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Muestra 57: Tan negro como el carbón


por Amado Cabrales

 

Bai ri yan huo o Tan negro como el carbón (China, Hong-kong 2014),  como la conocemos en México y en específico en la 57 Muestra de la Cineteca, es un film noir que se desarrolla en una china industrial y creciente en donde el suspenso es frio y la femme fatale es una silenciosa lavandera.

La historia arranca en 1999, una cámara subjetiva sigue un objeto que a todas luces es un miembro mutilado, envuelto en tela que viaja sobre el carbón. El oficial Zhang Zili (Liao Fan) juega a las cartas con una mujer que será, en unas escenas más, su futura ex esposa. Zhang está distraído y desconcertado, mientras se desenvuelve una investigación que avanza con torpeza: la detención de sospechosos dentro de una estética, misma que termina con la muerte de dos de sus compañeros.  Zhang sobrevive pero dejará la policía para siempre. Cruzamos un túnel y estamos en el 2004, la cámara regresa a ver a un hombre sentado junto a su motocicleta, es Zhang totalmente ebrio, un "samaritano" le aconseja no quedarse allí, roba su motocicleta y a cambio deja la suya más deteriorada.

Nuestro antihéroe toma forma frente a la pantalla, su caída y posible redención estarán íntimamente ligadas al caso que no se resolvió en el pasado y, por ende, a la mujer que se desenvuelve como única pista, uniendo la muerte del pasado con los crímenes del presente.  Nuestro Bogart de ojos rasgados es obviamente un cliché, personaje perfectamente delineado dentro de las formas y protocolos del cine noir que sirve como lazarillo, un medio de inducción a la trama y por lo tanto a la resolución del caso.  Esto no significa un detrimento de la actuación ni de la película en su conjunto, es en todo caso una muestra del ejercicio de género que es llevado a cabo por el director Diao Yi’nan.

El clima, que pasa del verano en el pasado y al frio invierno del presente, hace juego con la cuidada fotografía de Dong Jingsong, quien nos lleva desde arriesgados planos subjetivos a planos iluminados con luces neón y fuegos artificiales. Por su parte, la trama es lineal, los giros en la investigación son pasos naturales dentro de la intriga, cada elemento es presentado pertinentemente, la ausencia de flashbacks es un acierto ya que exige el uso de la memoria por parte del espectador quien va desenredando los hechos en la medida que el director lo desea.

El descenlace presenta una ambigüedad que cierra con estrépito la película. Mas aquel final abierto (o así lo parece), es solo un guiño y en esencia no reformula lo ya establecido a lo largo del guión. Es bastante notable, por otro lado, el personaje femenino encarnado por Kwai Lun-Mei; su aparente  fragilidad y tragedia forman parte de un juego de encubrimientos y charadas, algo muy natural en el cine negro, pero es quizá su falta de glamour y su adecuación al paradigma de la mujer en el oriente, lo que aporta una visión diferida de su contraparte yanqui, hablando por supuesto de las femmes fatales de los años 30.

Tan negro como el carbón es un ejercicio de género, uno muy grande por cierto, que se nutre de la idiosincrasia del gigante del lejano oriente y que plasma la vida en las grandes ciudades industriales chinas por medio de una intriga.

 

20.11.14

Amado Cabrales


@Amado4
Artista plástico, cinéfilo y estudioso del cine autodidacta, amante de toda expresión libre y consiente de la fuerza de la imagen, interesado en las formas y significados que encierra el uso de la información y el ocio.....ver perfil
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