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Don´t Stop Believin´: Everyman´s Journey

por Eric Ortiz

“La gente piensa que lloramos o nos quejamos por el éxito, cuando lo que queremos decir es que hay presiones muy fuertes y que algunas cosas podrían evitarse”; estas son palabras del líder de Pearl Jam, Eddie Vedder, dichas tres días después de la muerte de su contemporáneo Kurt Cobain en 1994. Las presiones en la industria musical de las que Vedder habla son expuestas como pocas veces en el documental de Ramona S. Diaz, Don´t Stop Believin´: Everyman´s Journey (2012) el cual resulta ser interesante a pesar de que está hecho principalmente para los fanáticos de Journey (algo que estoy infinitamente lejos de ser).

Uno de los grandes logros del filme es su excelente reflexión de la música como negocio. Journey es un grupo que se originó en los setenta en San Francisco, con un rock progresivo que los llevó a ser comparados con The Grateful Dead –su guitarrista principal, Neal Schon, había trabajado antes con Carlos Santana. Suena como un prometedor inicio, sin embargo la banda era un fracaso financiero y no tuvo ningún problema para hacer de su sonido algo más “amigable para la radio”. Para la agrupación californiana, los (horribles) años ochenta fueron sinónimo de millones de dólares y ciertamente de ese rock de arena que años después Cobain y Vedder vinieron a reemplazar.

El documental nos presenta a Arnel Pineda, un pequeño hombre de Manila, Filipinas, quien protagoniza, en sus propias palabras, un “cuento de hadas”: en 2007 Journey buscaba un nuevo vocalista y gracias a la magia de Youtube se pusieron en contacto con el filipino, quien tenía videos con su grupo interpretando covers de Journey. A partir de la inverosímil situación, las diversiones comienzan no sólo para Pineda sino también para el espectador. Por ejemplo, verlo en acción en su primer show con la banda (realizado en Chile) y escuchar el relato de cómo la adrenalina lo hizo correr y brincar literalmente por todo el escenario, es tan hilarante como la manera en que el baterista de la agrupación lo describe: “es como si mezclaras a David Lee Roth con Bruce Lee”.

Conforme el filme avanza, las grandes presiones de la música antes mencionadas aparecen de una manera notable en Arnel Pineda. El vocalista y su esposa disfrutan del dinero, obviamente, pero en todo momento se muestra que el carismático Pineda no está hecho para soportar la carga de trabajo, misma que viene en paquete con todo y el hecho de formar parte de un acto que vende más que los Jonas Brothers (sí, éste bizarro dato es parte de la cinta). Los momentos previos a cada show son una especie de lucha interna, en la que el filipino se convence a sí mismo de que no podría estar en un mejor lugar. El conflicto resulta más relevante que cualquiera de las canciones de Journey, aunque si eres fan seguramente no podrás esperar para corearlas en el cine.

Si el rock de arena de los ochenta con sus baladas afeminadas no es de tu agrado, Don´t Stop Believin´: Everyman´s Journey no te dará ningún motivo para cambiar en lo más mínimo tu perspectiva. Neal Schon, por ejemplo, se presenta como el típico rockstar sin nada de carisma, que siempre te presume su habilidad con la guitarra pero nunca se pierde en la magia del instrumento como lo hacen los más grandes. Sin embargo la historia se rescata con el personaje central del documental, a partir de Arnel Pineda se generan argumentos interesantes que ayudan a contrarrestar, entre otras cosas, la decisión de la directora de mostrar en su totalidad la interpretación en vivo de una famosa balada de Journey.

Para ver el calendario de exhibición de esta película en AMBULANTE, da click aquí.
05.03.13

Eric Ortiz


@ElMachoBionico Movie geek. Desde El Macho Biónico hasta Fellini, pasando por Troma, Scorsese y Clint Eastwood. Estudié en la UNAM y también escribo para Twitch, Butaca Ancha y Radio Tónica.....ver perfil
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