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Level 5
por Daniel Valdez Puertos

A la humanidad le urge hacer una pausa, lo sabe. El acto de suspender el tiempo es una de las fantasías más lúdicas que el cine nos puede ofrecer, pero aquí estoy hablando de una pausa más allá del cronómetro y más cerca a la reflexión. Tener el privilegio de asistir a una retrospectiva de Chris Marker es jugar a prestidigador del tiempo, pero cuidado, se corre un alto riesgo de no regresar jamás y quedarse eternamente cabilando entre las dimensiones ópticas de un no-documental, una no-ficción, un no-ambos y que al mismo tiempo entronca con cualquier posibilidad. Es en ese nivel en el que nos sitúa Marker en Level 5.

Laura, una escritora que está ¿condenada? a continuar el proyecto de quien fuera ahora su desaparecido amante: terminar de programar un videojuego de batallas que toma como relato la tragedia ocurrida en Okinawa. Iremos conociendo a Laura y su historia, sus fantasmas y su locura a través de video-diarios cual si fueran streamings media de un pasado que no podemos evocar porque aún transcurre en el presente de un futuro que remite a un momento muerto; o más bien un quizá, un virtual instante en el borde más retórico y tecnológico del enunciado, en el que cada nota visual de Laura se enmarca en imágenes pixeleadas, en tratamientos de imágenes reventadas en bits, en una estética cyber que se advertía en el umbral de la World Wide Web en los inicios de los noventa, aquí llamada OWL, dónde todos tienen una máscara de interface, en la que de repente hablamos con desconocidos que saben demasiado de nosotros. Abrumadora visión, ahora realidad, la que profetizaba Marker.

Lo que importa es Okinawa. Pocos saben lo que ocurrió en aquella isla en la que Estados Unidos decidió embestir no con una bomba atómica, como en Hiroshima, sino con los básicos sistemas de cadencia de fuego, napalm, cazas draconianos, francotiradores de cerrojo, unidades de infantería eficazmente entrenadas para descuartizar cuerpos, soldados soberanamente preparados para desmembrar al contrincante y violar a la población sobreviviente. En Okinawa no murieron más de 120 mil personas, como en Hiroshima. En Okinawa murieron más de 150 mil. Sin embargo nadie sabe ni recuerda qué pasó en Okinawa. Nagisa Oshima, aquél cineasta japonés, el llamado Pasolini nipón, sale a cuadro para dar testimonio de los horrores que el cine apenas se ha atrevido contar sobre Okinawa, mon amour, cita Laura en guiño-burla-respuesta a lo que alguna vez Resnais elaboró en tono poético para Hiroshima. Marker siempre va más allá.

Lo que importa es la obsesión. Level 5 es un diario de campo que sirve como pieza de instalación. Reelaboración de formatos, eclosión de imágenes que no están sujetas al paradigma de una hegemonía narrativa. Level 5 no apela únicamente al porvenir informático ni solamente una nota recordatoria sobre un episodio histórico que desconocemos en la mayoría, si no también es una visionaria propuesta de hacia donde se dirigirá el cine hoy en día.

Marker era un fanático de la información aún a su avanzada edad, confesado devoto del Japón y un amante de los gatos. Marker no era un documentalista, provenía de otra frecuencia interestelar que hacia interferencia por mera casualidad con la nuestra. Marker está en el muelle, jugando el nivel 5, en retrospectiva.

Nota curiosa: Level-5 Inc. (株式会社レベルファイブ ) es una empresa desarrolladora de videojuegos. Ha desarrollado juegos para Nintendo y PlayStation, fundada en 1998, un año después de la película de Marker.

Para ver el calendario de exhibición de este filme en AMBULANTE, da click aquí.
15.02.2013

Daniel Valdez Puertos


@Tuittiritero

Textoservidor. Lic. en Técnicas de la alusión con especialidad en Historia de lo no verídico. UNAM generación XY. Editor en Jefe y cofundador de la revista F.I.L.M.E. Fabricante de words, Times New Roman, 12 puntos. Es....ver perfil

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