cien años, son relativos, el espacio es reinventado, para poder generar cualquier lugar, lo que vemos es relativizado, en un número infinito de posibilidades: la experiencia de lo visual como potenciador de experiencias es magistralmente cuestionado por Folman. Y más aún, cuestiona la misma otredad; en El congreso el que no es yo es sólo una proyección de lo que quiere mostrar, y toma forma como algún ícono elegido: Cantinflas o Jesucristo, por ejemplo.

Y como este filme aún no se estrena en México, y en F.I.L.M.E de ninguna manera promovemos la piratería, quizá sólo pueda experimentar la sensación de esta historia de descorporización, atrayendo al momento La última pregunta de Isaac Asimov: 

Pero no había ningún Hombre a quien AC pudiera dar una respuesta a la última pregunta. No había materia. La respuesta —por demostración— se ocuparía de eso también.

Durante otro intervalo sin tiempo, AC pensó en la mejor forma de hacerlo.

Cuidadosamente, AC organizó el programa.

La conciencia de AC abarcó todo lo que alguna vez había sido un Universo y pensó en lo que en ese momento era el caos.

Paso a paso, había que hacerlo.

Y AC dijo:

«¡HÁGASE LA LUZ!»

Y la luz se hizo...

Un resplandor recorre el mundo, es el resplandor del Cine.

 

06.04.2013



Axel García Ancira


Paranóico, verborreíco, postapocalíptico, dialógico, de México, herético, senso-estético, retórico, orgiástico, teorético. Productor y realizador para Hispan TV, actualmente estudia una maestría en estética en el Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos de la UNAM. ....ver perfil
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