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Invasión, humor y psicología
por Rosa Criales
@JozinhaCriales

La dupla conformada por Gastón Duprat y Mariano Cohn que anteriormente ya había demostrado calidad en su trabajo -El Artista (08)-, ahora logra consagrarse con la cinta El Hombre de al lado (09), un filme plagado de humor negro con tintes psicológicos.

La cinta parte de un argumento que en un principio parece ser muy simple; la inclusión de una ventana hacia el vecino, que juega como iniciador de un conflicto sobre la pérdida de la privacidad.

Leonardo (Rafael Spregelburd) es un exitoso diseñador acostumbrado a una vida burguesa, que vive junto a su esposa y su hija en la Casa Curutchet, única construcción-vivienda en Latinoamérica del arquitecto francés conocido como Le Corbusier. Por el contrario, Víctor (Daniel Aráoz) es un hombre de aspecto extraño, ordinario, espontáneo, directo en sus ideas y un tanto invasivo.

Ambos se conocen a causa de los estruendosos golpes en uno de los muros, con lo que inicia la película, pantalla dividida en dos: en una oímos los martillazos y en la otra observamos la destrucción que causan los martillazos, algo así como la causa y sus efectos.

Leonardo, en busca de una explicación recibe una justificación de Víctor, que quiere hacer una ventana para “atrapar unos rayitos de sol que a él le sobran”. Y así inicia una interminable batalla, en donde Leonardo, en un principio víctima, tendrá que salvar su privacidad e impedir a toda costa que se haga esa abertura.

El Hombre de al lado es un filme donde el espacio y la arquitectura juegan un papel dentro de la trama, e ilustran ese nuevo modo de convivir en la modernidad, donde una aparente simple situación detona nuevos rasgos en las personalidades, lo que representa uno de sus mayores aciertos: la detallada y exquisita construcción de los dos personajes protagónicos, que no son el bueno y el malo, sino apariencias, prejuicios y patologías muy particulares.

De igual modo la ventana interviene como un instrumento de observación capaz de abrir la mente al conocer otras realidades y ver lo que tal vez no corresponde ver. Esto lo demuestra el personaje de la hija de Leonardo, que no mantiene comunicación con sus padres, y parece que vive aislada en su habitación. Sin embargo, gracias a esa ventana y al teatro guiñol obsceno de Víctor, puede volver a sonreír.

Los diálogos de elevada calidad y excelsas actuaciones de la película llevan al espectador a una continua tensión argumental y donde no se puede evitar reflexionar acerca de lo que provoca mirar y ser mirados, mostrarnos tal y como somos ante una sociedad que aún vive de apariencias y convencionalismos.

Es fundamental no dejar de lado este interesante filme que fue seleccionado para participar dentro del Festival New Directors, y que ganó premios en Sundance y en Mar del Plata, ahora que se estrene en salas comerciales, o incluso en su formato doméstico.

Praxedis Razo


Un no le aunque sin hay te voy ni otros textículos que valgan. Este hombre gato quiere escribir de cine sin parar, a sabiendas de que un día llegará a su fin... es lo que más le duele: no revisar todas las películas que querría. Y también es plomero de avanzada. Mayores informes y ofertas al 5522476333. ....ver perfil
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