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Promised Land

Aunque a destiempo, la Berlinale sigue dando de qué hablar con la última producción de Van Sant que se animó a ponerse a concurso, a escrutinio de la mirada de nuestro enviado especial que, confiesa, deja mucho qué desear.

por Cuauhtémoc Pérez-Medrano

 

Promised Land (2012) es el último trabajo de Gus Green Van Sant Jr., mejor conocido como Gus Van Sant, director estadounidense que después de Milk (2008) y Restless (2011) nos presenta un peculiar drama tanto en la producción como en el tema: una historia con tintes ecologistas, basada en el texto de Dave Eggers, adaptado para la pantalla por Matt Damon y John Krasinski, dos de sus productores, actores participantes y ejes de la película.

 

La película, medianona y ambigua, presenta un discurso de concientización al mismísimo estilo Joshep Grillo, información con moraleja del uso del fracking (método inducido para generar gas natural luego de una fractura hidráulica en el subsuelo), por un lado; y por otro lado, la imposibilidad de exhibir adecuadamente un problema global y contemporáneo. El filme nos exhibe un sarta de tácticas bajo una poética hollywoodense que podría llegar a irritar. La historia se desarrolla a partir de los estereotipos de un drama moralizador; valores como bondad, honestidad y amor, son abordados por un maniqueísmo que ofrece una historia frágil, pero que con algunos chispazos de humor irónico suaviza el tema, a veces intragable y aburrido para algunos.

Sin más preámbulos, aquí la historia: Steve Butler (Damon) es un agente de ventas proveniente del campo, a quien la compañía Global Crosspower Solutions (léase una ironía cuasi imperceptible) le asigna la tarea de convencer o vender la posibilidad de usar el fracking en algunos terrenos de un pueblo en Pennsylvania para la obtención de gas natural inducido.

En un inicio la recepción del pueblo hacia nuestro héroe Butler y su compañera Sue Thomason (Frances McDormand) es muy positiva, ya que es para muchos habitantes del pueblo la propuesta de Butler y Sue es la posibilidad de obtener un gran beneficio económico. Se puede pensar que en un inicio el trabajo será provechoso para todos y, afectivamente para nuestro héroe, ya qué Butler comienza un coqueteo con una mujer del pueblo, la profesora de primaria Alice (Rosemarie DeWitt).

Si no supiéramos que estamos viendo una película de la competencia de la Berlinale, me atrevería a decir que hasta este punto parecería que nos teletrasportamos a algún otro lado donde se proyecta un drama muy a la gringa, con flirteo en un bar campirano y chistes rosas. Decidimos brindarle el beneficio de la duda y seguimos, por alguna razón esta película se proyecta en el Freidrich-Palast, ¿o no?

No tardan en aparece los primeros rayos de la tormenta en la historia del filme. En una junta de información y promoción del fracking dirigida hacia el pueblo aparece un personaje que está en descuerdo con aceptar el modelo de inducción de gas, un supuesto profesor de secundaria, Frank Yates (Hal Holbrook), quien posteriormente se descubre como un profesor universitario experto en física, cuasi premio Nobel, y que después emite un discurso que pone de manifiesto la posibilidad de un desastre natural al usarse dicha técnica, convenciendo a una parte importante del pueblo, y se complica un poco la situación.

Pero los truenos y los vientos de la tormenta se enardecen con la llegada de un activista ecológico, Dustin Noble (John Krasinski), completo antagonista de Butler, quien a través de una fotografía que muestra ganado muerto supuestamente por la praxis del fracking, y le da los argumentos visuales para generar una propaganda ecológica en contra de Global Solutions, lo que envuelve a nuestro héroe Steve en una tormenta, el desprestigio social, una paradoja moral, la posible perdida del trabajo y quizá lo más importante la latente perdida de su chica.

En fin, se plantea la paradoja moral de Butler, nuestro héroe, quien comienza a dudar de su propia empresa, teniendo como única arma su honestidad que pone de manifiesto su origen campirano, cercano al pueblo. La verdad en la poética gringa siempre se sabe, y poco a poco se descubre que el duelo entre el héroe y el antagonista, y aun la campaña ecológica, es un performance montado por la misma compañía para asegurarse de sus inversiones y del trabajo de sus empleados.

El final me abstengo de contarlo, pues no es nada complicado saber cómo termina un dramita como estos. Y más aún cuando la verdad y el amor juegan un papel tan predominante dentro de la historia, y cuando, según Borges, hay pocos caminos finales para el héroe, el regreso al origen es uno de ellos.

La película es incitante más en sus erratas que en sus aciertos, por ello nos preguntamos ¿dónde se sitúa la tierra prometida? Ya que al parecer, más allá de donde las banderas con barras y estrellas hondean, el problema es inexistente. ¿Será que en aquellos lugares hace falta esa verdad estadounidense?

No se vaya usted a creer todas estas ideas con tintes pseudo-marxistas y contra-imperialistas que intentan lanzar pestes de Pormised Land, pues lo que sí hay que aceptar es que si algo tiene Van Sant, no es lo panfletario en la imagen. Prueba de ello son algunas secuencias donde la cámara, con un paneo lento y delicado, sugiere la entrada a los pensamientos de algunos personajes. Táctica de montaje que le dota un buen ritmo a los plano secuencias. Asimismo aprovecha algunas tomas en picada, que recorren los campos de cultivo, y explota el nivel narrativo que se muestra omnipresente y elocuente, y que sino hiere al espacio sí lo obstaculiza, como un emblemático cuchillito de palo.

Finalmente falta aún decir que la película podría ser ejemplo claro de la tesis de la manipulación de las masas, ya que exhibe un pueblo carente de sentido crítico, que espera la opinión de “los que saben”, sea Butler o sea Nobel, para emitir su aprobación o desaprobación sobre el uso de la fractura hidráulica. Por esta razón, queridos lectores, no les quito las ganas de ir a ver este peliculón, claro, en cuanto sea proyectada, bajo el título literal (La tierra prometida) u otro apetitoso título que la reinterprete. Así, me dirán todo lo que se han equivocado mis ojos cizañosos y sobreleídos, o celebrarán con beneplácito que el tema ecológico sea exhibido dentro de los filmes participantes de la Berlinale, prueba de que los temas pro ambientales están más que nunca en el foco del interés global.

 

17.03.13

 

Cuauhtemoc Perez Medrano


Comenzó su doctorado en Suiza y lo terminó en Alemania, en la universidad de Potsdam. En el entretanto ha vivido en Suiza, Holanda, Francia, Portugal, Alemania, Italia y Malta. Ha trabajado como mesero, botarga, tablajero, conductor de tren, vendedor de créditos, plomero, jardinero, profesor de español, cocinero, b....ver perfil
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