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Berlinale 69: Grâce à Dieu, obra y omisión: siniestros.

 

Voy hacia la sala de prensa de la Berlinale para ponerme a escribir estas palabras cuando me sale al paso Swann Arlaud, un actor francés de aspecto cetrino, que representa el papel de Gilles en la última película del director francés François Ozon: Grâce à Dieu [Gracias a Dios], que concursa por el Oso de Oro en este festival. En la historia Gilles es un hombre cebra (alguien con alta inteligencia cognitiva) que fue una de las víctimas de pederastia del padre Bernard Preynat (quien sí existe en el mundo y tiene el mismo nombre). La de Gilles es una de las historias que encauza el director francés François Ozon para tratar el tema de los abusos sexuales por parte de padres católicos en Lyon, Francia, y la lucha de la organización La Parole Libérée por hacer justicia a los crímenes.

Ozon emprendió esta película después de leer los testimonios de abuso en la página de La Parole Libérée. La urgencia de la película se intensifica por el giro que estos casos ha tomado en los últimos años a partir de la presión internacional en la cúpula de la Iglesia católica y en el papa Francisco para que ejecuten las acciones debidas. Hasta hoy el padre Preynat no ha sido castigado por ninguno de los cargos que decenas de víctimas han presentado contra él. En marzo de 2019, nos indica una leyenda en la película, se celebrará un juicio de este caso y por eso la rueda de prensa que ofreció el equipo del filme discute con brío la proyección del Berlinale Palast, al calor de los hechos.

Varios de los abusos sexuales de Preynat ocurrieron hace tantos años que ya han prescrito, pero otros siguen siendo vigentes para enfrentar la justicia. Hay al menos 70 víctimas. En enero de 2019, además, hubo un juicio contra el cardenal Barbarin por encubrimiento de pederastia. La crítica así va más allá de los padres pederastas e involucra la conducta cómplice de los círculos eclesiásticos, que decidieron pecar por omisión ante cientos y cientos de acusaciones de abuso infantil.

En la conferencia de prensa se presentaron cuatro de los actores de la película: además de Arlaud, participaron Melvil Poupaud (en el papel de Alexandre), Denis Ménochet (en el de François) y Aurélia Petit (en el de Marie). Por otra parte, Petit representa en la película a una mujer que también ha sido abusada, en su caso por un amigo de la familia. Así, la película enlaza con el movimiento Me Too, aunque Ozon indica que el personaje de Marie se pensó desde antes de la emergencia de ese movimiento. Los aspectos técnicos de la película —impecables y sobrios, aunque convencionales— reciben poca atención de la prensa: la urgencia del tema lleva la discusión a las causas y los efectos de la película en la sociedad francesa actual. 

En ese sentido, es importante el testimonio de los actores en su labor por encarnar un grupo de hombres con identidades heridas, casi siempre quebradas, cuya masculinidad se cimbra con la apertura al público de los casos. El proceso de la maduración de las víctimas había pasado por la represión del trauma; en algunos casos lo habían confesado a los padres, pero no se había emprendido ninguna acción. Finalmente, se exploran los procesos de represión y las dificultades que entraña la confesión pública de los eventos íntimos y dolorosos. “Aún lo privado es político” es el mote de esta Berlinale 69.
La postura de la película ataca con descargas de ironía la Iglesia católica: en más de una ocasión las respuestas de las autoridades eclesiásticas provocan risas entre los espectadores. Se trata de momentos donde el cinismo de los diálogos muestra, por ejemplo, la actitud pusilánime del personaje del cardenal Barbarin en la ficción. Con un afán palmario de no ser maniqueo, a pesar de que la naturaleza del tema conduce a simpatizar con las víctimas, Ozon explora los conflictos internos de los protagonistas que se debaten entre la religión y la apostasía, la fortaleza y la fragilidad, lo público y lo privado, la exposición o el silencio.
Ozon señala que en pocos días se proyectará la película en Lyon. Ironiza: el cardenal Barbarin está invitado al evento.

 



Rodrigo García Bonillas


Ensayista. Vive en Berlín, donde estudia un doctorado en Filología. Adicto a la cultura rusa, se dedica a investigar la literatura de viaje a la Unión Soviética. Es autor del libro Gótica del búho (Siglo XXI, 2018) y colaborador en diversas publicaciones periódicas. Ha sido becario de la Fundación para las Letr....ver perfil
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