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Mover un río

por Omar Villaseñor

 

Cómo va a vivir una persona si le cortas la vena, el mundo es igual

 

Dos grandes vertientes tiene la gran pantalla en los circuitos culturales y en menor medida comerciales: el cine de ficción y el cine documental. Afortunadamente el segundo nunca ha dejado de producirse en un país que tiene tantas aristas ocultas por retratar. Este es el caso del “acueducto Independencia”, situación tratada por la realizadora Alba Herrera Rivas, en Mover un río (2015).

Mover un río es el resultado de una primera radiografía de la problemática que trae para el pueblo Yaqui la construcción del acueducto Independencia y con él la canalización de 75 millones de metros cúbicos de agua hacía las ciudades de Hermosillo y Ciudad Obregón, Sonora.

“Cómo va a vivir una persona si le cortas la vena… el mundo es igual”, señala una mujer yaqui. Ya que el sistema de presas pareciera la analogía de un torniquete que frena la corriente, que mata una parte del cuerpo, una zona del planeta.

Un ensayo cinemático-periodístico que mezcla la denuncia y la investigación. Un documental que por medio de entrevistas y crestomatías de medios como la radio y la televisión nos da una perspectiva real de las necesidades y carencias que sufre la Tribu Yaqui con esta obra.

Mover un río más allá de mostrarnos la lengua, creencias, cultura y organización de los yaquis, un pueblo que convive con la naturaleza (sin adueñarse de ella), toca a la puerta para recordarnos que la prepotencia, la impunidad y el desacato se vive a diario en cualquier zona del país.

Entre las muchas0 virtudes del documental, nos encontramos con una realizadora que muestra de manera sucinta el impacto ambiental y cultural que conlleva una mal pensada y corruptamente llevada “obra de infraestructura”. Pues la naturaleza está ligada a las tradiciones de la tribu Yaqui. El impacto va directo a su economía, a su producción agrícola, a la contaminación de sus aguas y tierras, a su salud en suma.

Al mismo tiempo, este filme nos invita a la reflexión sobre la expansión de lo urbano, el paso incontrolable de la civilización capitalista donde la constante es ignorar, vapulear e inclusive exterminar otro tipo de culturas, esos pueblos rezagados de la industrialización, del modernismo del siglo XX y XXI, de la revolución informática. Es una muestra de cómo “el progreso” o el bienestar de la industria y de los poderosos está por encima de las etnias y su historia.

Al final, el documental nos hace cuestionar de quién es el agua y por qué nos sentimos con derecho de acapararla. Nos recuerda que “quien controla el agua, controla todo” y que si este líquido vital es extraído, explotado y ofertado a los mejores postores lo mismo pasa con otros recursos naturales, como la tierra, los cerros, las minas, el mar, etc.

Ante las cortinas de humo que se siguen transmitiendo por los mass media, y las que nosotros solos formamos en redes sociales, parece esencial (y urgente) que el cine, entre otras expresiones, alce la voz y el puño si es necesario para condenar actos como los que retrata Mover un río, una realidad que parecía alterna pero que sucede día a día y es solo una de las cloacas del nepotismo que invade México.

Si quieres conocer más de este caso y el documental, da clic aquí.

 

19.05.2016

Omar Villaseñor Zayas


Medio melómano, medio cinéfilo. defensor de lo hecho en México. Director Creativo en @ToppingCreativo. Colaborador en @FilmeMagazine, @CulturaColectiv y @Extraordinerd. Sígueme en twitter: @omarVzayas

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