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El árbol de los números

por Jesús Hernández Olivas

 

Las luces se apagan en la sala, algunos ya sonríen en la oscuridad, en espera de esas imágenes que puestas en movimiento, una tras otra a una velocidad que engaña la mirada, simulan la creación de nuevos mundos. Un rayo de luz pasa por encima de nuestra cabeza y choca en la pantalla para despertar en nosotros al niño que momentos antes dormía bajo una máscara de adulto. Habría que grabarlo con letras doradas afuera de cada sala de proyección: el cine es un arte de la imaginación y los mejores custodios de la imaginación son, precisamente, los niños.

 

La imaginación es una herramienta para desarrollar la espiritualidad humana y que reside en la conciencia; se hace evidente en el hecho de modificar la realidad para hacerla maravillosa. Sin embargo, si no se ejercita, la imaginación se puede empolvar, oxidar o en última instancia, atrofiar; esto último se sabe porque con sólo mirar a los ojos de algunas personas, donde uno puede percatarse si éstas han abandonado para siempre la curiosidad infantil para suplantarla por la solemnidad de las cosas serias.

 

Crédulos, con los ojos bien abiertos y esperando el asombro a cada instante es como deberíamos ver el cine en general, particularmente ese que nos ha dado por llamar “infantil”, como si sólo los niños pudieran disfrutar de una buena animación o una historia de género fantástico. Que se sepa de una buena vez que los adultos somos quienes más deberíamos acercarnos al cine infantil porque nuestra imaginación, sofocada por la corbata y el traje en horario de oficina, así lo reclama a diario. A partir de esta premisa, la compañía productora chihuahuense SecuenciaFi realizó el año pasado un cortometraje titulado El árbol de los números (2014), el cual inicia de la mejor manera su paso por festivales de cine, pues ha logrado colarse en la pre-selección del Cannes Short Film Corner de este año.

                

Escrito y dirigido por Isis Kiwen y producido por Jairo Sifuentes –ambos, niños asombrados por el cine y las capacidades infinitas de la lente–, El árbol de los números fue filmado en Cusihuiriachi, un pequeño lugar del estado de Chihuahua que por su escasa población es considerado casi un pueblo fantasma; sin embargo, según las palabras de los realizadores, esos pocos habitantes desbordaron una calidez sin comparación durante los cinco días que duró la filmación del cortometraje. Huelga decir que el pueblo ha revivido de su fantasmagoría gracias a la noticia del Short Film Corner.

 

La historia se centra en una niña llamada Vera (Jocelyn Olague) que prefiere dibujar e imaginar historias en lugar de poner atención en la escuela, por lo que es reprendida constantemente por el profesor (David Pérez), quien la castiga poniéndole unas orejas de burro y dejando que los compañeros de clase se burlen de ella. Vera únicamente vive con su padre Juan (Miguel Serna), quien también la castiga por su mal comportamiento, sin entender que la imaginación de la niña está en una constante búsqueda de su madre fallecida, a la que encontrará de una manera misteriosa bajo un árbol marcado con números.

El cortometraje inicia con la música del compositor Héctor González Sifuentes que acompaña los créditos animados; éstos retratan varios lugares de Cusihuiriachi hasta que desembocan en la escuela primaria. Aquí la animación da paso a la acción real de la filmación e inmediatamente después da lugar a una nueva animación que sirve para introducir una historia dentro de la historia principal: se trata de Ada y Ramón, dos niños que son alcanzados por la noche en medio de un bosque y perseguidos por una bruja a la que tendrán que enfrentar. Lo que Isis Kiwen ha logrado en tan sólo quince minutos es un desplegado metanarrativo del imaginario infantil, donde un relato se incrusta en otro relato general mediante técnicas intercaladas constantemente, pues la animación digital se hace presente de nuevo en el transcurso de la historia para plasmar lo que hay en la mente de Vera. Cabe destacar el trabajo de alta manufactura realizado por el equipo de animación  integrado por Ángel Chacón y Manuel Alderete, que bien podría ser un homenaje al Erizo en la niebla (1975) del ruso Yuri Norstein.

 

Por otro lado, el audio que fue elaborado por Carlos Rojas Hagelsieb en el estudio Rot Producciones tiene un papel importante en este juego de niños, ya que fue diseñado para acentuar el sentido de irrealidad que proviene de la mente de Vera, en contraste con el mundo adulto que la rodea en el pequeño pueblo. En El árbol de los números encontramos audios en reversa y otros escondidos en los límites de lo subliminal; un ejemplo de cómo opera este método de audio lo explica la propia directora: “Cuando presentamos el corto ante los niños, no sabían por qué le tenían miedo al árbol de los números que aparece hacia la segunda mitad del cortometraje, pero fue esa la reacción que queríamos precisamente”.

 

Esta obra de Isis Kiwen está lejos de ser de corte social, pues huye sutilmente de la consabida y sobreexplotada etiqueta del bullying y el vehículo que utiliza para ello es el elogio a la imaginación infantil, ya que Vera finalmente encuentra una manera de estar con su madre y todo es gracias al imaginario que creó en el salón de clases y por el cual era rechazada. Así también los elementos fantásticos de la historia se entremezclan con los reales para dar lugar a un extraño ambiente onírico retratado por la lente de Héctor Lozoya; en esto radica el mayor acierto estético del cortometraje, pues gracias esa atmósfera de ensueño/realidad se muestra cómo funciona la mente de un niño, que no identifica ni acepta de forma natural las solemnes categorías en que los adultos separamos todo lo que nos rodea.

 

El árbol de los números es un cortometraje que será presentado seguramente como infantil en más de un festival, pero lo cierto es que Isis ha logrado una obra cinematográfica que todo adulto debería disfrutar para entender que los niños no necesitan cuestionarse lógicamente lo que pasa en una pantalla de cine, sino que, como bien recomendaba el poeta Coleridge con relación a la fe poética de la fantasía, suspenden la incredulidad de una forma natural y sin esfuerzo alguno. Que el cine infantil nos convierta pues en niños.

 

01.03.15

 

Jesús Hernández Olivas


@_Otro_
Jesús Hernández Olivas (Chihuahua, 1984). Autor de la colección de relatos La sonrisa de la jauría (Instituto de Cultura del Municipio de Chihuahua, 2014). Escribe textos sobre literatura, música y cine en varias publicaciones nacio....ver perfil
Comentarios:
06.04.15
Araceliq dice:
Donde puedo mirar el cortometraje el árbol de los numeros? O donde compro el DVD? Me Ubico en Alabama, EU
comentarios.
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