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No te preocupes, no irá lejos

por Brianda Pineda

 

En una apuesta por la sencillez y el juego, la última película de Gus Van Sant: No te preocupes, no irá lejos (2018) es un retrato audaz de los caminos retorcidos que llega a atravesar una persona para alcanzar el éxito interior, es decir, para hacerse más consciente de lo que significa ser humano. Sale a la luz más de veinte años después el proyecto que diera inicio en 1997, año en que el director llevó a la pantalla Mente indomable (Good will hunting), cuando Robin Williams compró los derechos del libro de memorias de John Callahan (caricaturista y músico en el que se basa el filme) con la intención de protagonizar una futura película e involucrar en el proyecto al propio caricaturista. El elenco, como se sabe, fue alterado por las muertes tanto de Williams como de Callahan, por lo que Joaquin Phoenix (soberbio y generoso a la hora de las encarnaciones) tuvo que hacerse cargo de la interpretación.

La trama ilustra cómo John Callahan, caricaturista estadounidense reconocido, tiene un accidente a los 21 años en medio de una borrachera, que lo deja parapléjico. Su vida cambia del todo. Y la cámara, mediante close-up’s que van un paso más allá de lo invasivo y piruetas fotográficas que desafían la linealidad, nos lo demuestra. Temas tabú, como el estilo de vida (cotidiano y sexual) de un discapacitado o la perspectiva de la orfandad planteada por un huérfano adulto que de su madre apenas conoce que era pelirroja, maestra y además no lo quería, dotan al filme de cierta frescura. Asimismo son elementos determinantes el tratamiento humorístico,  la relación rencorosa y cargada de prejuicios que tiene el personaje con su pasado y el énfasis puesto en los retos a los que se enfrenta el  cuerpo del personaje una vez que conoce el fracaso de sus habilidades. A ello sumemos que, básicamente, el conflicto central es que John Callahan es alcohólico.

La cinta nos vuelve espectadores de la intimidad patética que existe entre John y la bebida. La reflexión llega y lo hace sin sentimentalismos, semejante al tono desconcertante de cierta melodía que aparece por segundos en distintos momentos de la película, gracias a los pasos que John lleva a la práctica en su reunión de alcohólicos anónimos. Lo trágico es, a veces por costumbre, una decisión cómoda del ser. Sí, en cierto sentido, estamos ante una obra de arte optimista, atrevida y ácida, pero a fin de cuentas esperanzadora. Una invitación al cambio con imágenes crudas y verosímiles (aunque también hay cabida a la fantasía y la alucinación). Annu, enfermera y amante de John (una camaleónica y entrañable Rooney Mara), Donny, magnate y líder del grupo de alcohólicos anónimos con tintes espiritista (Jonah Hill) y los demás personajes cercanos son copilotos necesarios en el viaje que Callahan realiza a su interior para reconocerse. De dicho proceso surgirá la inquietud expresiva, el germen de su brillante (amado y odiado) futuro como artista gráfico. Es decir, el camino que constituye la esencia de la película.

A un ritmo a ratos vertiginoso y desconcertante a desenfoques, pero las más de las veces pulcro y detallado, cuando no irreverente a efectos sorpresivos de imagen, No te preocupes, no irá lejos, es una lección de humildad y de apreciación de la belleza en medio de las hostilidades, no en la queja, sino en la posibilidad de transformar el día a día y la visión que una persona tiene de sí misma en algo mejor. En suma, una dosis recomendable y sin pretensiones de cine terapéutico.

 

29.01.19

Brianda Pineda


@brryanda

Xalapa, 1991. Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Veracruzana. Ganadora en dos ocasiones del Premio Nacional al Estudiante Universitario Carlos Fuentes. Ha publicado reseñas y artículos en La Palabra y el Hombre y rese....ver perfil

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