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Don Mago Casanova se va

"A mí me impulsaba la consciencia de la importancia del cine en la vida del hombre contemporáneo". Manuel González Casanova

Tan discretamente reconocido como silenciosamente rechazado cineclubista por excelencia, cinéfilo irreductible, ilustre filmógrafo y probo filmemaníaco, todo esto, y quizá algo más que obseso guardián de gran parte de la historia del cine que iba dando de vez en vez a aquel que quisiera oírlo hablar, era don Manuel González Casanova, "El Mago Casanova", como le decían en el cineclub que desde hace seis años ostenta su nombre en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM (se entiende la obviedad), uno de los últimos cineclubes en este mundo.

Murió quien soñaba con almacenar como se debe las películas que tan bien hacen al alma, y después de muchos años de acariciar la idea a lado de otras asociaciones vio surgir en julio de 1960 el primer archivo cinematográfico para la conservación y la investigación en América Latina, la Filmoteca de la UNAM.

Murió quien tuvo la ocurrencia, sin precedente latinoamericano, de formar cineastas en la Universidad, y desde junio de 1963 fundó el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (el hoy CUEC tan fortalecido por su ya legendaria planta docente, su exquisito alumnado siempre genialmente trunco y a pocos meses de estrenar localito en Ciudad Universitaria).

Se va un bibliómano que impulsó, complemento indisoluble de su cineclubismo, toda clase de publicaciones alrededor del cine: revistas, gacetas y la mítica colección Cuadernos de cine de la UNAM, parteaguas de cualquier bibliohemerografía cinéfila en todo nuestro continente, sólo comparable con el boom de la bibliomanía cinematográfica en Francia, durante la misma época. Más de 25 títulos que emperifollan cualquier biblioteca del mundo que se honre de su propia cinemanía.

Ha muerto don Manuel González Casanova, quien configuró la cinefilia intensa tal como la seguimos viviendo en México. Sin él muy probablemente el círculo intelectual –en la mejor acepción de la palabra- del cine en nuestro país no existiría, o no así, como existe ahora (si es que existe), y no sólo F.I.L.M.E. carecería de sentido absoluto, sino festivales enteros y nuevas colecciones de libros cinematográficos no tuvieran asidero en la UNAM, que puede presumir de ser una de las únicas instituciones públicas en nuestro país que sigue editando alta calidad de libros de cine de manera constante.

F.I.L.M.E. honra a este forjador de cinefilia incansable, al que se le pudo ver hasta el último momento dentro de una sala de cine, preocupado por los últimos estrenos de Lynch y Wajda, pero también por la problemática de Meliés en la historia del cine; extasiado de platicar con calma y pasión, frente a un auditorio (en la Facultad de Filosofía y Letras y a propósito del quinto aniversario del Cineclub Manuel González Casanova) casi vacío/casi lleno, toooooda la histooooria del cine, desde los experimentos previos a la noche del 28 de diciembre de 1895 hasta la situación de Reygadas en la filmografía mexicana, en tan sólo tres maravillosas horas llenas de anécdotas y detalles inútiles –única y verdadera condición de los detalles- en torno a su propia vida que era la pasión compulsiva de vivir para el cine.

¡Adiós, Mago, adiós! Ojalá que en el infierno donde también están, a qué dudarlo, sus Chaplin y Visconti tan queridos, todavía haya proyectores viejos, como el que acarreó siempre consigo, dentro de sí. ¡Qué gusto le daría, maestro!


06.03.12

Praxedis Razo


Un no le aunque sin hay te voy ni otros textículos que valgan. Este hombre gato quiere escribir de cine sin parar, a sabiendas de que un día llegará a su fin... es lo que más le duele: no revisar todas las películas que querría. Y también es plomero de avanzada. Mayores informes y ofertas al 5522476333. ....ver perfil
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