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Tierra de cárteles

por David Ornelas

 

Tierra de cárteles (Cartel Land, Matthew Heineman, 2015) es una mirada luminosa al oscuro territorio de la violencia en México. Una crónica simultánea de dos movimientos civiles armados, las Autodefensas michoacanas y la Arizona Border Reacon, que surgen a raíz de una amenaza común: los cárteles mexicanos de la droga.

Cualquier documental que abra la ventana para echar un vistazo al escabroso escenario de guerra en que se ha convertido la disputa entre los cárteles resultaría profundamente atractivo. Matthew Heineman, director del filme, y su equipo, tienen la virtud de no conformarse con eso y hacer de Cartel Land un cuidadoso trabajo que refleja, ante todo, mucho oficio de documentalista.

Aunque por momentos la música y la edición sonora se exceden al realzar los ánimos, la postura del realizador se antoja neutral y eso favorece una narración sin prejuicios. La evidente labor que se realizó para ganar la confianza de los protagonistas es otro logro innegable, tomando en cuenta que se trata de una guerra con alcances de una brutalidad siniestra, que ha cobrado cientos de miles de vidas y en la que están implicados miembros de todos los sectores sociales y de todas las esferas de poder tanto económico como político en México. A esto se suma el que quizá sea uno de los méritos más sobresalientes; la calidad con que están registradas las imágenes y los sonidos de las secuencias en Michoacán reflejan todo lo anterior: Tierra de cárteles es el resultado del valiente registro documental en un escenario bélico, filmado con la destreza de un realizador fantasma, invisible, que cabe en todos los rincones sin ser visto y que desde ahí lo ve y lo escucha todo con inaudita tranquilidad.

El documental comienza con un inquietante prólogo. En la oscuridad de la noche y al vapor de las reacciones químicas de una cocina de metanfetaminas, un grupo de orgullosos cocineros, “los mejores de Michoacán”, cuentan a la cámara su perspectiva en torno al negocio de las drogas, en  resumen: de no tener carencias económicas, se dedicarían a otra cosa, pero como no es así, hacen bien su trabajo y lo seguirán haciendo “hasta que dios quiera”, porque el negocio sigue y seguirá, de hecho, dicen, lo mejor parece estar por venir.

Pero ese próspero negocio se defiende a tiros y cobra altas cuotas de sangre. Ante la incapacidad o falta de voluntad de las autoridades mexicanas para trabajar en una solución pacífica, surge el movimiento de las autodefensas michoacanas, encabezado, al menos en principio, por José Manuel Mireles. Tierra de cárteles encuentra en el doctor Mireles a un protagonista natural de la historia que se desarrolla en México, porque su carisma, liderazgo nato y la serenidad de su semblante, se prestan con facilidad a la mitificación y desmitificación de un personaje en particular y de un movimiento en general.

Lo que en principio es un retrato emotivo de la valentía de un grupo de michoacanos que se sacuden el miedo para hacer frente a la violencia despiadada de los Caballeros Templarios, se complejiza en la segunda parte del relato en una historia de infiltraciones, traiciones y errores personales, que no es otra cosa que la escalofriante recomposición del organigrama del crimen.

En el documental, la historia de Tim Foley y la Arizona Border Reacon es un relato en espejo de la historia de Mireles y las autodefensas mexicanas, sobre un grupo militarizado que surgió con la intención de contener el flujo de migrantes latinos a Estados Unidos, pero que ha redirigido sus esfuerzos a combatir la presencia de miembros de cárteles mexicanos en Arizona y otras partes de la frontera. El contraste entre el discurso de Foley, plagado de improperios y especulaciones, y la poca acción registrada en sus rondas de vigilancia, apunta a la configuración de una nueva versión del arraigado delirio de persecución de la sociedad estadounidense, el característico temor norteamericano de la invasión proveniente del exterior. Si se piensa en el paralelismo con la escabrosa situación en Michoacán, el quehacer de la Arizona Border Reacon parece juego de niños. Niños jugando con fuego, claro está.

Ya en el epílogo del documental advertimos que la tierra de los cárteles mexicanos es un laberinto circular y que todos los esfuerzos, toda la sangre derramada y todas las víctimas, parecen haber sido en vano. Hemos vuelto al punto de partida, la droga se sigue cocinando y el negocio se antepone a la legalidad y a la paz.

 

04.08.15

Mr. FILME


@FilmeMagazine
La letra encarnada de la esencia de F.I.L.M.E., y en ocasiones, el capataz del consejo editorial.....ver perfil
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