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Mujercitas 2019

por Brianda Pineda Melgarejo

 

Las mujeres tienen mentes,  tienen almas, no sólo
corazones. Y tienen ambición,  y tienen talento,
además de belleza. Estoy harta  de que digan que
una mujer sólo sirve para el amor.

Jo March

 

 

Este comentario, dialoga, tan sólo con la adaptación a la gran pantalla de la novela Mujercitas, escrita por Louisa May Alcott y publicada por primera vez en 1868. Dicha obra literaria ha visto tantas ediciones y traducciones en el mundo como puede pedir un clásico y, paradójicamente, ha pasado por esa misma razón desapercibida para muchos lectores. Sí, mi intuición me dice que no soy la única que aún no lee la obra ante la cual una sociedad cerrada y pseudopuritana de editores estadounidenses tuvo que empequeñecer su ego y hacer caso omiso de una serie de restricciones inútiles que servían para decir a las mujeres "tú no puedes escribir y, si lo haces, no puedes escribir sobre esto…"

     Viajar en ese simulador llamado cinematógrafo al siglo XIX para conocer a Jo March (una melancólica y desafiante Saoirse Ronan) y sus hermanas Amy (Florence Pugh), Meg (Emma Watson) y Beth (Eliza Scanlen) que componen, junto a su madre Marmee (Laura Dern), un matriarcado alucinante y cálido instalado en un viejo caserón en Concord, Massachusetts, es una experiencia nostálgica y enriquecedora por promover la tenacidad, la preocupación por los seres queridos, el asombro ante la realidad y la valentía propia de los personajes que transitan un relato de iniciación. Hoy, el mundo es diferente a como era hace dos siglos. El ruido. Las ciudades expandiéndose. La era digital. Los miles y miles de libros que aparecen cada día. Decimos con orgullo que las mujeres escriben y publican, si bien la igualdad de oportunidades y criterios sigue sin alcanzarse. Hay disidencia genérica; todos los días sale un arcoíris. El futuro no tiene género.

     El filme, dirigido por Greta Gerwig (Lady Bird, 2017), despierta la curiosidad de cómo habrá contado Louisa May Alcott mediante palabras la historia de las hermanas March. Es, en primera instancia, una invitación a la lectura de la novela. La escritora y periodista Laura Ramos (quien hace nada publicó una prometedora biografía sobre las hermanas Brönte) es autora de dos artículos[1] que profundizan en la relación realidad/ficción [la vida interesante que tuvo Alcott vs. Mujercitas, su creación] y permiten dimensionar el fenómeno literario de acuerdo al contexto de la época en que fue escrito; además, analizan las formas de representación femenina: aquella que parte de un sometimiento ideológico represivo que empequeñece las posibilidades de llevar la vida deseada (Jo publicando relatos de forma anónima o bajo un pseudónimo masculino por ser mujer), así como esa otra forma donde es posible una vida libre y salvaje, acaso llena de obstáculos, pero desafiante contra los límites impuestos por el género, capaz de abrir puertas prohibidas (Jo liberándose del yugo de los editores, sin dejar de crear, divirtiéndose con sus hermanas y Laurie (Timothée Chalamet), enfrentando las adversidades del destino, sin dejar de crear, para obtener como recompensa de su compromiso consigo misma la escritura de una novela notable).

     Sólo el deseo de las hermanas, siendo tan jóvenes, es capaz de mostrarles nuevos caminos. No ese futuro en diminutivo que se espera para cualquier mujer de su clase social, sino uno determinado por el coraje y las buenas y malas decisiones propias. La trama de la película abarca más de siete años de sus vidas. Accedemos a ciertos pasajes de la vida de cada una: la pequeña Beth, la menor de ellas y la más tímida, amenaza en sensibilidad con ser un prodigio del piano; Amy, dotada de suspicacia e inteligencia pinta cuadros con entusiasmo; Meg, la más convencional, capaz de brillar en un baile de debutantes y disfrutarlo, desmitifica en su sólido romance con un profesor que la regla de la libertad deba ser vivir desgraciadamente por elegir casarse y formar una familia; sin embargo, es Jo, la hermana mayor, quien pone la sal en esta mesa compartida. Ésta siente una pasión por las letras y por el teatro y lucha con rebeldía para que sus obras sean tomadas en cuenta por la sociedad. Estamos, sobre todo, ante una historia de iniciación literaria.

     Escuché decir a algunos espectadores, mientras abandonábamos la sala de la cineteca, que seguramente varias personas se quedaron dormidas durante la proyección. No sé a quiénes se refería, pero a los que apasione la escritura y sus procesos, el film no los dejará indiferentes. La historia del germen que inspiró una novela y su publicación, está bien contada. La formación literaria de Jo, en pleno siglo XIX, es difícil. En un punto escribe para los demás (en su mayoría hombres a los que no conoce); además de eso vive aventuras con sus hermanas a las que quiere salvar del matrimonio, y pasa mucho tiempo con Laurie, un muchacho italianizado que no responde a la seriedad masculina de la época, sino a una libertad que oscila entre la virtud y el vicio. Es la vida, engendradora de dudas, instantes de una belleza arrebatadora, y tristezas irreparables, la que termina por ofrecer a Jo una posibilidad necesaria: escucharse a sí misma e ir en busca de su voz, de sus ficciones, por medio de la escritura, un arte que la salva de la incomprensión de las convenciones.

     Greta Herwig entrega un filme interesante; pues, a pesar de que su ritmo llega a ser cansado en algunas secuencias, se da un equilibrio gracias a los puntos álgidos del drama (las conversaciones entre Jo y su madre, las muertes y su poder transformador, el humor de la tía March (una encantadora y amarga Meryl Streep). La ambientación está bien lograda (por algo ganó el oscar a mejor diseño de vestuario, el cual estuvo a cargo de Jacqueline Durran) y, si hay algo a lo qué ponerle un pero, es a la música; yéndose por lo seguro eligieron piezas de Chopin, Schubert, Brahms, Strauss, Beethoven, entre otros compositores clásicos, pero los instantes en que las reproducen no favorecen la experiencia estética y dotan a la película de un aura excesiva y melosa. Sólo el paisaje nevado, las cálidas y elocuentes actuaciones en la atmósfera rural de Massachussets, así como en el caos neoyorkino todavía no tan desmedido como el actual, consiguen distraer al espectador del hartazgo al que conduce la música de fondo (salvo en un par de escenas en las que sí armoniza con la situación dramática).

     Con todo y el tono rosa que a ratos se cuela, Mujercitas es una historia seria. Una historia de sororidad. No niega los malentendidos, ni las contradicciones posibles entre dos o más mujeres, pero enfatiza el poder liberador del apoyo cuando es amor. Acierta, sobre todo, en las escenas de tensión dramática. Buen ejemplo es la ida al teatro de Jo, Laurie y Meg sin invitar a Amy quien, dejándose llevar por el enojo, mientras ellos se divierten ausculta en los cajones de Jo, toma un manuscrito en el que su hermana llevaba tiempo trabajando, y lo arroja al fuego; al volver a casa y descubrir la venganza, Jo se pone furiosa y aplica durante semanas la ley de hielo a Amy, sin invitarla a ningún lugar. Un episodio de rencor que parece no tener fin hasta que, una tarde en la que Laurie y Jo patinan sobre hielo, Amy los sigue con la esperanza de obtener el perdón de su hermana y unirse a sus juegos, pero por descuido, mientras avanza el hielo se quiebra bajo sus pies y ella acaba hundiéndose en el agua helada, a punto de ahogarse; Jo, por instinto amoroso, corre hacia su hermana y olvida de golpe, y no sin un asombro fundado en el miedo, el episodio de discordia entre ambas.

     La película es emotiva, y eso se agradece. En pleno siglo XXI esta adaptación invita no sólo al entretenimiento, sino a la reflexión sobre qué es ser mujer y, sobre todo, quién es importante que responda a esa pregunta vital: no son los hombres.

Brianda Pineda


@brryanda

Xalapa, 1991. Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Veracruzana. Ganadora en dos ocasiones del Premio Nacional al Estudiante Universitario Carlos Fuentes. Ha publicado reseñas y artículos en La Palabra y el Hombre y rese....ver perfil

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