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Sabina Rivas

¿Víctima de la pobreza o de sus aspiraciones pueriles?


El realizador mexicano Luis Mandoki (Voces inocentes, 2004) vuelve al drama de injusticias y situaciones límite con su más reciente largometraje. Temas como migración, explotación y muerte son tratados en el filme de gran manufactura producido por Abraham Zabludovsky, sin embargo puede dejar a varios paladares cinéfilos con un bocado algo desabrido.


por Jimena Ladu

El problema de la inmigración, es una situación que se manifiesta en todo el mundo. La gente que vive en los países del sur busca emigrar a los del norte, donde se imagina una mejor calidad de vida. Las violaciones a los derechos de los inmigrantes son severas, desvergonzadas y en unos casos sangrientas, pero más cobarde es el hecho de que los paises de origen no puedan proporcionarle a sus ciudadanos lo mínimo para tener una calidad de vida digna.

La vida precoz y breve de Sabina Rivas (2012), adaptación de la novela La Mara de Rafael Ramírez Heredia, es la nueva película de Luis Mandoki con la cual el director mexicano vuelve a demostrar su preocupación: la injusticia. En el filme se narran las aspiraciones de Sabina por ser cantante y llegar a los Estados Unidos. Ella huye de su realidad personal, más que de una realidad social, sin embargo, su historia sirve de pretexto para plasmar la situación de los migrantes centroamericanos en la frontera sur de México con Guatemala, en donde se comenten ilegalidades por parte de las autoridades y de los Mara Salvatrucha.

Sabina, es víctima de la falta de educación en su país, pues cree que es una gran cantante, y como es la sensación del congal donde está, piensa que será una gran estrella, primero en México y luego en los Estados Unidos. En una entrevista que dio Abraham Zabludovsky, (productor de la película) para el periódico La Jornada afirma que: “este trabajo cinematográfico se propone mostrar la realidad que hoy se vive en la frontera sur, no ofrecer soluciones, pues no es el papel del director. Vemos el sufrimiento de una niña (Sabina, interpretada por Greisy Mena) que no se ve a sí misma como víctima; ella es una guerrera, ella dice ‘me voy’, regresa, toma sus decisiones; dice ‘vete’, pide que no le cambien el nombre, y lo único que la salva de la manada de lobos es un vestidito de algodón, a veces ni siquiera eso. La salva su espíritu”.[1]

Es claro pues, que lo que busca el productor, es una película que apele a lo emocional y no a lo racional, por ello muestra a los malos muy malos y a los buenos muy buenos, lo cual desde mi punto de vista no es real, no obstante para su función dramática y de estilo es verosímil. Por otro lado Sabina carece de aquel “espíritu fuerte”, ella es de lo más débil pues no es una heroína, es una ser común y corriente en su situación social de la que no intenta salir, sino sólo cambiar de lugar.

También, es claro que, para cualquier persona que no esté sensibilizada y conozca el tema de la inmigración de centroamericanos a nuestro país, es algo impactante, pero es un cliché sin maquillaje, porque hemos visto la misma historia, con diferente contextos sociales, en películas de Meche Carreño o en Aventurera (Alberto Gout, 1950) con Ninón Sevilla.

Sin embargo, y afortunadamente, existen documentales como De nadie (Tin Dirdamal, 2005), en donde se expone los verdaderos problemas que supone el cruzar la frontera sur de México para llegar a los Estados Unidos, La vida precoz y breve de Sabina Rivas es cruel, es realidad, no lo niego, pero el sueño de esta adolescente es muy limitado a lo que realmente sucede con los inmigrantes, pues ellos no buscan fama, ni ser millonarios, lo único que quieren es que a sus hijos no les falte comida.


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[1]. Abraham Zabludovsky, Entrevista para La Jornada [en línea], dirección URL: http://www.jornada.unam.mx/2012/10/16/espectaculos/a09n1esp [consulta 1 de noviembre de 2012].


01.11.12

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