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Noche

 

por Adriana Bellamy

 

Pantalla en negro, sonido intenso, plano general. Estructura repetida infinitas veces que en Noche (2013) adquiere distintos valores de espacio y perspectiva. El primer largometraje del director argentino Leonardo Brzezicki se centra en el encuentro entre seis jóvenes —tema recurrente en algunas de las producciones más recientes del cine argentino como en los filmes de Jazmín López (Leones, 2012) o Matías Piñeiro (Viola, 2012)— reunidos en una especie de finca rural en la provincia de Entre Ríos, para recordar a su amigo Miguel. Cada personaje tiene un vínculo importante con el amigo ausente que se irá revelando a lo largo del filme: exnovio, mejor amiga, acompañantes de los amigos cercanos, etc.  No obstante, en Noche poco importa el nombre de los personajes (pues, nunca se establecen identidades directas en el transcurso de la película) inmersos en una historia que funciona más en favor del experimento fílmico que de la ilustración de un guión seguido escrupulosamente.

Desde las primeras imágenes —paisajes al alba cubiertos de niebla, recorridos por alguna figura a contraluz que serpentea a lo largo del encuadre— Brzezicki se propone reinventar la memoria mediante las variadas figuraciones del sonido. El verdadero homenaje de estas seis presencias pirandellianas será permanecer en la finca hasta terminar de escuchar los sonidos registrados por su amigo. El mugir de vacas, el murmullo del río, la voz de Miguel (“Los sonidos dentro de mí”), bullicios citadinos o los estertores del bosque, sonidos que nunca son muestra de una correspondencia total con la imagen, sino que se mueven en los intersticios de espacio-tiempo y serán una alternativa para reconstruir el relato perdido.

Buscando evocar la presencia de Miguel, estos jóvenes recorren distintas topologías internas y externas, entre distanciamientos aparentes y relaciones de cercanía mostradas en extraños momentos de convivencia (como en la escena de la comida de campo, cuyos restos serán devorados por perros callejeros). Así, en Noche la acción dramática es restringida al máximo, el ritmo de las imágenes se produce mediante el uso de la sobreimpresión, donde una imagen persigue a otra, y se exploran las distintas asincronías o conjunciones entre lo sonoro y lo visual. Por tal razón, el sonido no regula la acción sino la fragmenta, la diversifica, creando un espacio fronterizo entre el crepúsculo y el alba, la vigilia y el sueño. Como en el mejor Weerasethakul, la cotidianidad de la naturaleza se vuelve el medio integrante de ideas y estados de ánimo de los personajes: como cuando vemos lo que observa Valeria, la mejor amiga de Miguel, con una cámara subjetiva en ángulo nadir que enfoca las copas de los árboles al compás del efímero sonido de la lluvia.

Me parece que uno de los mayores aciertos del filme se encuentra, justamente, en este tipo de puesta en escena sonora en donde lo que se escucha no se distribuye en relación con lo que se ve. Las asonancias/consonancias sonoras de Noche nos remiten en ciertas partes del filme a presencias concretas (sonidos acústicos directos, como en la secuencia donde Valeria registra minuciosamente el ruido de varios objetos), pero también a sonidos con una espacialización mental precisa (el tan utilizado sonido acusmático), como cuando tenemos una referencia visual específica a los altavoces dentro de la finca que nos cuentan lo acontecido a Miguel.

Los diversos efectos de profundidad, lejanía, reverberación y coloración sonora no son acompañados por la imagen, sino dialécticamente organizados en la expresión espacio-temporal del relato. Brzezicki alterna entre las fusiones de tiempos reales e imaginarios o psicológicos y el sentido geográfico del paisaje, construido tanto a partir de la exploración del plano lateral abierto en exteriores, como de las posibilidades de movimiento dentro de una habitación. De tal forma, imágenes y sonidos se disuelven, se transforman en la indeterminación de lo otro y los otros, las hojas se convierten en río, en murmullo de la confidencia, la luna se asoma entre nubes arrobadas, y, cerca del final, en un punto eje del filme, el rostro de una de estas seis figuras anuncia su propia desaparición en absoluto silencio.

 

17.07.14



Adriana Bellamy



Maestra en Literatura Comparada y Licenciada en Letras Inglesas por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Se desempeña como conductora del Cine-Análisis en la División de Educación Continua de la Facultad de Psicología de la UNAM, ha sido docente en la Facultad de Filosofía y Letras y sus áreas de....ver perfil
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