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LuTo

por Omar Villaseñor

 

Hay cineastas que deciden recoger grandes historias de la literatura, que deciden transformar una obra en otra, lo que llaman hacer una adaptación. Otros directores prefieren realizar una historia totalmente inédita. Dentro de este círculo se encuentra uno menor, el de los creadores que realizan dirección y guión. Y entre todos estos hay quienes deciden materializar una historia sorprendentemente inusual o plasmar algo tan cotidiano que conecte con cualquier persona.

Este es el caso de la opera prima de Katina Medina, directora y guionista de LuTo (2015), obra minimalista que nos cuenta una historia tan común que cualquier espectador pueda sentirse identificado –la decadencia de una relación amorosa–. ¿Y qué tipo de amor aborda la cinta? El amor consumado –su conformación, su punto álgido y su ocaso–, ése que la sociedad dictamina como una de las metas máximas de realización personal, ese amor conformado por la pasión, la intimidad y el compromiso (según la teoría triangular de Sternberg), pasando por la etapa de cariño y enamoramiento, para culminar en un amor vacío.

Bajo un contexto socio-cultural contemporáneo vemos a un pareja de millenials desenvueltos en la era digital, donde las relaciones traspasan el plano físico para verse inmersas en las vías de las redes sociales, lo que aparentemente ha convertido las interacciones personales en algo más superfluo y donde la intimidad individual se ha visto invadida por la inmediatez de las plataformas sociales.

Sin embargo, concretamente hablando de la proyección, nunca terminamos por simpatizar con los protagonistas, que desde el principio son tan antipáticos como su relación. Sabemos muy poco de ellos y la trama se pierde en la naturalidad que busca retratar. Bajo una narrativa no lineal conocemos escenas cotidianas de la pareja retratada, escenas triviales que en ningún momento nos permiten indagar en la psique de los involucrados. Esta cinta, en búsqueda de la simplicidad, cae en lo ligero.

Un argumento que ha sido abordado en tantas ocasiones y de manera continua en los últimos años –claros y comerciales ejemplos: Blue Valentine (Cianfrance, 2010), 500 Days of Summer (Webb, 2009)–, que no termina por mostrar algo nuevo, acaba siendo problemático por la ausencia de diálogos notables y la sobreutilización de secuencias triviales que no hacen sino alejar al espectador. 

Al final, LuTo es un buen ensayo que no termina por explotar la esencia sentimental, ni filosófica de un tema inherente en la especie humana, que con sus escasos/extensos 62 minutos acaba por parecer un cortometraje que se alargó o un largometraje que se quedó corto. Una crónica de una muerte anunciada que no te mueve las entrañas. Aunque en esencia, el ejercicio se cumple, no hay que buscarle, rebuscarle, dar 30 miradas ni someterla a un escrutinio. Es simple, directa y general.

 

29.04.15

Omar Villaseñor Zayas


Medio melómano, medio cinéfilo. defensor de lo hecho en México. Director Creativo en @ToppingCreativo. Colaborador en @FilmeMagazine, @CulturaColectiv y @Extraordinerd. Sígueme en twitter: @omarVzayas

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