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Fin de una saga. Batman: el caballero de la noche asciende

por Julio César Durán
@Jools_Duran

Tras una larga espera, por fin el ciclo del Hombre Murciélago en su versión siglo XXI se completa. Desde la sorprendente aparición de El Guasón en Batman: el caballero de la noche (2008), los cinéfilos y los fanáticos del superhéroe de la capa negra alrededor del mundo ansiábamos ver de qué manera Christopher Nolan (Memento, 2000) terminaba su contrato con Warner Brothers/DC Comics y con el célebre personaje.

Batman: el caballero de la noche asciende (2012) concluye una saga bastante interesante en la que el realizador británico Christopher Nolan fue el encargado de llevar la batuta e interpretar para nosotros el gran mito contemporáneo del hombre detrás de la máscara. Se le agradece a Nolan el poder realizar una representación actualizada del heroico murciélago y así apropiarse de un personaje icónico para la cultura popular, manipulando y modificando su historia al mismo tiempo que sus detalles; se le agradece también el llevar de manera verosímil al protagonista, junto a Ciudad Gótica y sus habitantes, al mundo real; por último se le agradece el tono agresivo, oscuro y violento, tan característico de la mayor parte de la cronología del Batman de las historietas.


Filmada en gran parte con equipo IMAX, El caballero de la noche asciende combina diversas sagas del cómic de Batman, tomando como fuente principal la serie de episodios impresos conocida como Tierra de Nadie, publicada a finales de los años 90, donde Ciudad Gótica se ve parcialmente destruida después de numerosos sucesos y Bane toma control de ella, disputando con varios famosos enemigos del murciélago el dominio de la ciudad.

La película, que resulta tan nacionalista como cualquier cinta norteamericana, comienza con un Bruce Wayne enclaustrado a la Howard Hughes, tras 8 años de retiro deliberado no sólo de la vida común sino también de la vida como justiciero enmascarado. Dicha reclusión tendrá que suspenderse cuando un misterioso ex miembro de la Liga de la Sombras, Bane, lleve a cabo un enorme y elaborado plan para por fin destruir el vicio, maldad y decadencia que Ciudad Gótica representa.

Bruce Wayne/Batman tendrá que recuperar las fuerzas perdidas y enfrentarse no sólo a un enemigo que lo supera en fuerza y habilidad, sino también al abandono de su paternal mayordomo Alfred, a la pérdida de su fortuna y a la aparición de Selina Kyle, ladrona de alta escuela. Con todos estos conflictos en frente, el Hombre Murciélago llevará a cabo una épica empresa suicida para intentar recuperar a su devastada ciudad que estará durante la mayor parte del filme en un completo caos, bajo el poderoso yugo del súper villano Bane.


Batman: el caballero de la noche asciende, al igual que sus dos predecesoras, adolece de ser demasiado moral al poner en sus protagonistas juicios de honorabilidad y de valores que resultan fuera de lugar para la personalidad del superhéroe y para el carácter que maneja tanto la historia como el conocido mito contemporáneo. Existe en el filme un contraste de lo moral con la forma tan violenta como poco escrupulosa que mantiene el mismo personaje cuando porta la capa negra.

El argumento de la tercera entrega de Batman está bien construido y ya en pantalla nos aparece como una película muy elaborada, llena de giros e intrigas, de acción y de altas/bajas emocionales y psicológicas. La trama se vuelve intensa de forma poco convencional, para ser un filme de evasión, gracias a que los hermanos Nolan al lado de David S. Goyer, pudieron meter mano de la historia regalándonos películas complejas desde que trabajan codo a codo en la industria hollywoodense. Sin embargo el resultado final está lleno de obviedades. A lo largo del filme se van sucediendo múltiples errores de guión y de elementos no sólo superficiales si no situaciones, frases o secuencias completas, que por donde se vea están de más, sumados a innecesarios flashbacks, que suponemos fueron propuestas de un mal productor, quien subestima la capacidad de la gran audiencia al intentar hacer de este Batman una pieza más accesible.

En el monumental final de la epopeya del héroe encapuchado, cantada por el juglar/mago/cineasta Christopher Nolan (cfr. El Gran Truco, 2006), el actor Christian Bale toma por fin su carácter protagonista (que no había logrado totalmente en las anteriores) y brilla por primera vez mucho más que el coro de grandes intérpretes que lo han acompañado a lo largo de la trilogía, en parte gracias a que Anne Hathaway termina siendo una Gatúbela bastante insípida, con un rol de segundo plano, gracias también a que Bane impacta por el diseño de producción aplicado al personaje, ya que Tom Hardy (quien lo representa) aparece dos segundos en toda la película –podría haber sido cualquier pelado bajo la máscara de gas–, y finalmente gracias a que Gordon (Oldman), Alfred (Cane) y Fox (Freeman) desaparecen del universo gótico de manera parcial.


De esta manera, la alegoría que se muestra en El caballero de la noche asciende es bastante actual y presencial. Las grandes metrópolis tienen como base al caos y a la podredumbre, que tarde o temprano, bajo un modelo en apariencia funcional pero estéril y decadente, se vendrán abajo llevándose entre las patas a sus millones de ciudadanos. Serán aquí los símbolos encarnados, figuras arquetípicas que infunden coraje y esperanza, quienes darán respiro en los momentos de crisis y podrán hacer correr el motor de supervivencia del ser humano.

Finalmente Nolan prometió darnos al mejor Batman de la historia del cine, a cambio de terminar con ésta tercer película, una franquicia que buscaba no el desarrollo de personajes y conflictos dramáticos como él disfruta, sino llenar las arcas de los exhibidores y de los comerciantes. El cineasta no cumple la expectativa –tal vez por eso la industria lo amarró a Zack Snyder para el reinicio de Superman a estrenarse el próximo año– pero sí dirige de manera autoral un grande y estruendoso final para el Caballero de la Noche, que está muy lejos de ser una mala película y le cumple con creces a los fanáticos del subgénero y a los cinéfilos de hueso colorado. Christopher Nolan reinterpreta y se apropia, bajo un estilo personal, a la gran figura (la más conocida también) del mundo de las tiras cómicas.

25.07.2012

Julio César Durán


@Jools_Duran
Filósofo, esteta, investigador e intento de cineasta. Después de estudiar filosofía y cine, y vagar de manera "ilegal" por el mundo, decide regresar a México-Tenochtitlan (su ciudad natal), para ofrecer sus servicios en las....ver perfil
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