siguenos
Titixe

Voces del campo mexicano

por Joel Gustavo

 

El cine autobiográfico manifiesta en pantalla una visión del mundo construida a partir de la subjetividad del director, es decir, comprende un ejercicio fílmico dirigido a hacer expresos sentimientos, emociones y pensamientos particulares del director. Así, documentales como Súper engórdame (Morgan Spurlok, 2004), Vals con Bashir (Ari Folman, 2008) o Yo, Lucas (Lucas Maldonado, 2018) revelan al espectador una experiencia del mundo, pues rompe los marcos narrativos tradicionales del cine a la vez que adelgaza la barrera emocional que ordinariamente separa al director como creador y al espectador como público. En este sentido, Titixe –estrenada en 2018, en la 13ª. Fiesta del Cine de Roma–, primer largometraje documental dirigido por Tania Hernández Velasco, exhibe una poética visual alrededor de la última cosecha de frijol en las tierras que su finado abuelo heredo a la familia. Es, además, en tierras de la familia Velasco donde suena una voz que habla la penosa realidad del campo mexicano. Los siguientes párrafos abundan en la siguiente cuestión: ¿Qué le quiere decir al espectador la realidad actual del campo mexicano a partir de películas documentales como Titixe?

 

Una última cosecha, una última oportunidad

En el estreno internacional de Titixe la directora Tania Hernández declaro: “Yo le había prometido a mi abuelo que iba a volver para que me enseñara los secretos de la siembra y la cosecha y hacer una película con él pero llegue demasiado tarde, cuando ya se había muerto en 2014”[1], con esta proclamación queda claro el propósito del documental, sin embargo, no será Tania sino Doña Yolanda Velasco (madre de Tania) la protagonista y principal voz de un esfuerzo familiar: una última cosecha de frijol para convencer a la abuela de Tania de no vender los terrenos que heredó de su finado esposo. Para llevar a cabo esta empresa familiar cargada de esperanzas, Doña Yolanda invierte sus ahorros e involucra en la cosecha a tíos, hermanos y sobrinos –además de la misma Tania–, quienes narran su personal sentir acerca del esfuerzo que significa labrar la tierra.

En el aspecto visual Titixe devela imágenes cercanas a los paisajes bucólicos aludidos en empaques de comida congelada, que poco se parecen en la realidad a los espacios donde son cultivados, procesados y embarcados para su venta. En este sentido, la principal fuerza gráfica de la película recae en mostrar un ciclo completo de labranza y cosecha en el que suceden permanentes cambios: cielos límpidos se tornan en cielos tormentosos; tierra abandonada a las hierbas malas se transforma en tierra labrada con cosecha en flor; hombres, mujeres y niños arando se articulan como una familia reunida cosechando: todo esto convertido en una recogida de imágenes que dan cuenta del ciclo vital de la agricultura, pilar de nuestra civilización. Por otro lado, el sonido y música del filme invitan a escuchar un canto entonado por los sonidos del viento contra los árboles y el trinar de los insectos, además de otros sonidos únicos de los poblados apartados del bullicio incesante de las ciudades. En el mismo sentido, la banda sonora compuesta por Jorge Bolado marca fluidamente el ritmo de las imágenes, generando por momentos un montaje simbólico fuerte, lo cual otorga al documental escenas propias del cine contemplativo.

Sembrar y cosechar la nada

 Usualmente comprar productos básicos en el tianguis o supermercado no detona pensamientos alrededor de la producción de jitomates o manzanas que adquirimos. Nuestro interés, al momento de comprar, se centra en el precio y calidad de los productos. El ciudadano común recibe a través de medios de comunicación electrónicos abundantes noticias sobre el incremento de precios de productos clave para los consumidores, pero es en su mesa donde se materializa una realidad que México enfrenta hace décadas: el estancamiento de la producción agropecuaria nacional en el marco de una creciente oferta de productos básicos de importación. De esta manera,  Titixe se suma a otras voces cinematográficas que hablan de la realidad del campo mexicano: Los herederos (Eugenio Polgovsky, 2009), penoso documental que retrata el trabajo infantil en el cultivo y labores manuales en varias zonas del país; El maíz en tiempos de guerra (Alberto Cortez, 2016), un testimonio de cuatro comunidades indígenas de México, en las que sembrar y cosechar maíz representa un acto identitario y político por el clima de violencia generado por los conflictos agrarios y el narcotráfico; Cría puercos (Ehécatl García, 2018) un drama alrededor de la gentrificación que sufre la población otrora dedicada a labores agrícolas y los conflictos que detona la migración del campo a la ciudad de generaciones enteras de mexicanos.

Por su parte, Titixe da cuenta directa e indirectamente de problemáticas actuales que enfrenta el campo mexicano, pues la Familia Velasco labra sus tierras a cielo abierto sin sistema de irrigación, es decir, cultiva de igual manera que el 79% de los productores agrícolas nacionales. Más aun, los Velasco cultivan con yunta; en México al menos 74% usa tractores u otra maquinaria, pero de estos tan solo el 18% es propietario de la misma. Así, los miembros de la familia más viejos y curtidos por las faenas del campo declaran que por cuatro cosechas consecutivas han sembrado “para perder” ahorros, esfuerzo y esperanzas; en el país lo que más afecta los cultivos nacionales son las sequias con el 43%, vientos 31%, lluvias 25%, granizadas 15%, es decir, la producción agrícola nacional es dependiente de los fenómenos naturales, que como manifiestan los Velasco han cambiado dramáticamente a peor en años recientes como resultado del cambio climático global. Finalmente, la realidad más amarga para la Familia Velasco son los intermediarios que compran a bajísimos precios el kilo de productos cosechados y por aun menos la cosecha entera, así la colecta de frijol de la familia no permite recuperar ni una tercera parte de los ahorros invertidos por Doña Yolanda. En México el 51% de la producción agrícola es vendida a intermediarios y tan solo el 25% de los productores cuenta con medios suficientes para vender directamente sus productos.[2] Frente a tan aplastante realidad Doña Yolanda llora su derrota y acepta resignada la venta de las tierras familiares, con el único consuelo de no haberse rendido frente al azaroso clima y la miseria moral del mercado agrícola nacional. 

Recoger lo que no se encontró a primera vista

Titixe es una tradición comunal practicada en algunas poblaciones del centro del país, que consiste en recoger granos, quelites, flores y otros productos sobrantes de un terreno luego de ser recogida la cosecha. En analogía, lo que queda por comentar sobre la opera prima de Tania H. Velasco son cuestiones que tomar en cuenta para una posterior cosecha de imágenes. Pues la duración de la película -62 minutos- permite inferir limitaciones de producción que se aprecian en la repetición y larga duración de algunas escenas, situación que agota la fuerza de los paisajes filmados. Más aun, el filme tiene una composición exclusiva de planos exteriores, que sumada a la ausencia de referencias espaciotemporales –en el largometraje no se hace ninguna referencia geográfica– impide situar al espectador en el lugar donde ocurren las acciones.

En este mismo sentido, la duración del documental entre mediometraje y largometraje permite imaginar que el material grabado fue limitado o pobre en calidad, esto se exhibe en la concentración de roles de producción que Hernández Velasco acredita: dirección, producción, edición, fotografía, además narra el documental, es decir, la concentración de tareas restringió el rodaje así como la posibilidad de adquirir imágenes que enriquecieran los planos de cada escena y la composición de los mismos. De este modo, el resultado final de la producción es una cinta que habla angostamente de la realidad que viven los agricultores de Puebla, a la vez que la construcción de escenas en poemas visuales se alcanza solo en algunos planos y parcialmente en algunos segmentos que compone la totalidad del documental.

Por último, cabe mencionar que Titixe tendrá oportunidad de mostrar su valor documental y estético en festivales nacionales e internacionales. Además, para la sociedad mexicana comprenderá una voz viva del campo mexicano y un llamado lirico a prestar atención sobre la precariedad que rompe los deseos y esperanzas los campesinos nacionales.

 

[1] Pérez, Ernesto (2018). SudAmericaHoy. “Titixe”, de Tania Hernández Velasco y el olvido del campo mexicano. Recuperado de http://sudamericahoy.com/pais-mexico/titixe-de-tania-hernandez-velasco-y-el-olvido-del-campo-mexicano/

[2] INEGI. Encuesta Nacional Agropecuaria 2017. (2018). Recuperado de http://www.beta.inegi.org.mx/ contenidos/programas/ena/2017/doc/ena2017_pres.pdf

Mr. FILME


@FilmeMagazine
La letra encarnada de la esencia de F.I.L.M.E., y en ocasiones, el capataz del consejo editorial.....ver perfil
Comentarios:
comentarios.
Comentar:
Nombre*

Email

Website

*