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Jirón de niebla

Haciendo trizas el legado de Taboada

por Fco Javier Quintanar Polanco

 

Nuevamente una obra de Carlos Enrique Taboada es adaptada para la pantalla grande. Y de nueva cuenta, el responsable detrás de ello es Julio César Estrada, quien anteriormente estuvo involucrado en dos remakes previos que se han hecho de películas del cineasta, participando en la producción de Hasta el viento tiene miedo (Gustavo Moheno, 2007), y produciendo y dirigiendo El libro de piedra (2009).

Pero a diferencia de los títulos antes mencionados, en Jirón de niebla (2016) –la adaptación en turno–, Estrada parte de un guión inédito de Taboada, el cual se llegó a rodar (en formato de video) pero el producto final nunca fue estrenado, y lo único que de él se conserva son imágenes y algunos minutos de “metraje”. La historia detrás de este filme perdido se halla registrada en el excelente documental Jirón (México, 2014) de Christian Cueva.

La trama se centra en Daniel (Alejandro Felipe), un niño que tras perder a su madre (Verónica Merchant) de una forma particularmente horrible, debe vivir bajo la tutela de su tía Elizabeth (María Rojo), una solterona autoritaria, rígida y recalcitrantemente beata, con quien sufre diversas vejaciones y su psique (de por si ya alterada por el deceso de su progenitora) también se ve afectada por los reproches y maltratos a los que es sometido por parte de ella. Para colmo de males, Elizabeth sufre un “accidente” a raíz del cual queda aparentemente lisiada de por vida, y Daniel la cuida –mejor dicho, soporta– hasta cumplir la mayoría de edad (siendo interpretado en esa etapa del relato por José Ángel Bichir).

La reaparición de Patricia (Andrea Verdeja), de quien Daniel se sentía atraído desde su infancia, sacude todos los aspectos de su existencia y lo lleva a confrontarse con su castrante tía y, en un momento de ira ciega, a asesinarla y emparedando su cadáver. Daniel finge e inventa la historia de un viaje con fines terapéuticos para ocultar su ausencia. Y cuando parece que ha logrado salir triunfante, empieza a recibir una serie de postales a nombre de su tía avisándole de su inminente regreso.

Es en este punto que la narración pone mayor énfasis en la incertidumbre planteada al espectador casi desde su inicio: ¿realmente hay una presencia  sobrenatural en la casa? o ¿son delirios padecidos por Daniel? Tal dicotomía es el meollo de todo el asunto, develando la verdad hasta el mero desenlace.

La inexistencia de un trabajo en celuloide representa en sí una ventaja para Estrada, ya de además de poder trabajar con mayor libertad a partir del manuscrito original, evita las comparaciones con la versión previa, de las cuales dicho sea de paso no ha salido bien librado en ocasiones anteriores. Además, a nivel técnico, está mejor realizada que –digamos– su versión de El niño de piedra. Gran parte de dicha mejoría se debe a la eficiente labor del cinefotógrafo Leon Chiprout para representar visualmente lóbregos interiores y asfixiantes atmósferas. Mención aparte merece la interpretación ofrecida por María Rojo de la sombría tía Elizabeth, creando un personaje genuinamente taboadaniano, el cual evoca a la “tía Susana” de la versión original de Más negro que la noche (1975) interpretada por la inolvidable Tamara Garina, pero también a la “tía Alejandra” del filme homónimo de Arturo Ripstein de 1979, encarnada magistralmente por Isabela Corona.

Estas ventajas y virtudes, sin embargo son lo más rescatable de un trabajo fallido, sobre todo en lo referente a su concepto y desarrollo. En el primer rubro, es notorio que Estrada y su equipo de guionistas –Gustavo Moheno y Ángel Pulido– parecían no tener muy claro el enfoque y rumbo de la historia, la cual se percibe truculenta, caótica y artificiosa. Y esto es aún más notorio cuando, al finalmente decantarse por una de las opciones planteadas por la obra, se dejan un par de cabos sueltos no explicados satisfactoriamente. Aún peor, si algunos de ellos hubiesen sido resueltos con solvencia, podrían haber enriquecido significativamente a la película.

Otro grave error de realización es desperdiciar y dejar de lado la creación de atmósferas opresivas y tenebrosas (característica esencial del cine de Taboada al fin y al cabo) para inclinarse por un tratamiento más proclive al susto fácil y efectista y los clichés audiovisuales del más ínfimo cine de horror y suspenso hollywoodense, dando como resultado un largometraje distanciado de la estética del autor original, que busca (con poca pericia y escasa inspiración) emular el suspenso del Hitchcock más básico. De hecho, por ratos parece tratarse más bien de un reboot descafeinado, desarticulado y muy predecible de Psicosis (1962), lo cual es abiertamente aceptado y acentuado por el director capitalino a través de detalles nimios pero que subrayan esta similitud.

Otra falla notable fue al momento de delegar el peso de la trama sobre los hombros de Bichir y Verdeja, quienes no logran soportar la carga y mantener un registro dramático necesario para la funcionalidad del relato, y por el contrario se sienten planos, carentes de verdadera emoción e inclusive risibles por momentos. En particular Bichir no consigue que su personaje desarrolle alguna empatía o conecte de alguna forma con el espectador.

Tristemente, Jirón de niebla se suma a la lista de estériles reversionados de filmes de terror creados por Taboada. Un despropósito de principio a fin. Y tira por la borda una oportunidad única de hacer algo ya no digamos memorable, pero por lo menos decoroso con el legado del maestro.

 

04.12.16

Fco. Javier Quintanar Polanco


Comunicólogo egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. Editor del fanzine independiente A.T.P. de 1987 a 1992. Actualmente, es colaborador en las publicaciones electrónicas Revista Cinefagia y El Patas.Net. ....ver perfil
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