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Las cuatro estaciones del humor inteligente
por César De la Vega

Las cuatro estaciones, producción italosuiza, es una historia de reflexión, donde el ser humano no importa más que un vegetal, ni una cabra produce más que un mineral. Todo es, en sí, el conjunto de un mismo ser.


Michelangelo Frammartino nos cuenta en su ópera prima (Las cuatro estaciones, 2010) la historia de diversos protagonistas con diferencias, digamos, un tanto marcadas. Un pastor anciano muy enfermo con costumbres de antaño; un cabrito recién nacido que explora el nuevo mundo que se le abre a su paso; la vida de un castaño desde que aflora hasta que se marchita; y la costumbre de un hombre de transformar madera en carbón.

La película no nos habla sobre el hombre, al menos no como un ser que en el ideal moderno se considera superior a lo que lo rodea, sino como ser simbiótico al que afecta lo que le pueda suceder a una planta o a un animal. Sin embargo el sentido de los seres vivos no termina ahí, pues incluso al morir uno se convierte en recurso para que otro, probablemente considerado inferior, lo utilice como utensilio de supervivencia o uso simplemente natural, pues siguiendo uno de los puntos de la película: todos regresamos a donde pertenecemos, todos vamos hacia la madre tierra.

A lo largo de la película, que tiene cierto estilo documental, se nos explica, de una forma metafórica, lo que el ser humano simboliza a lado de otros seres, no sin bastante humor, que, finalmente, la hizo triunfar tanto con el Premio Especial del Jurado Palm Canina en la Quincena de Realizadores del Festival Internacional de Cine de Cannes 2010, como con los premios del sindicato nacional de periodistas cinematográficos italianos, el premio especial cinta de plata, así como el premio del Filmfest Munchen en Alemania, entre otros.

El director ha dicho que la imagen de su filme “ha contribuido a la idea del hombre como centro del Universo. Y eso es una situación de soledad, de estar demasiado en lo alto. Por eso yo quiero que también sea la imagen la que contribuya a que recobremos el contacto con las cosas. En la naturaleza hay una fusión entre los animales y lo que los rodea. Cuando un pez muere se convierte en arena, o un insecto en vegetal. El pastor de mi película muere y se mimetiza con el resto del mundo.”

Además, la película, carente de diálogos en su totalidad, está inspirada en que el hombre no está hecho solamente de carne, hueso y sangre, sino de algo que va más allá; en un sentido pitagórico, el hombre está compuesto por cuatro tipos de vida distintos: la mineral, la vegetal, la animal y la humana en sí misma. El ser humano parece no ser el centro de la historia esta vez, sino simplemente un elemento más de la naturaleza y el paisaje, que podría definirse como el verdadero protagonista de esta historia contemplativa.

En sí, Las cuatro estaciones de Frammartino puede parecer, en ciertos momentos, una película esotérica con toques de misticismo, sin embargo esto depende de la conciencia del público sobre la importancia del ser humano y la relevancia de los que lo rodean. Si se mira esta película con ojos pacientes, se apreciará una historia llena de reflexión hacia la naturaleza y, como toda práctica de simbiosis, cuando se comience a reflexionar sobre lo que nos rodea, se empezará a gestar un pensamiento más profundo sobre quiénes y porqué somos así.


27.01.12

Praxedis Razo


Un no le aunque sin hay te voy ni otros textículos que valgan. Este hombre gato quiere escribir de cine sin parar, a sabiendas de que un día llegará a su fin... es lo que más le duele: no revisar todas las películas que querría. Y también es plomero de avanzada. Mayores informes y ofertas al 5522476333. ....ver perfil
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