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35 Foro. Una relación perversa

Abuso de debilidad y abuso de ambigüedad

por Jorge Islas Herrera

 

La directora francesa Catherine Breillat es bien conocida por su filmografía que explora la temática de la sexualidad de manera directa y realista. Aunque un sector de cineastas conservadores se ha manifestado en contra de la representación tan explícita del sexo en las películas de Breillat, por ejemplo en Parfait Amour! (1996) y 36 Fillete (1988), su cine verdaderamente destaca por la profundidad de la reflexión más que por el acto sexual que se muestra sin pudor en pantalla.

En 2004, Breillat sufrió una hemorragia cerebral que le dejó la mitad del cuerpo paralizada y daños en las funciones cognitivas. Meses después de su rehabilitación, comenzó la producción de su nuevo filme Bad Love, para el cual contrató a Christophe Rocancourt, conocido estafador, para el papel protagónico. Rocancourt hizo lo mejor que sabía hacer y logró robarle a Breillat la suma de €650,000. En Una relación perversa (Abus de faiblesse, 2013), Breillat hace un relato autobiográfico sobre la relación de poder entre un estafador profesional y una directora de cine que queda encantada con la personalidad dominante y egocéntrica del antagonista.

Con esta historia a cuestas, Breillat decidió alejarse de su estilo previo de realismo sexual para realizar un filme catártico y al mismo tiempo explotar el componente reflexivo sobre un punto central: la voluntad. La narración versa sobre la estafa que desde el principio del filme se afianza como algo inevitable. Desde la segunda escena se advierte cuál será el destino de Maud Shainber (Isabelle Huppert) cuando decide contratar a Vilko Piran (el rapero Kool Shen) para su próxima película. En este sentido, el filme tiene una esencia fatalista; con cada escena, Breillat narra situaciones que sólo apuntalan lo que ya es por todos conocido, aceptado y esperado. Cada mentira del estafador es cada vez más pueril e inverosímil; lo que sorprende es ver la docilidad de la mujer que regala dinero sin preguntar.

La repetición y las tomas largas vuelven un tanto monótono el desarrollo del filme, más cuando el desenlace es evidente. No obstante, hay detalles que hacen a Una relación perversa digna de las casi dos horas de butaca. Por un lado, se nota un excelente trabajo de fotografía, montaje y musicalización. En ésta última interviene el célebre jazzista francés Didier Lockwood, quien improvisó piezas con las que logra transmitir sensaciones fuertes en momentos importantes de la película. De igual manera, hay una sutil pero reconocible referencia a La caída de la Casa Usher de Edgar Allan Poe en el modo en que la casa de la protagonista es remodelada sin que llegue a un término. De repente el espacio vital llega a un punto de miseria que refleja la situación de la directora. Es una inteligente alegoría del colapso físico y mental que sufrieron Catherine y Maud antes de tocar fondo.

Un punto destacable es la intención de Breillat de causar incomodidad en el espectador luego de las escenas en las que Maud sufre los ataques de la hemorragia cerebral. En las dos ocasiones que esto sucede, la acción transcurre en pantalla como si se tratara de la coreografía de una danza macabra que deja a su ejecutante en condiciones realmente lastimeras. Estos episodios, aunados a las secuelas de sufrimiento de la protagonista, hacen de esta cinta algo difícil de ver. Recuerda totalmente a La Pianista (2001) y Amour (2012), clásicos de Michael Haneke en los que también participa Isabelle Huppert, como protagonista en el primer caso y como actriz de reparto en el segundo.

Las consideraciones planteadas sobre la identidad y la voluntad de la persona atraviesan las escenas desde el principio hasta el fin del filme. En primer lugar, después del ataque, Maud pierde la memoria temporalmente, es decir, pierde algo de su ser. También, como parte de los efectos físicos de su trastorno, pierde la movilidad, o sea, capacidades que antes gobernaba a voluntad, cosas tan fáciles como caminar con normalidad o poder abrir y cerrar la mano izquierda. Ante estos obstáculos, surge la pregunta, ¿dónde se encuentra la verdadera esencia, la verdadera voluntad del sujeto si el cuerpo y la mente, elementos que siempre son considerados parte de la ecuación del ser, fallan?

La otra cuestión que dispara a quemarropa es el asunto de la responsabilidad de los actos cuando el sujeto se encuentra en circunstancias psicológicas especiales, como les sucedió a Maud Shainber y a Catherine Breillat, después de haberse “recuperado” del ataque. El Derecho moderno separa a las personas que no están en pleno control de sus facultades mentales y les suspende derechos u obligaciones, lo que se conoce como estado de interdicción. El médico diagnostica la enfermedad mental y el juez dicta la interdicción para proteger a la persona y nombra, comúnmente, a un tutor que pueda decidir por ella. En el caso de Breillat hay dos opciones: o el sistema médico-jurídico falló y la dejó desamparada frente a un mundo de caníbales, o como parte de la alienación y por determinación propia (he aquí la ambigüedad) la directora dejó correr en direcciones opuestas su consciencia y sus actos. “Era yo, pero no era yo. Es mi culpa, pero no es mi culpa”. Este es el verdadero sentido, el eje toral sobre el que se construye el filme.

 

22.07.15

Mr. FILME


@FilmeMagazine
La letra encarnada de la esencia de F.I.L.M.E., y en ocasiones, el capataz del consejo editorial.....ver perfil
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