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El extraño caso de Angélica

por Rodrigo Martínez


En 2007, durante el Festival de Cine de Cannes, Manoel de Oliveira (Oporto, 1908) encontró una nota anónima en la habitación del hotel en que se quedó. Se trataba de un comentario crítico que describía su cine como una mera sucesión de fotografías. El portugués relató la anécdota para señalar que hubiera querido tener la oportunidad de explicar que para él existe una importante diferencia entre una foto fija y un plano fijo. Concluyó con una declaración recuperada por el diario El País: “Cuando no ocurre nada también ocurren miles de cosas” (Elisa Fernádez-Santos, mayo 5, 2008). El extraño caso de Angélica, realización número 41 del cineasta de 102 años de edad, se caracteriza por esta idea: una presunta reflexión de lo fotográfico sirve para componer una elegía romántica, encubierta de obsesión por un amor irrealizable, sobre la vitalidad de las artes visuales.

Ante la inexplicable muerte de la recién casada Angélica (Pilar López de Ayala), la familia católica en luto contrata al joven Isaac (Ricardo Trêpa) para que retrate por última vez a la difunta. Durante la velación, el fotógrafo judío compone un detalle de la cara de la muchacha y descubre, mientras mira a través del visor, que ella sonríe como si estuviera viva. El artista deja el velatorio, en estado de pasmo, sin saber que ha comenzado una relación de encuentros y ensoñaciones con la mujer fallecida. Abandona el hogar enlutado bajo el designio de un enamoramiento que se vuelve obsesión desde la noche misma del registro fotográfico y ante la inquietud de quienes lo conocen.

Desde su debut con el documental Duero, faena fluvial (1931), Oliveira ha explorado el camino que Pasolini denominó “cine de poesía”. Posee un estilo que se caracteriza por la quietud y la austeridad visual, y que se aproxima más al espíritu de la composición lírica que al de la narración visual. El extraño caso de Angélica no revela su riqueza con la mera lectura del relato de una obsesión amorosa. Se trata de una elegía en dualidad: una que canta a la muchacha difunta y otra que está dirigida a las bellas artes, sobre todo a las visuales. En un ejercicio de estilo que casi constituye un genuino epigrama cinematográfico, el amor y la locura se presentan como destinos ineludibles sólo como pretexto para poetizar el universo de las artes plásticas. Un mundo que la película presenta como lleno de vitalidad, pero en estado de crisis, de cambio.


Una de las perspectivas de la historia del arte consiste en describirla como el desarrollo de diversas maneras de percepción. El extraño caso de Angélica tiene un fundamento romántico, pero enuncia la trayectoria de lo que podemos llamar, a partir de la idea anterior, la fascinación pictórica de la mirada. La dimensión visual de la película, que retoma la obsesión sobre el acto de mirar de su anterior realización del director (Excentricidades de una joven rubia, 2009), es un viaje por el retrato renacentista (el cadáver de Angélica que parecer reposar en un sillón), el paisaje decimonónico (las colinas y praderas portuguesas), los estilos de vida (los excavadores del Duero), las geometrías de la abstracción (la panorámica del relieve portugués durante un sueño) y el ensueño surrealista con variaciones fílmicas directas de Marc Chagall y René Magritte (el vuelo nocturno de Isaac en los brazos de la muchacha difunta y la quietud de sombreros de la familia en luto).

Oliveira reflexiona sobre la naturaleza pasional de lo estético. La trágica obsesión amorosa se asume a sí misma como un gran adjetivo sobre el espíritu artístico. El tránsito de Isaac, el fotógrafo, hacia un mundo desconocido, donde realidad e irrealidad se entrecruzan, no es otra cosa sino la postura de Oliveira frente al arte. No en vano este decano del cine afirmó que había recuperado la fe en la cámara y su milagro: la mirada fílmica como la expresión del carácter sublime del romanticismo.

Según el perfil escrito por João Bénard Da Costa para The Oxford history of world wide cinema, alguna vez Oliveira declaró que el cine no existía dado que era una forma de capturar el teatro. Aunque películas como Amor de perdición (1978), Francisca (1981) y la sólida versión de Bovary, titulada El valle de Abraham (1993), expresan esta concepción, el estilo del portugués se aproxima más al documental poético. Aniki-bobo (1942) y Acto de primavera (1961) son dos momentos arquetípicos de un modo de hacer cine donde la quietud de los planos se vuelve un desfile de imágenes líricas. El extraño caso de Angélica conserva la disposición escénica (la secuencia funeraria o la disertación de los vecinos de Isaac), pero funda toda su semántica en la visualidad cinemática. La fantasía de Isaac está provista de movimiento. Hay un balance de planos fijos y móviles que es análogo al equilibrio de lo real y lo irreal. El movimiento de esta película es físico, pero también es intelectual. La elegía, antes que tragedia, es idea y transformación. El canto del poema no es de mero amor obsesivo, sino de cariño hacia el arte y a la vida que proporciona.

Entre las exploraciones teóricas del artista informático Lev Manovich (El lenguaje de los nuevos medios), hay una tesis que parte del supuesto de que los seres humanos han llegado a un punto en el que asumen las imágenes como otra realidad. Se vive en dos planos: uno factual y otro ficcional. Ambos existen y son capaces de condicionar la actividad humana. Con El extraño caso de Angélica, Oliveira sugiere esta dualidad. A partir de un vocabulario cinematográfico que parece anacrónico para la era de los recursos digitales, ensambla una finura estética donde la imagen, casi siempre pasiva, aspira a tener tanta vida como la que el realizador ve en las artes plásticas y en el mecanismo que hace funcionar eso que llamamos cine.


21.03.13



Rodrigo Martínez


Alumno siempre, cursa estudios de posgrado con el anhelo de concretar un aporte sobre los modos de hacer del pensamiento cinematográfico. Licenciado y maestro en comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la unam, ha colaborado en las revistas Punto de partida, El Universo del Búho, La revista....ver perfil
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