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Tótem de Jessica Krummacher

por Laura Galicia


En Tótem (Krummacher, 2011) veremos la desesperanzadora rutina de la vida de una familia alemana que se ve alterada por la llegada de Fiona Berlitz (Marina Frenk buena, muy buena), una joven contratada por internet para ayudarlos con las labores domésticas, que termina por convertirse en pieza clave de la extraña dinámica familiar al aceptar, por lo menos en apariencia, el hecho de que todos los integrantes de esta peculiar estirpe descarguen en ella sus frustraciones.


Conforme avanza la historia podemos descubrir cómo se gesta una relación de codependencia en esa casa, en donde el tiempo parece detenerse, y mientras los integrantes del grupo se concentran en la persona que parece ser el nuevo foco del lugar, destaca la importancia y las permisiones que ella les otorga.

Tótem retrata de una forma sencilla la cruda resignación de una grotesca pareja que centra su atención en fetiches y rituales intrascendentes, dejando de lado a sus hijos –una apática adolescente y un inquieto niño al que sólo Fiona atiende–. Claudia, la madre (Nadja Brunckhorst intensa), está obsesionada con un par de muñecos a los que abraza y protege con la misma intensidad con que ignora a sus verdaderos hijos cuando permanece refugiada en su cama de bronceado; o el padre, Wolfgang (Benno Ifland intrascendente), que a su vez parece disfrutar la rutina que el tiempo ha impuesto en su casa a la que trata sólo los fines de semana. Poco a poco la protagonista empieza a reconocer su rol dentro de ese hogar: se vuelve indispensable para todos y, a pesar de la presión del ambiente, de pronto se halla buscando motivos para salvar el "hoy" de la familia, aunque para ella también carezca de sentido.

Con una iluminación por momentos escasa y algunos errores bien planeados al ligar las secuencias, la historia nos envuelve en una atmósfera íntima de conformismo con la absurda realidad de los personajes, la violencia psicológica y física, y la evidente insensibilidad hacia Fiona que nos hace cuestionarnos acerca de cuán grandes pueden ser los daños de vivir sin ideales, de la crueldad de los seres humanos cuando se encuentran en situaciones de poder y de los vacíos emocionales que nos impiden cambiar el rumbo aunque sea evidentemente necesario.

Una escena que parece aislada de la trama haría las veces de resumen de la película: Fiona pasea de madrugada a los muñecos de Claudia por la calle; es detenida e interrogada por un policía que, luego de verla marcharse riendo, comenta “No hay que entenderlo todo...”.

La silenciosa ópera prima de la cineasta Jessica Krummacher forma parte de la 11a semana de cine alemán y permanecerá en exhibición en algunas de las sedes alternas de la cineteca hasta el 03 de septiembre.


24.08.12



Comentarios:
24.08.12
Jorge Solórzano dice:
No he visto la película, pero de sólo leer, he quedado absorto!. . . además "no hay que entenderlo todo. . .". . .tendré que verla. . .
24.08.12
Timmy dice:
Suena buena la película, buen cuerpo y contenido Laus, espero tu próximo artículo mi vida! :) TQM
03.09.14
Crmn dice:
Buenísima. Me recuerda a mi experiencia en Brighton. Una película que te hace pensar.
comentarios.
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