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Mujer Maravilla

por Jeremy Ocelotl

 

Más allá de los récords rotos en taquilla y el resurgimiento (ante la crítica) del universo cinematográfico de DC, Mujer Maravilla (2017) destaca por sus sutiles pero bien afianzadas posturas ideológicas, por ejemplo el feminismo presente, tan necesario como ausente dentro de los filmes de superhéroes. Al mismo tiempo que presenta una narrativa clásica y nada complicada sobre los orígenes de su heroína, se despoja del cinismo reinante en el cine de historietas  y es dotado de una perspectiva fresca e innovadora, en gran parte por el hecho de que el trabajo de dirección es realizado por una mujer, en este caso Patty Jenkins (Monster, 2004).

El filme abre con un espectacular primer acto dentro de Themiscyra, la isla donde viven las amazonas, guerreras creadas por Zeus para proteger a la humanidad, y de las cuales Diana (Gal Gadot) forma parte.  Jenkins aprovecha este prólogo para presentar la mitología del personaje, poner en marcha la historia mediante la llegada de un piloto, hacer gala de las hermosas locaciones y una excelente set piece de acción y de posicionar el universo ideológico de su  película.

Nos encontramos con las amazonas que son diversas racialmente y en sus temperamentos, al tiempo que mantienen una sana convivencia entre sí, con la cual el filme desde ya apela a una tolerancia. Ellas funcionan como una metáfora sobre el feminismo, las mismas poseen rasgos como una notable musculatura de tipo bélica, e igualmente presentan un belleza y feminidad innegables; esto fácilmente puede indicar como masculinidad y feminidad no se encuentran confrontadas o en oposición, sino que entiende lo masculino y femenino como complementario y capaz de coexistir sin necesidad de jerarquizar un rasgo sobre otro.

Ante la inevitable llegada del espía norteamericano Steve Trevor (Chris Pine) y del contacto con el mundo exterior y la Gran Guerra (Primera Guerra Mundial), el filme da el primero de sus vuelcos. Diana decide abandonar su utopía amazónica, para acompañar a Steve a Londres, cada uno en su respectiva misión para terminar con la guerra. Quizá la parte más disfrutable del filme sucede en la capital Inglesa, con Diana asombrada y descubriendo las configuraciones sociales del mundo occidental, al tiempo que se acentúan las disparidades del trato entre géneros.

Después de reclutar un equipo de dudosos aliados, Diana y Steve irán al frente de batalla. Es justo en éstas escenas donde más se nota la mano de Jenkins: si bien las mismas están bien montadas y coreografiadas (ralentí incluido) destacan por su brevedad casi anticlimática. No es aventurado afirmar que en manos de un director hombre, las mismas tendrían una mayor espectacularidad y duración pero a Jenkins le interesa más explorar aspectos más humanos de sus personajes, sobre un montaje de acción. A diferencia de otros filmes, aquí no hay una glorificación de la guerra, la perspectiva de la heroína se acerca más al sutil discurso del sombrío sinsentido de la guerra, que a la honorabilidad y dignificación proveniente de la misma.

Por supuesto el filme no está exento de fallos, uno de los problemas más notorios es la manera en que desaprovecha a todos sus personajes secundarios, villanos y compinches. Afortunadamente la dinámica entre Gadot y Pine es los suficientemente eficaz y contundente, pues la química entre ambos es palpable y sostiene el filme. Amén de que la película desarrolla gradualmente el personaje principal quien pasa de ser la cuestionada amazona, a la líder incontrovertible de su equipo.

Quizá lo más problemático es su tercer acto con (previsible) giro de tuerca incluido, pero que sobre todo se siente apresurado en su realización, y un poco melodramático. A pesar de esto Gadot y Jenkins nos regalan una de las líneas más cursis/honestas (depende de usted) pronunciada en un filme de superhéroes: Solamente el amor puede salvar al mundo.  Este último define muy bien la visión que plantea Mujer Maravilla, sobre la complejidad, compasión y empatía hacia los seres humanos propuesta. Una línea que difícilmente se pudo haber encontrado en un filme dirigido o protagonizado por un hombre, pues incluso las heroínas hollywoodenses tienden a ocultar su lado sensible, y ella lo presume sin empacho alguno.

Finalmente cabe preguntarse qué habría pasado con sagas como Los Juegos del Hambre o Crepúsculo (que estuvo a punto de ser dirigida por Sofia Coppola en una de sus entregas) de haber sido dirigidas por mujeres. Pues si en Mujer Maravilla el revelador atuendo de la protagonista lejos de verse sexualizado, representa una liberación de esas simbólicas ropas impuesta por la sociedad. No es aventurado especular que las representaciones de las heroínas de las sagas mencionas serían muy distintas.

 

14.06.2017

Jeremy Ocelotl


Yo, como Cecilia en la Rosa Púrpura del Cairo, voy al cine y termino teniendo romances con los personajes. Comunicólogo por la UNAM, crítico matriculado en la escuela de la autodidaccia.....ver perfil
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