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La estilización de la vergüenza: Shame, deseos culpables.
Por Julio César Durán
@Jools_Duran

Por fin llega a cartelera mexicana esta obra de formidable estética, película que a la crítica y a la academia norteamericanas les ha dado miedo premiar.

Tres años después de estrenada Hambre (2008), ópera prima del realizador, guionista y artista visual británico que hoy me ocupa, Steve McQueen se embarca una vez más en un viaje fílmico en compañía de su “musa”, el actor Michael Fassbender, para analizar la cotidianeidad de la gran ciudad y hacer un ensayo visual sobre las libertades y las necesidades del hombre ordinario ya bien entrado el siglo XXI.

Shame (2011), película que en lugar de llevar su título original (vergüenza), es traída a México como Deseos Culpables, marca un importante seguimiento en la breve filmografía del cineasta londinense y lo enmarca como un verdadero autor.

La trama, como en toda gran pieza del celuloide, es sencilla. Un estable treintañero de origen irlandés que vive desde hace ya muchos años en Nueva York recibe la inesperada y permanente visita de su voluble hermana menor. Con aquella llegada, sale a flote la extraña manera en que el protagónico vive su vida sexual y con ello el sufrimiento y la incomprensión.

En un momento dado de la historia del mundo occidental, la vergüenza causada por el deseo, por el placer y por la práctica sexual desapareció. La imposición ya sea tradicional o religiosa que impedía sostener el gusto (público) por una actividad se fue diluyendo gracias a que ciertos factores sociales intervinieron. Más adelante las grandes corporaciones comenzaron a ver en los placeres cotidianos una fuente financiera, donde entonces comenzó la administración y consumo del placer mismo, como si fuera un objeto de compra/venta.

Lo que sucede después ya no es una represión por el hacer, sino por el no hacer y las actitudes alrededor de la sexualidad. Las ansiedades hacia la cantidad de encuentros físicos/sexuales/eróticos y la manera de llevarlos a cabo es hoy en día motivo de rupturas existenciales y de confusión. A estos tópicos, donde la libertad o falta de ella tienen su lugar, son a los que Steve McQueen intenta llegar con su segunda bella película de larga duración, en la que acompañamos a Brandon (Fassbender), el protagonista, quien sufre una especie de pérdida de sí mismo ante el mar de posibilidades que el mundo contemporáneo le pone enfrente, mucho más cuando su estabilidad social y económica le permiten arrojarse a un precipicio de relaciones sexuales en más de un formato, por decirlo de alguna manera.

La vergüenza representada con una inmejorable propuesta plástica por la mirada de Steve McQueen, juega como una prisión que mantiene atrapado al protagonista, quien desde la llegada de su hermana Sissy, queda atormentado por un pasado que no llegamos a conocer realmente, pero que sugiere alguna oscura fijación entre ambos.

Dicha emoción, la vergüenza, es el punto de fuga de una necesidad que ha sobrepasado un estado natural. Ahora la necesidad de Brandon, como la de cualquier persona, de conectarse con otro individuo, queda como un árido paraje, en el que no se encuentra sentido de relación o de empatía y sólo puede encontrar un vínculo que lo va dejando más y más vacío cada vez.

Apoyándose en planos exquisitamente cuidados, fotografía en mate que juega con contrastantes colores brillantes, escenarios que siempre están rotos por alguna cortina o algún gran ventanal, Shame viaja al interior de un hombre normal, que está siendo definido hacia el exterior por una adicción que no le permite sobrellevar conexiones ordinarias con la gente que lo rodea, y con el género femenino en particular. Detrás del aparente éxito en la vida y trabajo de Brandon, se encuentra una soledad de la que no dará cuenta hasta que Sissy, con su mirada y punto de vista algo alterados, saquen a la superficie el sufrimiento que nuestro personaje principal carga consigo.

Sublime tratamiento visual acompañado de un perfecto score, refleja muy bien el mundo del que ha salido McQueen, quien tras ocho semanas de rodaje dio a luz a esta obra cinematográfica. Durante toda la película se nota la sensibilidad y el ojo que han hecho famoso al realizador de Shame en el mundo del videoarte y de la instalación, y que sirve aquí como una muy buena forma de manejar un entorno de encuadres cerrados, de imágenes que salen de lo usual para el cine anglosajón del starsystem, que todo el tiempo tienen arrinconado al cuerpo y mente de Fassbender, quien encarna de forma brutalmente hermosa al personaje principal.

La filmografía de Steve McQueen, con tan sólo dos largometrajes en su haber, es ya un imprescindible en el cine de este siglo que apenas empieza a correr. Es, sin exagerar, un lugar que debe visitarse para entender las pretensiones que tiene el cine para consigo dentro del arte contemporáneo. Para muestra, basta ver la genial escena en la que Fassbender se deshace de sus kilos de pornografía impresa y vemos, cuadro a cuadro, una hojeada por ese mundo de cuerpos y posiciones que son tan sugerentemente vulgares como maravillosamente sensuales.


14.03.12

Julio César Durán


@Jools_Duran
Filósofo, esteta, investigador e intento de cineasta. Después de estudiar filosofía y cine, y vagar de manera "ilegal" por el mundo, decide regresar a México-Tenochtitlan (su ciudad natal), para ofrecer sus servicios en las....ver perfil
Comentarios:
16.03.12
Erik dice:
Hunger fue una verdadera bomba, espero que Shame también lo sea
22.05.12
Alejandro dice:
¿De dónde chingados sacan que a "la academia le da miedo premiar" películas como ésta? Por eso no hay crítica. Tengan cuidado: Se están volviendo de los que redactan la sinopsis en un párrafo y, en los restantes, raras interpretaciones de ella. Mejor usen estrellitas.
26.08.12
Jools dice:
Queridísimo Alejandro: lo sacamos de la historia misma de la academia hollywoodense, la cual, y no es ningún secreto, se conmueve por historias de superación personal y se sonroja a la hora de "tomar en serio" cintas con una preocupación intensa sobre cómo llevamos nuestra vida sexual. Pregúntate a cuántos premios se le nominó en los Globos de Oro (ya ni mencionar a los Óscares). Y jamás, Alejandro, jamás cambiaremos al lenguaje por simbolitos que no tienen significado alguno.
comentarios.
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