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Berlinale 67 | Chavela “de a de veras” un ratito

por Alan Pérez-Medrano


Sin grandes preámbulos, a los pocos minutos, comenzaron las tandas regulares de  máximas de tahúr de la cantante mexicana durante la proyección del documental Chavela (2017), de Catherine Grund y Daresha Kyi, en el marco de la Berlinale 67: “Yo pensaba en México como en un paraíso y me recibió a golpes, me hizo mujer en tierra de hombres”, nos cuenta la Vargas.


Después, de poco a poco, el público siempre atento fue premiando con oleadas de sonrisas, risas y algunas carcajadas in crescendo. El documental se teje con una narrativa simple e inteligente, se va armando con un mosaico de entrevistas, a veces incluso parecidas a grabaciones familiares, asomándose a la vida de la nacida en Costa Rica. El anecdotario, sin embargo, parte de la propia voz de la cantante, que sea en canción o sea en prosa, preludia su recital: “Mi nombre es Chavela Vargas, ¡que no se les olvide!”.


Se parte desde los dolorosos indicios del desamor en la infancia hasta el retardado “tú por tú” de la mujer (guitarra en mano) con los excesos de su vida y su abstinencia de muerte. La historia va de dos en dos amores, a veces con el conflicto del mal tercio, del tercero excluso o de la soledad como tercera en discordia. Amor “de a de veras”, de un ratito. La imagen se va forjando en la mezcla de la verdad derecha, sin tapujos, que proviene de labios de la que se intuye es gran mitómana.


La materia prima son las anécdotas que marcaron la existencia más íntima de Chavela Vargas (la menina y la señora) contadas a contrapunto de varios momentos de la vida musical, artística, cultural y política de México. Arriesgándose a ratos, el filme no queda en sólo “reportaje”, se le entra con gusto al chisme de magnos “bajones de novia” que apenas quedan bien para carcajearse (literalmente) del tv-notas, pasando después a la seriedad de escandalosos “ligues” de aires hollywoodenses. Se mira también el paisaje franco del abandono a conciencia en un típico retrato a la mexicana.


Entre más tequilas pasan llegamos al “Tenampa” y sus fraternidades imperecederas de borracho auténtico (como rimaba el poeta de Córdoba), pero sobre todo testimoniamos el constante desafío a la mocha “decencia” mexicana, la que es encarada en donde más le debía doler, en sus machos y sus canciones. En el plot del retorno de la heroína desde tierras ibéricas, sin embargo, a mi parecer se corre el riesgo de confundir jorongo por armadura campeadora, condición inevitable quizá, no obstante permite que luzcan más las suertes hacia los ochenta minutos del rodaje: “¡Si yo hubiera sido hombre, tú hubieras sido mi mujer!” piropo incontestable para un famoso español que asiente entre rubores. Risas. “¡Que no se les olvide! Chavela Vargas”.


Telón y palmas.

 

23.02.17

 

 

Alan Pérez-Medrano


Realiza estudios en Berlín con la firme intención de doctorarse con un proyecto que pretende alternar teorías ortodoxas rusas de corte cristiano y endecasílabos albureros en toscano antiguo. Entró al cine de la mano de Chavela Vargas y un pinche chango, calcula salir bien librado de ahí.....ver perfil
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