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Black Canvas: SueƱos y reflexiones en torno al cine

 

Primera correspondencia entre Amira Ortiz y Bianca Ashanti

 

Querida, Amira:

 

No sé si esta carta te encontrará despierta; si no es así, lamento haber tardado tanto en escribir. La realidad a veces se vuelve caótica, sé que me entiendes bien porque, tan sólo para empezar, no es nada sencillo no dormir por las noches. Llevo varios días pensando en esta particular situación y me ha intrigado de sobremanera imaginar cómo es que logras llevarle el ritmo al rush de los festivales. Hace no mucho publicaste que casi nadie hablaba sobre dormirse en el cine y tienes razón, estaría muy interesante analizar más a fondo cómo es que toda esta experiencia cinematográfica (ya de por sí onírica) repercute en nuestros sueños. ¿Cuál es la película con la que más te ha costado permanecer despierta?

Por otro lado, también tengo que disculparme porque no he podido ver todos los filmes que me hubieran gustado en estos días de Black Canvas. Pese a ello, he logrado encontrar muchas sorpresas y he recobrado el entusiasmo de compartir contigo mis experiencias y la ola de sentimientos que me ha traído este festival.

Comenzaré con Pari, que es -quizá- una de las más convencionales en cuanto a su realización, pero que me ha resultado sorprendente por su historia y su fotografía. Hace algunos años tuve un sueño, caminaba por unas calles del centro en donde los locales y las casas se van intercalando, había una luz muy tenue y yo tenía un miedo que me paralizaba, pero aún así me seguía moviendo. Este mismo sentimiento me ha invadido al ver Pari, como si el miedo y la incertidumbre de la protagonista lograran impregnar todo el ambiente y llegar hasta mí, hasta esta visión compartida del mundo en donde las mujeres no caminamos solas por la noche sin apretarnos los puños o sobresaltar nuestra respiración. Incluso he recordado A Girl Walks Home Alone at Night y qué ganas sentí de que Pari también fuera una vampira en busca de sangre y no sólo una madre haciendo lo imposible por encontrar a su hijo.

¿Qué te ha parecido a ti? ¿te ha gustado el personaje? A mí me ha intrigado por lo complicado que me resulta entenderla; y es por eso que deseo retomar este punto, ya que no me atrevería a resumirla como una madre desesperada, eso anula toda su complejidad y nos impide entender por qué decide subir a un barco aun cuando conoce que su hijo es feliz y sigue con vida. En una primera lectura, yo creía que era una decisión que correspondía a la misma condición de amor maternal, pero pronto me he dado cuenta de que no es así y me ha fascinado, porque Pari pudo haberse detenido en el momento en que ella quisiera, pero sus elecciones siempre parecían llevarla cada vez más lejos, de su marido, de su país y de sus propia normas morales, una imposición que repudiaba pero que no logró dejar atrás hasta que tuvo un motivo lo suficientemente fuerte para no volver. Para tener la vida que siempre quiso, para subirse a un barco lleno de desconocidos, mirar por la borda y esperar que sus sentimientos la guiaran.

Ahora que lo pienso un poco mejor, quizá Pari sí tenía este lado vampiresco que no temía a la noche, este lado salvaje e instintivo que se nos arrebata por miedo, tal como lo escribió hace algunos años la gran Clarissa Pinkola. En fin, he encontrado en esta película un montón de cuestionamientos inacabados y supongo que esa ha sido mi parte favorita (de la peli y del festival), lograr el desprendimiento absurdo de llegar a una totalidad. Este último pensamiento también se complementó gracias a la charla de Pablo Escoto sobre su película Toda la luz que podemos ver (2020), que ya de entrada es un título bellísimo para iniciar con una historia de amor que siempre parece culminar, pero no lo logra. También espero que hayas podido ver esta cinta, el cine mexicano contemporáneo es algo en lo que todavía no he decidido entrar de lleno, pero que indudablemente trae cosas muy interesantes, ¿tienes alguna recomendación para mí?

Tampoco logré ver todos los cortos, pero encontré algunos que me impactaron por su ritmo, como Junction de Hari Sama, aunque ahora que lo pienso supongo que debía esperar algo así después de ver Esto no es Berlín; o Humongous! de Aya Kawazoe que, indudablemente, vendría perfecto para una discusión sobre el onirismo intrínseco del cine, los sueños y los recuerdos ¡qué belleza! Fuera de eso, me he perdido otras tantas y otras tantas se me seguirán escapando, pero ayer por la noche he rescatado The plastic house y no puedo hacer nada más que recomendarla con todo el amor que me generó a mí. Es un docu-ficción particularmente contemplativo que -desde mi perspectiva- intenta mapear el remolino de sentimientos ocasionados por la perdida de un ser querido. A veces también me gustaría tener un invernadero y cuidar ahí mis propias tristezas.

 

En fin, espero que el sueño no te haya vencido y que tengas tus tiempos en orden, me despido con esta maravillosa cita de William Faulkner (que he encontrado gracias a Alisson Chhorn) esperando leer tu respuesta pronto.

"In a strange room you must empty yourself for sleep.

And before you are emptied for sleep, what are you? 

And when you are emptied for sleep, what are you?

And when you are emptied for sleep you are not. 

And when you are filled with sleep, you never were

 

Abrazos calurosos,

A.

 

 

 

Querida, Ashanti:

 

No tengo una respuesta para tu primera pregunta, porque desde hace varios meses voy y vengo de las películas. Me explico. El cansancio, el letargo, las preocupaciones se mezclan con las imágenes del cine. Cada película me cuesta. Hace poco cumplí un año trabajando de madrugada y es la hora en la que no consigo un balance. A veces mis días comienzan a las 2:30 de la mañana y terminan a medianoche. ¿Es la voluntad de la mente sobre el cuerpo lo que me mantiene? ¿Es la necesidad por ser productiva? No sé. Por lo pronto hay algo reconfortante en ser testigo de cintas que me muestran una vida que parece escaparse de mí.

Supongo que eso último resuena con todos los espectadores en estos tiempos. La pantalla, ahora lejana al cine, en la que presenciamos un mundo que ya no existe. También la concepción de los festivales de cine está mutando y su expansión a plataformas de streaming es lo que nos tiene aquí intercambiando palabras. Para hablar de mi experiencia en esta edición híbrida del Black Canvas, voy a comenzar con una película que aplica a la circunstancia. Es La calma, de la cineasta china Song Fang, que sólo tuvo proyecciones en cine, pero que por solicitud pude ver desde casa.

La protagonista de esta ficción es una documentalista que recorre ciudades de Japón y China para presentar su nuevo proyecto, visitar a sus padres, encontrarse con una vieja amiga y recorrer espacios. Al inicio, Lin Tong (interpretada por Qi Xi) revela que ha terminado una relación. El trabajo de la actriz me puso a pensar en la delgada línea que existe entre la inmersión y la apatía. Podrá sonar contradictorio, pero desde el lado del espectador, a veces resulta imposible dimensionar imágenes contemplativas. Y es que en la distancia puede existir vulnerabilidad, así como las exposiciones aparentemente directas también pueden enmascarar intenciones. Al igual que a tí, me intriga que con las películas de esta selección nunca terminaremos de develar las historias ni de conocer a sus protagonistas.

No ví Pari, pero tus reflexiones resuenan. Así como cierto imaginario de lo vampiresco te llevó al trabajo de Amirpour, a mí lo hecho por Song Fang me evocó a Chantal Akerman, la maestra del retrato de lo cotidiano. Pienso en cómo leemos lo que en apariencia es estéril. Por lo pronto yo recurro a la asociación. De la misma forma en la que resulta imposible desligar las biografías de ambas autoras con sus películas, para mí el ejercicio de reflexión está ligado a quién soy y el momento que estoy viviendo. Creo que dice más de mí lo que leo en los tiempos muertos de estas mujeres ficticias que sobre ellas. Lo veo como una especie de vulnerabilidad recíproca.

Por otra parte, me perdí de Toda la luz que podemos ver. Fue una cinta que quería revisar, pero los compromisos y los desvelos jugaron en mi contra. Retomando la idea de una historia de amor inconclusa, y respondiendo a tu solicitud, me referiré a La paloma y el lobo, que también forma parte de la selección “México dentro del Canvas”. Lo primero que me sacudió de la cinta de Carlos Lenin fue la mirada empática. Me parece un cineasta profundamente humano y por ello me resulta imposible hablar de su historia en términos de trabajo, estudio u objeto. Al centro están Paloma y “Lobo”, dos enamorados con triple lucha: con lo propio, con su relación y con la realidad barbárica que amenaza al país.

No fue sino hasta que ví la complicidad y la distancia entre Paloma Petra y Armando Hernández a cuadro que comprendí que al cine mexicano, en su bastedad de imágenes de la violencia, le faltaba observar cómo este entorno transformó nuestras relaciones sexoafectivas. El término me parece frío, pero es justo algo de eso lo que provoca la crisis de esta pareja. ¿Cómo nos permitimos la vulnerabilidad ante el ser amado cuando el entorno lo castiga? ¿Cómo se lidia con el trauma en pareja?

De entre las muchas reflexiones que la cinta ha despertado en mí, una de ellas también se refiere a la representación de las historias de amor de la clase trabajadora. Somos mayoría y, sin embargo, la idea del enamoramiento y las parejas en la pantalla grande indudablemente está entrelazada con aspiraciones materiales y cierto modo de vida privilegiado. Me encantaría conocer alguna recomendación tuya sobre el tema.

Festejo que coincidimos en los visionados de Humongous! y The plastic house. Hablando de esa última, la imagen del invernadero frágil, pequeñísimo ante el mundo, como un espacio para la sanación nos viene bien. ¡Gracias por retomar la cita de Faulkner! De igual manera celebro el lugar que el festival le está dando al cortometraje y al mediometraje. En la primera categoría Sol del llano, de Manuela Irene (qué cool esta generación de directores jóvenes que firman sólo con sus nombres), me conmovió por su exploración de la “mala madre”. El medio Paraíso Invisible, de Daria Yurkevich, también se ocupa de una madre soltera, la relación con los hijos y el entorno del campo, aunque en un escenario más visitado por la historia, como lo es una comunidad cercana a Chernóbil.  

Los títulos que menciono son ficción y documental. Aprovecho para nombrar a un largometraje donde las fronteras entre estas se diluyen. Se trata de Las poetas visitan a Juana Bignozzi, de Mercedes Halfon y Laura Citarella. Halfon heredó la obra de la fallecida escritora argentina Juana Bignozzi y en esta cinta poetas y cineastas jóvenes buscan revelar a la autora en sus escritos, en los espacios que habitó, en sus pertenencias, en los detalles, como una anotación en un trozo de papel. Es un ejercicio de acompañamiento y reflexión sobre las posibilidades de la narración. En un punto las voces de Mercedes y Laura debaten sobre la “utilidad” de los poemas y películas y coinciden en que, esencialmente, “no son importantes”. Sin embargo, basta mirar su dedicación al proyecto para dimensionar esa respuesta.

 

Es tarde. Mi reloj marca las 12:05 am.

 

Se despide, A. ;)

P. D. Por mucho tiempo la sola vocal fue mi nombre de usuario en Twitter.

 

 

Querida, Amira:

 

He releído tu carta tres veces, todas y cada una de ellas con la intención de responder, pero los tiempos no son mis aliados, espero puedas disculparme. Por otro lado, yo también comparto este placer de encontrar, a través del cine, lo que no me es posible vivir por ahora; una experiencia, un sentimiento o inclusive una ilusión de que todo estará bien, aunque no lo esté.

Esta mañana ha sido particularmente fría y me ha recordado mucho a la casa de los abuelos, que hoy por hoy me resulta más una abstracción que un recuerdo; quizá porque ahora todo es confuso y comenzamos a confundirlos entre ellos. En fin, mi recuerdo era sobre una tarde en particular. Estaba sentada en un largo sillón café que todos odiaban, pero que yo amaba porque tenía la medida perfecta para recibirnos a mí, a mi abuelo y a su guitarra vieja. Mirábamos una película y el tiempo pasaba con una lentitud envidiable. Este sentimiento se ha quedado impregnado en mí desde entonces e intento buscarlo por todos lados, especialmente en las películas; quizá por ello me ha fascinado tanto esta programación.

Sentí, entre cada filme un fluir constante, ocasionalmente interrumpido por una marea rápida que se detenía con la misma facilidad que llegaba y que parece estar relacionada con nuestros cuestionamientos sobre el onirismo intrínseco del cine (mencionados anteriormente). En El río que nadie ve, un interesante cortometraje sobre el ir y venir de los sentimientos y los peligros de permitir que se queden estancados, alguien menciona “clavarse en un sueño profundo es como rendirse uno mismo ante la corriente”, ¿todo se tratará de dejarse llevar? Quizá ésta es la razón por la que siento un dialogo explícito en la curaduría; por ejemplo, ¿recuerdas la cita de Faulkner? He encontrado nuevamente el concepto de “vaciarse” en Vasos comunicantes, mediometraje de ficción que rescata la vida de una estudiante de arte. “E”, como se refieren a ella a lo largo de la historia, es una artista visual que experimenta todo el tiempo con conceptos orientados a la influencia y el peso que confiere este continuo río de emociones e ideas transmitidas entre unos y otros. Me gustaría aprender cómo vaciarme para poder dormir.

Regresando un poco a tus palabras, estoy completamente de acuerdo en la doble vulnerabilidad que existe dentro de la interpretación personal de una película (y de la vida misma). Pero ¿no es esa la mejor parte de compartir nuestras experiencias a través de estas cartas? Nunca sabes qué caminos tomarán las reflexiones; nuestras lecturas, por más distantes que sean entre sí, logran converger en un mismo caudal y conforman algo nuevo; como la poesía, que “sirve para cruzar dos cosas que nunca se han cruzado”. Esta última cita, que seguramente reconoces de Las poetas visitan a Juana Bignozzi, me ha fascinado porque creo que justo de eso se trata todo, de crear nuevas ideas a partir de la confrontación inexacta con la vida.

Además, me gustaría rescatar algunas particularidades (sumamente interesantes) comenzando por el planteamiento sobre la ficcionalidad del cine documental que se nos muestra desde el primer momento. ¿No te parece fascinante esta intencionalidad del festival de jugar con los viejos preceptos aspiracionales del cine sobre una realidad inexistente o una totalidad inalcanzable? Esta idea parece complementarse con Un verano inusual que, aunque estoy segura de que puede tener una lectura mucho más compleja, me ha resultado muy destacable por la aparente simpleza con la que se plantean un montón de cuestionamientos sobre nuestra forma de interactuar con el entorno. En una parte de la cinta una infantil voz en off enuncia “En la cámara de mi padre todos tienen derecho de existir”. Yo encuentro un posicionamiento completamente crítico en torno a la imagen y lo político que puede resultar simplemente sentarte a mirar, a reconocer a tus vecinos e interesarte por sus vidas. Quizá, este cine más orientado a la contemplación sea justo el medio ideal para oponernos al rush imparable de la vida que durante tanto tiempo nos absorbe (incluso en nuestro cautiverio pandémico).

Lamentablemente no logré ver más de 10 minutos de El paraíso invisible, pero durante ese lapso me fue imposible no rememorar Acasa, my home, largometraje documental del GIFF con formato similar, que planteaba una serie de reflexiones en torno a la tierra y nuestra relación con ella; uno de los temas centrales del festival, comenzando por This is not a burial, it´s a resurrection.

Volviendo al tema, también me ha resultado muy interesante el papel que se le ha dado a los cortometrajes. Lo último que he logrado ver de esta particular selección ha sido Señal 8 y 22 de agosto, este año. Ambos ensayos audiovisuales que abordan temas sobre la espera, la desesperanza y la incertidumbre. ¿Por qué encuentro esto por todos lados? ¿es mi lectura o sólo es el sentimiento de que el mundo de verdad se nos está terminando?

No sé si te he saturado ya de preguntas sin sentido, pero antes de despedirme me gustaría saber qué te ha parecido Punta y línea al plano. En lo particular ha sido uno de mis favoritos de toda la programación, quizá porque el sentimiento de duelo aún está muy cerca de mí y encontrar similitudes me hacen sentir que la tristeza también se puede compartir para aminorar la carga (y los efectos). Además, es innegablemente poética la forma en que se le da continuidad a las reflexiones sobre la muerte, la percepción propia de la vida y la relación que tenemos con este río invisible que fluye a través de todos y nos conecta; como una composición de Kandinsky, que no puede existir sino a partir de la conjunción (irracional, en su gran mayoría).

¿Cuáles han sido tus impresiones finales de este festival? Me encantaría saber si tuviste alguna favorita.

No me queda más que escribir, pero me gustaría terminar esta carta agradeciéndote por tus palabras que tanto bien me han hecho para aminorar este confinamiento del que todavía me cuesta desprenderme. Te mando un fuerte abrazo y me despido con este pequeño verso de Juana, que me ha conquistado por la esperanza que transmite (y que tanta falta nos hace).

 

 

[…]si la palabra tiene valor

esta distancia lo probará

si la palabra es vida y los que la manejan viven en ella

ésta es la prueba

 

si ya pensé mi vida o sea ya la viví

el agua de este mediterráneo tan muerto

es prueba y respuesta

 

 

Abrazos fuertes,

A.

 

 

Ashanti:

 

He tratado de darle forma a los sueños que confías para mí en estas palabras. Eso me puso a pensar en lo propio y llegué a una conclusión: desde hace mucho no tengo memoria de haber soñado. Ayer, después de un día particularmente duro, me quedé dormida en un intento por concluir nuestra correspondencia. ¡Sorpresa! Soñé y lo recuerdo. La memoria es breve y lo agradezco porque se trató de una pesadilla. Un resumen. Una mujer toca a mi puerta y apenas jalo el pasador, ella está dentro. Me dice que me calle y pone su mano sobre la boca. No recuerdo su monólogo, o si en ello revelaba algo para justificar la acción, pero no era necesario que intentara silenciarme porque yo no podía hablar, no salían las palabras. Desperté gritando.

Pensando en las casualidades, uno de los últimos filmes que ví en la programación de Canvas fue El fin del sufrimiento (Una propuesta). Se me erizó la piel cuando uno de los narradores hizo mención a las cartas sin acabar que la protagonista tenía sobre el escritorio, entre ellas una para su abuelo. El corto inicia con una joven teniendo un ataque de pánico en el transporte público y consuela con la posibilidad de un escenario, un planeta, donde aquello que nos hace humanos se desvanece. Un lugar donde no hay espacio para el sentir que atormenta.

Contrasto al  trabajo de Jacqueline Lentzou, con el largometraje Nails on my brain, de HiIal Baydarov. En el segundo aparece a cuadro un hombre en ruinas, en el sentido literal y metafórico. Siempre aprecio la vulnerabilidad de un creador, pero en este caso pensé que la exposición es más cercana a la autoconmiseración que a la reflexión. Se que ya no habrá espacio para una respuesta tuya, pero dejo al aire la duda. ¿En qué momento el dolor se vuelve auto flagelo? ¿En qué momento dejamos de hablar de sensibilidad y pasamos al espectáculo? Por supuesto esto también lo pienso cuando expongo lo que siento en ejercicios como este. La frase que rescatas de El río que nadie ve me lleva a una pronunciada en Nails… a la que no he dejado de darle vueltas: “Para ti el arte es solo una excusa para la cobardía”. 

En la programación también me encontré con otro ejercicio de exposición, aunque en un tono opuesto. En Ivana the terrible, la directora y actriz Ivana Mladenovic se interpreta a sí misma, y trae a la autoficción a su familia y a su ciudad natal. La estancia de Ivana en ¿casa? nos sumerge en un mundo donde ficción y realidad convergen. ¿Qué es mentira y qué es verdad? Escribiste que las cintas del festival destierran la idea de un retrato completo de la vida a cuadro. Agregaría que esa idea va más allá de la pantalla. La labor creativa está en todos lados, inabarcable por su cualidad mutable. ¿Has pensado en que todos tenemos algo de actores y directores? 

Estamos de acuerdo en que esta es una edición en la que la contemplación reina, pero voy a diferir un poco en cuanto a nombrarlo el “medio ideal”. Estoy segura de que lo que planteas apenas es una arista, pero a veces tengo la impresión de que instalarse y sólo reflexionar sobre cierto tipo de cine también resulta cómodo desde una determinada visión crítica. Me parece curioso porque ese es un reclamo constante a las audiencias de parte del sector en el que nos movemos. No tengo respuestas concretas, pero por ahora estoy convencida de que las reflexiones no se vuelven automáticamente más complejas por presentarse desde un aura solemne. O quizás sea sólo yo extrañando algo del mundo que ni siquiera puedo definir.

 

Me preguntas sobre mis títulos favoritos de la edición, pero creo que más que listar a las cintas a las que les puse corazón en Letterboxd (¡ja!), esta correspondencia deja una evidencia más completa de mi experiencia con la selección de este año. Resulta que mientras te escribo me ha llegado un correo que detalla a los ganadores del festival. De las 20 cintas reconocidas solamente ví tres. Ese balance no deja muy bien parada. Pero, ey, ¡se hizo lo que se pudo! Y a veces un poquito más. Seguro tú lo entiendes.

Aprovechando los galardones, nombro al corto Boca de culebra, de Adriana Otero Puerto, sobre una comunidad maya donde la mayoría de la población es sordomuda. Más de una vez se ha dicho que el documental es el género más destacable de nuestra cinematografía. En un país como el nuestro no es sorpresa que el tema escape a las habilidades de un director y que su “importancia” (discutir eso nos llevaría varias cartas) radique en tema y no en exposición o en un punto de vista. Otero se une a la lista de excepciones. Tengo tantas preguntas sobre el proceso de la película. Pero de entrada tengo que decir que es evidente cuando el interés de un creador es genuino y que me emociona sobremanera ver una nueva generación de jóvenes cineastas interesadas por trabajar desde el tú a tú.

¿Te diste cuenta del papel de las directoras en la selección de cortometraje? También me emociona que hablemos a detalle de los trabajos breves en tiempo e inabarcables en ideas. Eso me llevó a pensar en cuántos cineastas han hecho carrera en el corto y cuántas de mis cintas favoritas vienen en este formato. ¿Qué valoración le damos al cortometraje no sólo desde el circuito de festivales, sino como críticos y espectadores? Desde luego no podemos dejar de lado el hecho de que el corto y el medio abren la puerta a los creadores independientes, a los que como tú y yo -con sus debidas distancias- tienen que sobrevivir con trabajos más allá del cine.

¿Cómo quedó tu conteo final? En 10 días de programación pude ver 17 películas: 8 largometrajes, un medio y 8 cortos. Estoy satisfecha por las ideas con las que me encontré, los cineastas que ahora ubico y seguiré explorando y además, por la oportunidad de conocer y entablar diálogo con gente que escribe cine y sobre cine. Me falta tiempo y espacio para hablarte títulos como The trouble with being born, Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, Toro entre aguas y más. No sé qué nos depara el mundo para una próxima edición, pero el grito que me despertó me da una pista.

 

Ashanti, no nos vamos a callar.

Me despido.

 

Te mando un abrazo bien dado, de esos que en esta realidad sólo son posibles en los sueños. 

  • Amira.

 

 

01-10.10.20

Mr. FILME


@FilmeMagazine
La letra encarnada de la esencia de F.I.L.M.E., y en ocasiones, el capataz del consejo editorial.....ver perfil
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