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Bellas de noche

por Gustavo E. Ramírez Carrasco

 

Entre la gran cantidad de documentales mexicanos producidos en la actualidad, los que alcanzan la cartelera comercial son muy pocos y, de entre ellos, los estrenados con más de 50 copias a nivel nacional representan una verdadera anomalía. En el caso de Bellas de noche, la ópera prima de María José Cuevas, se trata de una inmersión en la alta escena de cabaret de los años setenta-ochenta y la vida actual de algunas de sus protagonistas, son 70 las copias que se exhiben en las principales ciudades del país.

Desde su estreno en abril de este año como parte de la programación del festival itinerante de documentales Ambulante, la película demostró su poder de convocatoria: salas abarrotadas en la Ciudad de México, y también en otras ciudades de la república. ¿La razón? Definitivamente no la fama de su directora, que aunque hija menor del pintor José Luis Cuevas, una de las figuras prominentes de las artes visuales mexicanas, no cuenta –por obvias razones al tratarse éste de un debut– con el aura de consagración autoral de otros cineastas nacionales. Tampoco de ninguna campaña publicitaria, prácticamente inexistente además en la promoción de cine documental. Su popularidad proviene, en cambio, total y absolutamente de una temática: en el interior de un retrato colectivo, Bellas de noche es un original homenaje al mundo de encajes, prendas diminutas y bailes sensuales que acaparó los horarios nocturnos de la televisión nacional, las notas gráficas de las revistas “picantes” y la producción de un género cinematográfico, el de las “ficheras”, que pese a ser despreciado por muchos debe verse como lo que fue: un crisol de la cultura mexicana de masas en su perfecto balance entre melodrama, cuerpos femeninos esculturales, albures finos y un ritmazo tropical que cuando no era de la Sonora Santanera, guardaba lo mejor de su estilo guapachoso.

Con un largo proceso que llevó cerca de ocho años de cocción, la película muestra la vida presente de cinco íconos sexuales del periodo (Lyn May, Olga Breeskin, Wanda Seux, Rossy Mendoza y la Princesa Yamal), y nunca más literalmente, se mete hasta la cocina de sus casas y sus vidas para regalarnos una estampa íntima, actual y bastante divertida de quienes alguna vez fueron, en sus propias palabras, «diosas inalcanzables». Pese a su estética, entre biográfica y kitsch, Bellas de noche podría recordar la estructura y el vigor narrativo de documentales mexicanos de época como el muy influyente Los ladrones viejos (2005) de Everardo González, con imágenes que transitan de la actualidad (testimonios frente a la cámara, seguimiento de los personajes) al uso de archivos que muestran a las vedettes frente a públicos fascinados, en las portadas de “revistas para adultos”, o compartiendo cuadro con figuras cómicas de la “sexycomedia” como el mismísimo Adalberto Martínez, el Resortes.

A pesar de un trabajo de edición impresionante a cargo de la videoasta Ximena Cuevas (por cierto, hermana de María José), o tal vez, como un efecto preciso de éste, el contraste entre el tiempo en que las cinco protagonistas estaban «en los cuernos de la luna» (como dice Wanda Seux en algún momento) y la actualidad, es alto, nadie podría negarlo, pero el espíritu permanece detrás del bótox, el maquillaje y las prendas entalladas sobre los cuerpos sostenidos por la cirugía plástica; así sea bailando en la sala de una casa y con el refri al lado en vez de en el escenario de Siempre en domingo.

 

12.12.16

Mr. FILME


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La letra encarnada de la esencia de F.I.L.M.E., y en ocasiones, el capataz del consejo editorial.....ver perfil
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