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Khátarsis de Ayala

por Rafael Aviña

 

Primera parte: Jorge Ayala Blanco por Jorge Ayala Blanco

En el prólogo de su más reciente libro La khátarsis del cine mexicano, editado por la Dirección General de Publicaciones, Fomento Editorial UNAM y el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), institución donde el autor imparte cátedra desde 1964 –un año después de su fundación–, Jorge Ayala Blanco comenta:

Como nunca, se asoma un México con su arte y su cine que parecen estar necesitados y ávidos de catarsis, entre una guerra infame impuesta desde el poder y sus inevitables secuelas, como la paulatina extinción  perversa de todo asomo de alta cultura, sin posibilidad de recuperación ni resarcimiento en el horizonte.

 

En efecto, como apunta el autor, vivimos una supresión de la cultura. Los suplementos culturales de los diarios han ido desapareciendo de a poco y, hoy en día, vivimos la entronización de la fórmula TV Notas, Tv y novelas, Órale y otras revistas afines, la exaltación de las bandas gruperas con sus pedestres vestuarios, sus improvisados cantantes y sus canciones pueriles que fomentan el alcohol, el machismo y la violencia, respaldados por decenas de vulgares programas televisivos. La propia cultura cinéfila es hoy en día un recurso de la nostalgia.

Escribo esto mientras me entero que en Japón, en un certamen internacional de patinaje artístico, un adolescente de Zapopan, Jalisco llamado Donovan concursa por México musicalizando su rutina con la canción Hasta que te conocí de Juan Gabriel, y de que la cinta mexicana producida por Videocine y dirigida por el español Nacho G. Velilla, No manches, Frida (2016), con Omar Chaparro y Martha Higareda, lleva más de un millón doscientos mil espectadores en nuestro país, y en cambio el insólito documental nacional Matria (2014-2016) de Fernando Llanos no llegó ni a los cinco mil espectadores. El mismo día, en una función del tour de cine francés tengo la azarosa oportunidad de apreciar el magnífico corto documental del CUEC El buzo (2015) de Esteban Arrangoiz, que dedica entre otros, a su profesor Jorge Ayala Blanco, formador no sólo de cinéfilos y lectores, sino de realizadores consumados como Jaime Humberto Hermosillo, Alfredo Gurrola, Carlos Bolado, Jaime Ruiz Ibáñez, Ulises Guzmán, Alejandra Sánchez, Julián Hernández, Ernesto Contreras, José Manuel Cravioto, o José Luis Valle, citados entre los 114 ensayos que componen La khátarsis del cine mexicano, al igual que cineastas en ciernes como: David Castañón, Gastón Andrade, Marusia Estrada, Guillermo González, Alberto Reséndiz, Astrid Rondero, Alicia Segovia, Alejandro Solar, César Talamantes, Santiago Torres, o el propio Esteban Arrangoiz, jóvenes, en cuyos cortos cuequeros u óperas primas, Jorge descubre en esos trabajos iniciáticos un novísimo cine de autor o vanguardias fílmicas inesperadas. 

Por supuesto, Jorge no sólo concentra sus esfuerzos ensayísticos en egresados del CUEC. Pasa revista a autores consagrados como Arturo Ripstein por Las razones del corazón (2011). Cito:

La khátarsis migrañadúltera tiene como propósito cumbre magnificar a través del monólogo y el diálogo los sueños de la telaraña… a los que secundan diálogos siempre ampulosos: “Todos los días a las seis la misma monserga”, diálogos en excesos: “Los compré apenas en el Palacio. No los has visto, de piel suavecita, para ti, cabrón”.  Y diálogos en ocasiones hilarantemente gongorinos: “Dios le dio brazos de pollo de leche para que los varones les hagamos los milagros”. Diálogos de género teléfono descompuesto modelo Littin: “Eso dijo él, eso. ¿Eso dijo? Eso ha de ser”.

 

Se sumerge también en obras de jóvenes graduados de otras escuelas de cine como Sebastián del Amo y su Fantástico mundo de Juan Orol (2012), Everardo González y sus Cuates de Australia (2011), o Álvaro Curiel y su Acorazado (2009), del CCC, por ejemplo. Jack Zagha y su excepcional, sencilla y divertida ópera prima Adiós mundo cruel (2010), Adolfo Martínez Orzynski y sus Juegos inocentes (2007-2010) o Luis Rincón y su México bárbaro 2010 (2010), todos estos de la Ibero. Salomón Askenazi y su desconocida Ocean Blues (2011) de la escuela Centro de diseño, cine y televisión. Alejandro Molina y su debut en terrenos de la fantasía futurista en De día y de noche (2010) de la Escuela de Cine Arte 7, o insólitos realizadores independientes, como Rafael Rangel, autor de El principio de la espiral (2010), e incluso directores que se fueron de súbito, algunos en el olvido injusto como el sensible Marcel Sisniega y su Guapo (2007-2009) y A través del silencio (2010); René Peñaloza Galván, muerto a los 34 años de cáncer, autor de Osiris y el Jarocho (2010-2012) y el reciente caso de León Serment y su Efecto tequila (2010), asesinado con vileza en este país caótico, ignorante y violentísimo que nuestros gobernantes han fomentado.

En la era del twitter, el facebook y el googleo, de la cual Jorge no es ajeno, el autor retoma un objeto casi en extinción: el diccionario Sopena o Salvat para plantear el término de catarsis que da forma sustancial a su nuevo libro compuesto por ensayos inéditos escritos específicamente para este volumen:

Catarsis: depuración de los sentimientos, de las sensaciones, o del gusto. Periodo de purgación, a que según algunas escuelas como el orfismo, el pitagorismo y el platonismo, eran sometidas las almas de los difuntos, antes de ser admitidas en el reino de los bienaventurados, o antes de dar vida a un nuevo cuerpo.

 

Es decir, el autor lleva acabo una depuración de las imágenes vistas y revisadas al extremo. Una purga de sus contextos narrativos y sus tramas, así como los contextos socio culturales en el que fueron concebidas para otorgarles un nuevo cuerpo; un cuerpo literario-fílmico que proponga a su vez otras exploraciones, antes de que se pierdan en el marasmo del olvido, en un momento en que la cinefilia va a la baja y más aún la cinefilia nacional en particular sus historias enclavadas en la provincia como lo muestra el fracaso absoluto de las cintas de ambiente rural: A tiro de piedra (Hiriart, 2010), El guapo (op. cit.), Crepúsculo rojo (González Morantes, 2008), Érase una vez en Durango (De la Riva, 2011), El mar muerto (Ortiz Cruz, 2010), Un mexicano más (Cardona III, 2010), El milagro del Papa (Valle, 2011), La mitad del mundo (Ruiz Ibáñez, 2011), Río de oro (Aldrete, 2010), o Zacateco (Ávila Dueñas, 2010), entre otras examinadas aquí.

Día a día es más notoria la ausencia de nuestra cinematografía en cineclubes y en las instituciones que debieran cobijarlo. Y es que el cine mexicano en la actualidad se ha convertido en objeto de botín de los centenares de festivales fílmicos que no llegan al gran público o peor aún, en objeto de silencio, o de incomodidad para las instituciones y para ese espectador abúlico condenado por gusto a una cartelera acéfala y enajenante.

Y es que la cinefilia nacional es ahora una suerte de tesoro oculto, como antes lo era la virginidad. Jorge habla en su prólogo catártico de una: “Liberación o cura de los males del espíritu… Liberación de una fuerte carga emotiva. Evacuación de lo que molesta o perturba”. Es decir, se trata sobre todo de la negación de esa cultura fílmica que cada día se reduce y se somete a filtros ridículos de carpetas burocráticas vía Imcine o Secretaría de Cultura y, pese a ello, aún existe un puñado de jóvenes cineastas capaces de levantar sus propias producciones sin ayuda oficial.

Cito otro fragmento del prólogo:

Para que engañarnos: el cine mexicano de este periodo ya no es ni un buen negocio (salvo para los productores que inflen presupuestos y los que se benefician –o lavan– gracias a la exención 226), ni una industria, ni un mecenazgo, ni un espectáculo masivo, acaso sí: un arte de la catarsis. Catártica para los que lo conciben, los que lo realizan, los que lo protegen, los que lo consumen y los que lo comentan. Es el residuo (el emisario abríase dicho en épocas menos heroicas) del pasado de un país devastado económica, moral y por ende culturalmente en los albores del nuevo presidencial priista.

 

Segunda y última aparte: Jorge por Jorge, El paciente interno

En La khátarsis del cine mexicano Jorge emprende una revisión absoluta de los años 2010 a 2012, barroca, demoledora y al mismo tiempo reconstructiva como el mismo apunta:

La crítica cree firmemente en la posibilidad de actuar sobre el estado sicológico del lector, como sobre el de ella misma, excitando en ellos una memoria lejana, sumergida, olvidada, almacenada en el inconsciente.

 

Y a su vez, el autor reconoce:

Por otro lado y contradictoriamente, en el campo del cine que es mi ventana a la cultura, jamás se habían producido tantas películas como en los últimos años ni con tanta libertad, pero, aunque todo mundo gana al producir, prácticamente ya ninguna película se recupera en la exhibición, y nunca se había apoyado tanto ni difundido tanto la cultura fílmica a lo largo y a lo ancho de todo el país...

Tal vez no sea casual que la imagen de portada que acompaña La khátarsis del cine mexicano sea la de El paciente interno (Solar, 2012), ópera prima documental producida por el CUEC. En ella, su realizador, Alejandro Solar Luna, sigue la huella de un extraño personaje que hoy vive en la indigencia: Carlos Castañeda de la Fuente, quien en 1970 pretendió asesinar al presidente Gustavo Díaz Ordaz para vengar la masacre del 2 de octubre de 1968. El hombre es condenado a 23 años e internado en un hospital psiquiátrico sin posibilidad de defenderse y arrojado al olvido. Una pasante de derecho más tarde abogada logra reabrir su caso y liberarlo y después, un reportero de La Jornada publica un reportaje que detonará la trama de El paciente interno.

De alguna manera el espectador, el cinéfilo, críticos, investigadores, instituciones públicas y privadas dedicadas a la difusión, producción o restauración fílmica dan forma a ese gran paciente interno torturado, casi catatónico, que deambula en la irrealidad que el Estado y los dueños de los medios principalmente la televisión, los ha sumido. En La khatársis del cine mexicano su autor representa de forma simbólica a esa abogada y a ese periodista que reencuentra a ese suerte de guiñapo en que se ha convertido nuestro cine con todo y sus premios internacionales y su producción de alrededor de 140 títulos anuales según los informes optimistas de Imcine, así como su público abandonado a una cartelera con un noventa por ciento de cine hollywoodense y la casi nula proliferación de ventanas que otorgaran otra vida a nuestro cine a través de cineclubes, casas de la cultura, plataformas de internet, etc.

La odisea del paciente interno en el documental de Solar Luna, se inicia en 1968, justo el año en que Jorge publica su primer y seminal libro La aventura del cine mexicano con el que arranca de manera azarosa su abecedario fílmico, que nos reúne en su entrega undécima.  Y es que sus libros, en particular aquellos que aluden a nuestro cine, funcionan como otro caso simbólico en la historia fílmica de nuestro país. En el análisis de El paciente interno, de una manera entre alegórica y directa Jorge deja entrever su trabajo como ensayista cinematográfico. Cito:

Sin buscar otra recompensa narrativa, expresiva y estética que documentar, investigar y hacer perdurar los residuos de una insólita historia personal… una historia en el olvido pero aún viva, infamante, inconclusa…

 

En la tercera de forros de esta cuidada edición a cargo del incansable editor y estimado amigo Rodolfo Peláez, se menciona dentro de la misma colección Miradas en la oscuridad, La lucidez del cine mexicano: doceava e inédita entrega de este abecedario cinematográfico aún sin completar.

Una empresa titánica que sólo el más veterano y al mismo tiempo la más joven promesa crítica de nuestro universo fílmico cultural, o el crítico emancipado como atinadamente lo llamó Carlos Bonfil, sería capaz de acometer. En hora buena querido y admirado Jorge.

 

30.09.16

Rafael Aviña


Cinéfilo crítico y cineasta, en este orden complementa sus oficios y ha ido al cine desde niño, ha ejercido la crítica ininterrumpidamente en diversos medios (escritos y audiovisuales) desde 1997 y tiene en su haber, como guionista, varias series documentales y un mediometraje sobre José Revueltas, hijo del hombre....ver perfil
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