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La habitación

por Jorge Islas

 

No se trata de la película más comentada en lo que va del año, no hay peleas contra osos ni cambios de sexo y, sin embargo, La habitación (Room, 2015) de Lenny Abrahamson es una película a la que definitivamente vale la pena regalarle dos horas de butaca. Esta cinta se basa en la novela homónima de Emma Donoghue, novelista irlandesa radicada en Canadá, y versa sobre la historia de  Jack (Jacob Tremblay), un niño de cinco años que descubre el mundo después de haber estado atrapado junto con su madre (Brie Larson) en cuatro paredes durante toda su corta vida.

Es interesante saber que Abrahamson buscó a Donoghue para que fuera ella misma quien realizara la adaptación; esto explica la forma tan clara de avanzar con la narrativa audiovisual del filme, al mismo tiempo que mantiene una coherencia con la esencia del libro. La versión escrita centra su atención en los monólogos de Jack sobre su perspectiva del mundo y sus acontecimientos, en cambio la versión cinematográfica deja paréntesis para penetrar en la mente de Jack, pero privilegia recursos más visuales para contar la historia. La cinta está dividida en dos grandes partes: la primera se dedica a introducir al espectador en la vida y mundo de Jack y su madre en confinamiento, mientras que la segunda se trata sobre el regreso de la madre y la incursión del hijo al mundo más allá de la habitación.

El diminuto lugar donde Jack ha pasado su vida constituye para él todo su mundo y cada objeto, cada centímetro cuadrado del espacio, tienen un significado mayúsculo en su joven mente. El comienzo del filme, situado dentro de esta pequeña pieza, es bastante dinámico en su tratamiento visual. Danny Cohen, director de fotografía, logra que la cámara sea ágil en sus movimientos y justa en sus encuadres para que la dimensión del mundo de Jack no nos sea perceptible a simple vista.

Un sinnúmero de tight shots y close ups son el repertorio con el que Cohen perfila este espacio difuminado y diferente, sólo coherente en la mente del niño. Además, la paleta cromática de esta primera parte de la película se concentra en colores neutros que después contrastarán con los colores que sólo las cosas que pertenecen al mundo exterior pueden brindar a las pupilas del protagonista. En la segunda parte de la película, el fulgor de la luz solar y las tomas abiertas intentan transmitir la emoción genuina de Jack al encontrarse con los lugares y objetos que sólo conocía a través de la sucia pantalla de un televisor.

Room se trata de una historia con una fuerte carga emocional, pero que escapa a la etiqueta de cursi. Con trazos de drama y excelentes escenas de thriller, el tema central de la película no es la relación de un niño con su madre, ni el sufrimiento en el cautiverio –tópicos que hubieran dado como resultado una película melosa en el primer caso y afectada en el segundo–, sino algo mucho más profundo: el descubrimiento del Mundo (así con mayúscula) por parte de un niño.

El mundo de la vida es algo que como personas damos por sentado, es como el fondo de un cuadro donde la acción se realiza en primer plano. El teórico alemán Alfred Schütz decía que este mundo de la vida cotidiana se caracteriza principalmente por ser un mundo previo, por su pre-reflexividad. El éxito de la película y de la novela radica precisamente en presentarnos ese mundo, que no cuestionamos, desde el punto de vista de Jack. Así, se acerca a la crónica que haría un ente foráneo sobre su visión del mundo en el que todos vivimos justo ahora. La característica pre-reflexiva del mundo queda anulada por la capacidad de Jack de verbalizar sus descubrimientos sobre las cosas más comunes.

Mención aparte merecen las actuaciones de Jacob Tremblay y Brie Larson, quien está nominada al Oscar en la categoría de mejor actriz protagonista y ganó con este papel el premio a mejor actriz en la reciente edición de los Golden Globes. Tremblay, a pesar de su corta edad, sorprende con una actuación que brinda diversos matices y que impele al público a sentir emociones con su personaje. Larson, además de su ruda belleza, aporta con su actuación la sensación de vivir momentos verdaderamente críticos y, en varios casos, difíciles de mirar. Con La habitación, Abrahamson dejó atrás la excentricidad de Frank (2014) para enfocarse en un trabajo mucho más crudo y sustantivo que se nota y se siente.

 

04.02.16

Mr. FILME


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La letra encarnada de la esencia de F.I.L.M.E., y en ocasiones, el capataz del consejo editorial.....ver perfil
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