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Tom en el granero. Muestra 56

El sometimiento malsano

por Jorge Ayala Blanco

 

En Tom en el granero (Tom à la ferme, Canadá-Francia, 2013), exasperado primer filme sobre materiales ajenos del genial director gay quebequense de culto a los 24 años Xavier Dolan tras su insuperable trilogía autoral sobre amores contemporáneos homo/bi/transexuales no correspondidos (Yo maté a mi madre, 2009; Los amantes imaginarios, 2010; Lawrence de todas maneras, 2012), con guión suyo basado en la pieza homónima de Michel-Marc Bouchard, el bello hirsuto publicista pelirrojo montrealense y veinteañero gay asumido Tom (el director-editor Dolan posando admirativamente para sí mismo) viaja consternado en su regia camioneta negra hasta la lejana y semiabandonada granja idílica a cuya vera se realizará el funeral de su antigua pareja amorosa masculina, pero queda volitivamente paralizado al comprobar que la tosca vieja madre silenciosa Agathe (Lise Roy) nada sabía de la verdadera orientación sexual del difunto, y a consecuencia de ello y a fuerza de intimidaciones por parte del feroz hermano mayor de aquél, Francis (Pierre-Yves Cardinal), el joven se verá obligado a sostener la mentira piadosa de que el desaparecido hijo menor sostenía una caldosa relación con una compañera de trabajo llamada Sarah, de cara a la anciana inconsolable ya candidata al asilo, aunque desde entonces quedando él mismo atrapado, prácticamente secuestrado o psicológicamente autosecuestrado, sin posibilidad de huir del lugar y desmantelado su vehículo, a merced del desquiciado macho atrabiliario Francis, apestado en el pueblo y encargado a solas del funcionamiento de esa granja con 48 vacas cuyo duro trabajo pronto encandilará al vejado muchacho citadino, quien así aceptará el sometimiento malsano, hasta que haga acto de presencia allí una verdadera/falsa vulgarzona Sarah (Evelyne Brochu) para poner a todos en crisis, sacudiendo incluso la conciencia dormida del apabullado Tom.

El sometimiento malsano funciona como una seducción al revés, malvada, enferma a rabiar, atrapante, arrasadora, sañosa, masoquista, deteriorante y degenerativa, no demasiado lejos del apasionamiento físico y la poderosa e invencible fascinación que a sabiendas de su carácter destructivo/autodestructivo unían al joven héroe a su ocasional sexosatisfactor macho psicótico asesino en El extraño del lago (Guiraudie, 2013), su análoga o alternativa obra maestra si bien ahora meramente mental y territorial, pero como una seducción al fin y al cabo, y como tal poderosa e imposible de romper, ejercida en la total inermidad, contradictoria, operando un perturbador descentramiento axiológico y haciendo presa fácil de las carismáticas criaturas más elementales a los seres sofisticados.

El sometimiento malsano mezcla de modo inextricable en su perverso delirio narrativo al thriller conductual más extraño y misterioso, al melodrama retorcido lindante con la farsa agridulce a lo Billy Wilder, al gélido humor negro a imagen y semejanza de sus desolados paisajes campestres invernaleternos (deletérea fotografía de André Turpin) y un calculada regusto por una sordidez retorcida paradójicamente sublime, con apoyo en canciones s cuyas letras sintetizan antecedentes lamentosos (esa tristeza en busca de reemplazo) o comentan el sentido de hechos cumplidos, los sarcásticos sobrevuelos líricos con cámara aérea, las presentaciones de personajes en off o en dominador cuerpo fragmentado, la trabada imposibilidad de leer una conmovedora oración fúnebre ya redactada y aprobada, la persecución frenética por una milpa cortante como navaja, los inesperados arrebatos de furia cruel o de carcajada salaz que arrastran consigo a una desatada cámara en mano siempre dispuesta, o el nervio revelador de impunes crímenes atroces.

Y el sometimiento malsano remoza un posfassbinderismo de ineluctables relaciones de fuerza por encima y más allá de cualquier forma de erotismo políticamente correcto o socialmente aceptado, como esa liberadora fuga pánica final que identifica con un infeliz pueblerino de boca desfigurada en mueca perpetua sólo atisbado de espaldas.

 

23.04.14

Jorge Ayala Blanco


Crítico de críticos, entre los críticos, para ellos y en contra de ellos, publica ahora todos los lunes y desde 1989 en El Financiero una crítica siamesa sobre el estado de las cosas en el mundo de los estrenos cinematográficos. Autor de tesoros bibliográficos (actualmente incluso electrónicos) a propósito de e....ver perfil
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