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Siete psicópatas ¿y un perro?

por Marco Aurelio Del Mezcal


La superproducción Seven psychopaths (2012) de Martin McDonagh –que se estrenó la semana pasada en México con el ridículo, por no decir otra cosa, nombre de Siete psicópatas y un perro, gracias a algún “ocurrente” distribuidor, algún burócrata del RTC, (o quien resulte responsable)– es la película con la que el cineasta británico regresa, en el mismo tono de su rara muestra de thriller-tragicomedia llamada En Brujas (2008) –que siempre me ha parecido un enorme flashback de alguna historia más interesante–, pero esta vez hecha en Los Ángeles y con actores estadounidenses, a excepción del protagonista irlandés, Colin Farrell.

El filme abre con un plano general del gran letrero del distrito de Hollywood, así que en principio la película parece ser una oda al cine norteamericano y al culto que éste le profesa a la violencia; también desde que vemos a un misterioso asesino encapuchado de maneras psicopáticas, asesinar a sangre fría a dos maleantes. Bang!, el segundo largometraje de McDonagh comienza a correr y sabemos que el tono será explícito, ácido y por lo que se puede ver, casi coral.

El protagónico es Martin (Farrell), en claro tono de alter-ego de McDonagh/guinoista/director, quien tiene problemas para escribir el guión de su siguiente película, de la que sólo tiene el nombre: Seven psychopaths. Su mejor amigo actor (interpretado por el genial y subvalorado Sam Rockwell) se dedicará a darle ideas para el texto fílmico combinándolo con su segunda profesión: secuestrar perros para que más tarde, su viejo socio (Christopher Walken, otro actorazo dedicado por muchos años a papeles de soporte), los devuelva con jugosas recompensas. Lamentablemente, en uno de sus múltiples golpes, secuestran al perro equivocado, Bonny, la mascota de Charlie, un mafioso demente, obviamente otro psicópata (Woody Harrelson), que se dedicará a volarle los sesos a cuanto personaje se le ponga en frente (incluída a la famosísima Gabourey Sidibe (Precious, 2009). Desde aquí, los enredos no se harán esperar.


Así se va, únicamente en apariencia, el argumento de Seven psychopaths, con una breve intervención de Tom Waits como psicópata ex asesino serial de asesinos seriales, y una serie de guiños al cine que suponemos ha influenciado al realizador, desde Violent cop (Sono otoko, kyôbô ni tsuki, Kitano, 1989) hasta Paris, Texas (Wim Wenders, 1984), pasando por el cine clásico hollywoodense, bromas sobre la producción del séptimo arte y demás curiosidades, pero la cinta termina siendo más que sólo un divertimento que juguetea con la estructura convencional del cine que se hace en el célebre condado angelino y, partiendo del thriller de acción (lo que sea que signifique tal mashup de palabras) con su buena dosis de gore y humor negro, llega a ser un ensayo sobre el absurdo y el ridículo del cine de evasión gangsteril hecho en norteamérica.

De repente puede parecer que la corta filmografía de éste realizador originario de Londres es no más que una revisita a obras como las de Guy Ritchie (Snatch, 2000), pero veremos que se trata más bien de un estilo oriundo de las neblinosas tierras británicas, y que McDonagh tiene no sólo un ojo bastante diferenciado del de sus contemporáneos, si no que al mismo tiempo compone géneros difíciles de delimitar a partir de rupturas de los mismos, que juegan al sin sentido y a hacer algo diferente que una película de formulita. Es decir, el mentado perro del título sólo es un pretexto que no importará mucho.

La pieza de McDonagh afortunadamente prefiere desarrollar personajes bastante inverosímiles, pero entrañables, a los que les da picos dramáticos y giros interesantes, para lograr una película extraña con mucho qué decir acerca de cómo vemos y cómo consumimos la violencia del séptimo arte. Eso sí, si lo que buscan es una película con balazos y malos chistes que tenga un final predecible (sobre todo después de ver el tráiler que nada dice de la película que uno ve en la gran pantalla), no lo van a encontrar en Siete psicópatas.


29.11.12



Marco Aurelio Del Mezcal


@MDelMezcal
Crononauta perdido en el siglo XXI. Es crítico de cine y en su tiempo libre aprovecha una beca de la Universidad de Tokio para su proyecto de música y física cuántica. Algún día terminará su investigación postdoctoral sob....ver perfil
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