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El futuro perfecto

El condicional como modo verbal de la juventud actual

por Edgar Aldape Morales

 

Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), el condicional, en una de sus acepciones, es un «tiempo que sitúa la acción, el proceso o el estado expresados por el verbo en un punto anterior al momento del habla, pero posterior a otro punto del pasado». Una forma más fácil de entenderlo es como lo define el libro de texto leído por unos estudiantes de español en una escena de El futuro perfecto (2016), ópera prima de la directora alemana Nele Wohlatz, radicada en Buenos Aires, Argentina. El condicional no es más que un modo de expresar posibilidades, suposiciones, eventos a futuro y deseos. Pero también es un futuro hipotético que permite imaginarse otras realidades. Irónicamente, la película de Wohlatz traslada a la pantalla dicho modo verbal con una puesta en escena sin efectismos que hace de sus imágenes una parábola sobre la gramática, en este caso, de la realidad actual de los jóvenes, envueltos en aspiraciones, metas y tergiversaciones de la propia identidad bajo un estatismo en el que la vida parece no avanzar.

Xiaobin, o mejor dicho Beatriz, es una chica de 18 años que arriba a Buenos Aires para reunirse con su familia, quien la abandonó en su lugar de origen. Con el tiempo, pasa de balbucear y no entender el español a hablar cada vez mejor, gracias a su interacción con otros jóvenes en una academia de idiomas. Trabaja en un supermercado y pronto conoce a un chico hindú con el que se imagina encontrar una estabilidad negada por sus padres, habitantes de la parte superior de una lavandería y defensores de una endogamia que debe conservarse: Xiaobin tiene que casarse con alguien de su propia nacionalidad. Retrato de la modernidad, esta historia tiene un fundamento real que hace de la película un híbrido entre la ficción y el documental. Alguna vez, Wohlatz fue una extranjera en Argentina. Pasado el tiempo, se convirtió en profesora del Centro Universitario de Idiomas de Buenos Aires, en donde una de sus alumnas fue Xiaobin. La directora decidió hacer una película sobre y con ella, ya que la historia tiene como artífice a la propia Xiaobin, en este caso actriz y guionista de su propia vida.

La búsqueda de la identidad es el leitmotiv de esta cinta que combina una puesta en escena teatral, y a veces melodramática, con situaciones que podrían rayar en humor negro, el cual se halla limitado gracias a la estética que Wohlatz elige para contar su relato: planos fijos y frontales, con un ritmo pausado y estático, convertidos en una traducción visual de la monotonía asfixiante de una extranjera limitada por el idioma, por la familia y hasta por el amor. Si bien la protagonista neutraliza su andar con la forma de vestir, su dicción al hablar español y las diferentes conversaciones que tiene con sus compañeros, también le resulta difícil asimilar un mundo desconocido en el cual no puede pedir comida porque no entiende el menú o no comprende (y reniega) el hecho de la urgencia de Vijay, el chico hindú que conoce, por casarse. Toda esta rutina es la metáfora de la negación para reconocer al otro en sus diferencias, y la misma Xiaobin lo plantea en sus diálogos, casi semibiográficos: «No sé si eres la persona que me dices que eres. No conozco tu idioma», le replica en cierto momento la protagonista a Vijay. Paradójicamente, ella también es desconocida para nosotros.

 

El futuro perfecto tiene paisajes audaces, aunque algunos se perciben como torpes o un poco forzados. Sin embargo, evita el pintoresquismo que supone la inmigración y el exotismo por tener una protagonista de origen asiático. Es un ensayo, la reconstrucción de una vida y un diario íntimo sobre el significado del “extranjero” en una ciudad donde hay que ganarse el pan y buscarse una identidad ante el porvenir, envuelto en contradicciones, pensamientos y conversaciones sobre el ¿qué pasaría si…? Una pregunta en modo condicional que examina las diversas posibilidades si se elige un final pesimista, denigrante o feliz; opciones de un “futuro perfecto” al cual aspiramos en esta era de arrebato, muchas veces definida desde la actuación, el juego de roles y la asimilación de una lengua (y no la materna) capaz de cristalizar los sueños fallidos de una juventud cuyo escape es aventurarse hacia lo desconocido, tanto en tiempo como en espacio. La gramática de los jóvenes actuales es encontrar respuesta a las preguntas hiladas como parte de un fututo hipotético. Y El futuro perfecto pone en pantalla las ambiguas vicisitudes para hallarla.

 

25.04.2017

Edgar Aldape


@EdgAldape
Estudiante –dícese de Ciencias de la Comunicación de la UNAM- y novato productor audiovisual del Centro de la Ciudad de México. Fiel admirador de Jean-Luc Godard y Stanley Kubrick, y en su momento lúcido es investigador, pr....ver perfil
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